A las 5:00 de la mañana nos encaminaremos para aprovechar un fin de semana muy especial en el que nuestros hijos compartirán juegos y nosotros buena comida, bebida y charleta. Hace un mes vinieron a nuestra casa y me parece que hace un siglo que no les veo. Estoy deseando ponerme en camino y poder abrazar a mis amigos.
La semana ha ido bien, como siempre no hemos parado y he aprovechado a ver a algunas amigas. Ayer decidimos quedarnos en casa a poner lavadoras, doblar ropas, recoger la casa y hacer un estupendo gazpacho para acompañar los chuletones a la barbacoa del sábado. Mientras yo me encontrada enfrascada en la cocina, se me ocurrió asomar la cabeza por la puerta y ¡Ah, horror! Aquello más que un campo de batalla parecía que había pasado un huracán. Además de que habían sacado mis preciosos hijos todos los juguetes de las cuatro gavetas y de los cuatro cajones, habían dado la vuelta a una caja con cuadrados, me habían quitado, sin que yo me diera cuenta, la bolsa llena de ropa interior esperando a que la doblara. ¡¡¡Madre mía qué casa!!! Ya no supe si reír o llorar, si unirme a ellos y tirar por el suelo la ropa de la secadora que acaba de recoger, o pillarme el cabreo del siglo. Si es que entre tanto muñeco, ropas y cachivaches, casi ni los encuentro.
Increíblemente mi Bichito cuando me vio se puso a recoger y lo hizo sin rechistar, cantando y ayudándome en todo. Y me sentí especialmente orgullosa, aunque no me duró mucho porque en la cena, cuando estábamos con el postre y mi Pequeñín derramó el yogur, ella, por no ser menos y llamar toda mi atención, lo tiró en la mesa y en el suelo y me dijo que me necesitaba porque no podía recoger el recipiente. Perdí los nervios, me enfadé, la levanté la voz y me los llevé a los dos a la cama. La verdad es que no opuso resistencia, no se puso a llorar y se quedó allí, tumbada en la cama dando patadas a la pared mientras yo le daba el pecho a mi Pequeñín. Poco a poco fui calmándome y la pedí perdón por gritarla aunque la dije que no me parecía bien lo que había hecho y ella, con una sonrisa, me perdonó.
A veces nuestros hijos nos sacan de nuestras casillas y es cierto que el final del día es el momento más propicio, nosotros estamos cansado y ellos también. Entorno el mía culpa, no por haberme enfadado porque realmente me pareció mal su aptitud, sino por levantarla la voz y es que la adulta soy yo. Me siento mal por ello y, aunque la pedí perdón, hoy estoy un pco triste. Sin embargo, cuando ella me ha despertado de madrugada para que la llevara a hacer pis, me ha dado un abrazo enorme y ha apoyado su cabeza en mi hombro. Me maravilla la capacidad de perdonar que tiene y el amor que desprenden sus abrazos.
Aprovecho para recordaros los dos sorteos que todavía están en marcha por si no os habéis apuntado: Monsters With Love y Vaya Telita Diseño Exclusivo. Estoy segura que os van a encantar.
Disfrutar del fin de semana, nosotros lo haremos y a mí me vendrá muy bien unos cuantos kilómetros y la compañía de mis amigas para liberar tensiones.
¡Besitos a todos!












