La semana pasada pasó algo que me dio mucha pena, mi Bichito se durmió antes de que yo llegara de la piscina y la diera su teta. Se quedó dormida sin su mamá, sin pasar antes por mis brazos. Aquello me dejó bastante triste, después de casi 16 meses, fue la primera vez que se acostó sin la teta de mamá y sin mi besito. Algún día tenía que pasar, pero yo creía que pasaría el día que diera a luz a mi Embri, no antes y no estaba preparada.
Esto me hizo pensar mucho sobre la lactancia. Desde siempre hemos tenido problemas, a veces más dolorosos y a veces menos. Mi Bichito no abre bien la boca, el labio superior lo mete hacia dentro, en vez de hacerlo hacia a fuera y no ha habido manera de cambiarlo. Además yo a penas tengo pezón y tengo mucho volumen de pecho, así que tengo que sujertármelo y pinzarlo para que pueda agarrar parte de la areola. Esto me lo enseñó una matrona cuando fui a su taller de lactancia, para entonces mi Bichito tenía más de 3 meses y era muy difícil cambiar su forma de mamar. Pero la matrona me ayudó mucho y pudimos seguir adelante sin tanto dolor, pero a veces dolía.
Cuando la salieron los dientes superiores empezó a clavármelos y a hacerme heridas. Su posición de los labios no es del todo correcta por lo que no salva bien los dientes. Pero aún así seguimos. Justo entonces me quedé embarazada y me dolía muchísimo darla de mamar. Los pezones en el embarazo, sobre todo los tres primeros meses, están muy sensibles y dan dolor con solo rozarlos, pues no os podéis imaginar qué momentos he pasado.
Fue entonces cuando empecé a plantearme ponerme una pezonera, me costó mucho decidirme, pero hace un par de semanas lo intenté. Ja!, a un recién nacido seguro que le engañas, ¿pero a mi Bichito? Agarró con furia la pezonera y la tiró al otro lado de la habitación. Lo intenté varias veces, pero su cabreo aumentaba, me gruñía y me atizaba con la mano en la pezonera, no hubo forma. Así que me resigné y pensé que dentro de poco se me pasaría el dolor o por lo menos no sería tan grande. A veces, cuando te hace mucho daño, la estrujarías, pero la pobre no tiene la culpa.
Poco a poco hemos seguido, con nuestros más y nuestros menos, pero una noche de hace diez días más o menos casi no mamó de la teta derecha y cuando salí de la habitación se lo dije a mi marido, me dijo "Sácate y mañana se lo doy". No salía ni una gota, nada. Me quedé alucinada e intenté sacar del pecho izquierdo, me salió exactamente el doble que del otro pecho, nada de nada. Fue un duro golpe para mi autoestima, de verdad, como os lo cuento. ¿Tanto dolor para esto? Mi marido me dijo que debía de dejar de darla ya el pecho, que me dolía mucho y que ya no sacaba nada. A las dos noches me pasó lo de la piscina, mi Bichito se durmió sin mi y la poca autoestima que me quedaba se fue con las lagrimillas que se me saltaron.
No se trataba de que mi Bichito se hubiera hecho mayor, se trataba de que no había necesitado a su mamá para dormir, algo que hacíamos las dos cada noche, sin faltar ni una, en los últimos 16 meses. Fue un duro golpe y me hizo preguntarme si debía dejar de darla el pecho. La observé los siguientes días y supe que no, pero realmente ¿le llega algo a su estomaguito? Yo creo que sí, pero son unas gotitas aunque yo note el pecho que me va a estallar. Si aprieto el pecho sólo sale una gotita, ni siquiera un pequeño chorro, pero espero que ella saque algo más cuando mama (o eso es lo que siempre me han dicho las matronas)
Aunque hemos tenido y tenemos una pequeña crisis de lactancia, no estoy dispuesta abandonar. ¿Y por qué? Pues porque sigo creyendo que mi Bichito no está preparada para que lo dejemos, porque cuando termina de merendar y la digo teta deja todo lo que esté haciendo para irse hacia la hamaca y esperar a que llegue, porque cuando mi marido la lleva para dármela antes de acostar, va tirándole besos de despedida desde el salón y le gruñe cuando le pone el saco porque yo espero en la hamaca sentada para no hacer fuerza al levantarla y así no tener pinchazos, porque es maravilloso ver sus ojitos abiertos de para en par mientras mama y con el gusto con lo que lo hace, porque es increíble poder seguir manteniendo ese vínculo que tenemos juntas y que ahora compartimos con Embri y que compartiremos cuando esté aquí con nosotras, porque la quiero y sé que aunque sólo saque una gotita serán defensas para ella, porque no quiero perder ese momento y estoy segura que ella tampoco.
Pienso que si ella no quisiera mamar o si ella no sacara nada, no querría mamar. Me aferro a esta idea cada día. Yo no la obligo, lo hace porque la gusta. Sé que ya queda menos para que me deje de doler por completo. Sé que dentro de poco estaré con los dos dándoles el pecho, no sé cómo hacerlo, pero sé que al final nos apañaremos. Además, cuando me subió la leche con mi Bichito tuve que utilizar el sacaleches en muchas tomas porque no me lo vaciaba. Ahora tendré el mejor sacaleches del mundo, mi Bichito, y no quiero perderlo. Además, si ahora que casi no sale se le dan los ojos la vuelta de placer, cuando salga va a disfrutar muchísimo.
Imagino que mi pérdida de leche se debe a varias cosas, entre las cuales está compaginar el trabajo y la lactancia por la cantidad de horas sin dar el pecho, aunque estoy segura que las hormonas que se desencadenan en el embarazo han hecho que mi producción haya bajado. Aún así estamos dispuestas a afrontar este nuevo reto, pero quisiera saber si alguien ha pasado por esta situación o alguna parecida por si puede ayudarme. Muchas gracias.