Mostrando entradas con la etiqueta parto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta parto. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de marzo de 2013

El parto de mi Pizquita

Tuve episodios de contracciones los días previos, contracciones de esas que crees que terminarán animándose, pero nada. Sobre todo las del viernes por la tarde, a punto estuve de llamar a mi madre, pero justo cuando fui a hacerlo, empezaron a espaciarse y desaparecer.

El sábado me levante con tan buena cara como los demás días, cada día mi marido me decía, qué buena cara tienes, hoy tampoco das a luz y yo me miraba en el espejo y me decía, no, hoy tampoco. Encargué el pollo asado como cada semana y a las 14:00 empezamos a comerlo. Creo que mientras ponía la mesa me dio alguna contracción fuerte, que mi marido intentó quitar importancia para que mis hijos no se asustaran. Comí, el pollo me sabía riquísimo y aunque alguna vez tenía que levantarme de la mesa por el dolor, mi marido en todo momento se encargaba de hacer alguna gracia para que mis hijos no estuvieran preocupados por mí.

A las 15:00 los acostamos la siesta y le di el pecho a mi Pequeñín. En ese momento empezaron las contracciones más fuertes, de hecho darle el otro pecho fue algo muy complicado porque me dolía mucho, pero él se puso a llorar al ver que me planteaba no dárselo y le di un poquito. Las contracciones eran fuertes, pero aguantables, como las del día anterior. Le pedí a mi marido que me llenara la bañera con agua caliente y que no sabía si llamar ya a mi madre o qué, vacilé unos minutos y, de pronto, se rompió la bolsa y me mojé, como si me meara encima sin mearme, así que avisamos a mi madre mientras me metía en la bañera para aguantar mejor el dolor.

Las contracciones se espaciaron un poco, dolían bastante, pero con respiración, movimientos y el calor de agua, las aguantaba bastante bien. De pronto empecé a tener ganas de empujar, mi madre se estaba retrasando mucho y yo sabía que a mi Pizquita la quedaba muy poco para salir. Mi marido la llamó y como estaba aparcando salí de la bañera y me vestí, mientras ella subía. Entonces las contracciones empezaron a doler mucho más, mientras me ayudaban a vestirme, mi marido me daba masajes en los riñones para sobrellevar el dolor. Pasé por la habitación de mis hijos para darles un beso en el culo y despedirme. Salíamos por la puerta a las 16:00 y yo sentía a la niña presionando y abriéndose camino para salir. Como el hospital está bastante cerca, intentamos llegar.

Desde mi casa hay dos formas de ir al hospital, por el pueblo y por la autopista. Por el pueblo vamos los días que hay tráfico, porque la autopista está colapsada, pero a mi marido se le ocurrió la brillante idea de ir por el pueblo un sábado a las 16 de la tarde. Y yo, que siempre, siempre, siempre le discuto por dónde tiene que ir, esta vez le dije que fuera por donde él quisiera, que él conducía. Tropecientas rotondas después y con contracciones de expulsivo, me di cuenta que nos habíamos equivocado. Menos mal que mi marido soltaba alguna gracia mientras yo me veía pariendo en el coche.

Paró el coche en la puerta de urgencias mientras yo contraía los músculos para que mi hija no saliera. Se nos había olvidado la tarjeta, pero la chica de admisión empezó a relatar mis datos mientras yo le decía, una silla, estoy en tensión para que no salga. No podía ni sentarme, sólo sujetarme con los brazos y el cuerpo en tensión porque si me relajaba mi hija nacería en ese mismo momento. Me fueron a pasar por historia pero le dije que corrieran que salía y dos celadores junto a mi marido me llevaron rápidamente por los pasillos a ginecología. Por protocolo mi marido no entró porque iban a reconocerme, la matrona que me vio entrar era aquella chica tan dulce que en dos de las tres ocasiones de contracciones me había atendido con tanto cariño. Cuando les dije que ya nacía, me llevaron al paritorio. Me quité las zapatillas, me bajé los pantaloness y me apoyé atravesada en la cama, con el culo apoyado sobre mis puños y entonces, al relajarme al fin, nació mi hija, mientras yo subía las piernas. Escuché no empujes, trae una circular muy apretada, respiré, empujé y dos segundos después tenía a mi hija mitad en mi barriga mitad en mi camiseta. Avisaron a mi marido, que no pudo ver cómo nacía su hija a las 16:20, 1 par de minutos después de entrar por la puerta del hospital. Pequeñita, con una vuelta de cordón bastante apretada en el cullo y en el brazo, algo morada, pero absolutamente preciosa. Las auxiliares me ayudaron a desnudarme del todo y poder tener a mi hija piel con piel.

Avisaron a mi marido que tenía que quitar el coche y entonces la enfermera me dijo que le diera a la niña para que se la llevara a la cuna y reconocerla. La dije que no, que no se la llevaba, que la niña estaba perfectamente y que no la separaba de mí, que si quería reconocerla podía hacerlo encima mía. Me dijo que no lloraba y que quería que llorara, que no tenía buen color. La matrona intervino la dijo que estaba recuperándolo porque venía con una circular muy apretada, que la niña respiraba perfectamente y que la dejara conmigo. Discutimos y yo la dije que no, que a lo sumo la dejaba que la cogiera mientras yo me colocaba correctamente sobre la cama, dado que estaba atravesada en la cama con medio cuerpo fuera y con la cabeza colgando. La cogió, mi hija lloró y me la devolvió. Quiso cortar el cordón de forma prematura cuando por el cordón recibe oxígeno además de por sus estrenados pulmones. Ya tumbadas las dos, el color de mi Pizquita era mucho más natural y ya entonces cortó el cordón que nos ha unido todos estos meses. Me habría encantado que lo hubiera hecho mi marido, como con sus otros dos hijos, pero las circunstancias no permitieron que así fuera. Como él dice, 2 de 3 es una buena media.

He de reconocer que estaba muy cansada, agotada físicamente, pero absolutamente enamorada de mi Pizquita, mi pequeña. Tan bonita, con esos ojitos que me miraban sin verme, con ese perfume tan increíble. Es absolutamente perfecta.

Yo me libré de la vía, de los monitores y de todo, sólo intervinieron para cogerla y punzar el cordón, cuando parí. La matrona vino a verme porque me recordaba de aquellas dos veces que me atendió, me dijo que había estado mirando mi informe y que jamás hubiera imaginado que habría llegado a la 39 con aquellas dinámicas que tenía. Me explicó que la peque salió con la bolsa y que lo que yo creí como una rotura de bolsa, fue una fisura superior. Si la bolsa se hubiera roto, la niña habría nacido en casa. También me comentó que si no llega a venir con la circular y la vuelta en el brazo, tampoco hubiéramos llegado al hospital. Fue un cúmulo de casualidades que me permitieron ser asistida con un parto totalmente natural en el hospital.

Yo me planteé el hecho de un parto en casa, pero mi marido prefería que diera a luz en el hospital y en mi hospital siempre me han respetado. Yo creo que si me hubiera quedado en casa mi hija habría nacido cinco o diez minutos antes. Tuve un parto natural maravilloso, un parto esprés, sin un sólo punto y excepto por la rapidez, muy tranquilo. Lo único que lo siento es por mi marido, que no pudo disfrutarlo como con los otros dos, pero que se alegra enormemente porque su hija está perfecta y yo me encuentro muy bien.

Pizquita se agarró al pecho en el paritorio y desde entonces apenas lo suelta. Tanto es así que el lunes nos dieron el alta habiendo cogido 30 gramos. Teníamos a las enfermeras anonadadas, porque no sólo no perdió sino que cogió peso. La primera noche fue un poco difícil, pero a partir de las 4 de la mañana y pegadita siempre a mí, descansamos un par de horas. La segunda noche fue mucho mejor y siempre y cuando esté pegada a mí, en mi pecho, ella es la niña más feliz del mundo entero.

Tenemos un montón de anécdotas que contarles a nuestros hijos, por ejemplo, que la hora de ingreso de mamá es 14 minutos después de que mi Pizquita naciera. Momentos maravillosos que hemos vivido y que hemos disfrutado al máximo juntos.

Ya somos 5, familia numerosa, y por fin hemos Construido nuestra gran Familia. Gracias por todo vuestro cariño y por compartirlo con nosotros.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Falta de empatía

Últimamente tanto hablar de mi reposo que no os cuento algunas cosas que me impactan en el poco tiempo en el que interactúo con otras personas cara a cara. Estar en casa en reposo me ha quitado, entre otras cosas, la comunicación verbal tangible, pudiendo tocar a la otra persona, ver sus gestos, lo que su cuerpo dice que su boca no.

A mí la expresión corporal me dice mucho de las personas. Soy una gran observadora y me gustan las personas que gesticulan y que muestran cariño con sus actos. Y echo de menos este tipo de conversación, aunque a veces es mejor no hablar con ciertas personas...

Yo he tenido muy buenos partos, he tenido la suerte de encontrar en todo momento personas que me han apoyado, han compartido conmigo con una sonrisa los momentos más importantes en la vida de mi marido y la mía y eso, para la tranquilidad de una, es vital. Siempre he hablado bien de los profesionales que me han atendido en el Hospital Infanta Leonor... hasta hoy.

El lunes que estuve en el hospital, mientras monitorizaban mis contracciones, compartí camilla y monitores con una niña. Tenía 16 años, cumplidos el pasado 23 de noviembre y acababa de romper la bolsa. Estaba empapada, asustada y sin saber muy bien qué era lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. De hecho incluso me preguntó si se le podía caer el niño. La faltaba información, pero la presencia de su madre la ayudaba a sentirse relajada. Estaba muerta de miedo y no era para menos, recuerdo en mi primer parto que yo también tuve miedo a lo desconocido, al dolor, a que todo saliera bien y yo ya tenía 30 años. Crucé unas pocas palabras con ella y con su madre, pero suficientes para que encomendara la adolescente a Dios mi Pizquita, lo cual me resultó tremendamente entrañable.

Mientras una jovencísima matrona, muy cariñosa, le ponía el monitor y la decía que no se preocupara que ahora pasaba su madre, apareció un matrón bastante más mayor que increpó a la joven porque allí no podía estar su madre:
Matrón (refieriéndose a mí): Fíjate si esta mujer pide que esté su marido, no podemos dejar que pasen todos los acompañantes y esta mujer tiene el mismo derecho que tú a que alguien la acompañe.
Suu (desde la camilla más alejada): Yo también quiero que pase su madre.
Matrón: Además, no debería pasar tu madre, sino tu pareja. Aquí sólo pueden pasar las parejas de las embarazadas.
Suu (y las mujeres que por las circunstancias que sean no tienen esa pareja??? Y el derecho a estar acompañada por la persona que te salga de las narices???): Yo también quiero que pase su madre.
Adolescente: Es que mi madre me da más seguridad que mi pareja porque mi pareja también es muy joven, sólo tiene 16 años
Suu (lógica aplastante. Chúpate esa matrón, con menos estudios y menos edad que tú y te da cien mil vueltas): Pero es menor, ¿no debería estar acompañada por un adulto?
Adolescente (refiriéndose a la matrona joven): Pero esta chica me ha dicho que puede pasar mi madre.
Matrón: Pero es que yo soy el jefe de esta señorita y se hace lo que yo digo.
Suu (tócate las narices, ahora tiramos de condecoraciones, le faltó decir ¡Aquí mando yo!): Pero siendo menor, ¿no debería estar acompañada de un adulto? Y quien mejor que su madre si ella se siente más segura.

Podéis daros cuenta que a mí no me hicieron ni puto caso, vamos que me ignoraron totalmente. Pero pienso yo, no será mejor tener una adolescente calmada, que colabore, que una muerta de miedo, nerviosa y asustada. Yo intenté que se tranquilizara y hablé con la matrona. Parece ser que lo que para mí es una menor, para ellos no y que se estaban "saltando las normas" permitiendo que la madre la acompañara. Pero si sólo es una niña, que no ha tomado precauciones cuando debería, pero una niña.

Me dejó impactada la falta de empatía del matrón, la agresividad de sus movimientos al hablar con la adolescente, la prepotencia de sus palabras y pensé, ojalá, ojalá, ojalá yo no tengas que vérmelas con él.

Me dio pena que me dieran el alta sin poder ayudarla de alguna otra manera, apoyándola como hubiera podido y no dejándola sola en ningún momento. Aunque pedí que entrara su madre y que dejaran que ella tuviera acompañamiento, no podía dejar de pensar que esa chica podía ser mi hija. La matrona me aseguró que harían una excepción como habían hecho hasta ahora y que llamarían a su madre, pero yo recordaba la falta de empatía, la soberbia y la arrogancia de su jefe y me fui de allí deseando que lo que me dijera fuera cierto.

Ojalá que al final la permitieran estar acompañada con su madre y todo saliera bien.

Como diría una amiga mía, este matrón entra dentro de la clasificación de los matrosaurios. Qué pena que existan profesionales de esta índole. ¿Os habéis topado con alguno de ellos?

viernes, 8 de abril de 2011

Cuando llegó mi Pequeñín

Eran las 14:00, me habían puesto la epidural a las 13:00 y entonces empezó a asomar la bolsa y pude tocarla. La auxiliar cogió una bandeja y la colocó de tal manera que yo pudiera verlo. Mi Bichito rompió la bolsa, por lo que cuando salía la cabeza, salía sin bolsa. Sin embargo, esta vez era la bolsa la que asomaba, no la cabeza. Me impactó ver cómo iba saliendo poco a poco y el color blanquecino que tenía. Jamás había visto una bolsa. Me dio la risa y la bolsa se salía cada vez que me reía. La matrona se apartaba por si la rompía de golpe y la empapaba. Por lo visto hacía poco que la habían "bautizado". Cada vez que me reía la bolsa salía más y más y se tensaba.

Las matronas salieron y nos quedamos mi marido y yo, dado que lo que asomaba era la bolsa y no la cabeza. Noté un vuelco en la tripa y un golpe y pensé que se había roto la bolsa. Avisó a las matronas y se asomaron, sin embargo, la bolsa no estaba rota, a simple vista, claro, porque un par de minutos después la auxiliar le dijo que caía líquido. Mi Pequeñín había roto la bolsa por arriba e iba cayendo líquido poco a poco. Así que la bolsa se iba desinflando.

La matrona se empezó a poner los guantes, la bata y a preparar el instrumental, el parto era inminente. Como yo estaba muy cómoda de lado, me dijo si quería quedarme así o cambiábamos la postura. Realmente estaba cómoda, así que la dije que lo único que me levantaran la pernera para apoyar la pierna. Iba a dar a luz de lado, como di a luz con mi Bichito, pero apoyada sobre la pierna contraria.

La auxiliar colocó la bandeja para que viera cómo se había desinflado la bolsa y a mi me dio la risa. Empecé a reírme y no podía parar. Ya asomaba la cabeza de mi Pequeñín. Como yo no paraba de reírme, las matronas empezaron también a reírse, la auxiliar y mi marido. Entraron una enfermera y otra en prácticas y alucinaron cuando nos vieron riéndonos. Yo no paraba de reírme y les contagiaba y como ellos se reían, yo me reía aún más. La enfermera en prácticas preguntó si esto era siempre así y las matronas le dijeron que no, que nunca habían tenido una parturienta tan risueña.

Yo seguía riéndome y todos conmigo. Como cuando te ríes empujas, mi Pequeñín fue saliendo lentamente mientras su mamá, su papá y las que asistían el parto, se reían. No tuve que empujar, ni hacer fuerza, ni nada. Sólo reírme de felicidad, de lo contenta que estaba. Sentí cómo salía mi hijo, fue suavemente y pude verlo a través de la bandeja. Fue maravilloso. Me dolió, pero me encantó poder verlo y sentirlo. Terminé de sacarlo y la abracé, lo puse en mi pecho y le di muchos besos: "Ya estás aquí con mamá, mi Pequeñín".

Olía tan bien, tan arrugadito, tan sucio, tan, tan. Era maravilloso sentir su calor encima mía. Era precioso y se parecía mucho a su hermana. Tenía una carita muy dulce y su cuerpo era perfecto. Sus ojitos se abrían y se cerraban y se puso a llorar. Encima mía le limpiaron, no podía parar de mirarlo, era perfecto. Sentí una felicidad enorme dentro de mi, pero eché de menos a mi Bichito. Eran tan distintos y a la vez tan parecidos. Qué maravillosa es la vida y la nueva vida todavía más.

La matrona dijo: "Nada, ni un punto, perfecto". Ni episotomía, ni desgarro. Y el papi se dispuso a cortar el cordón umbilical, que nos había unido a los dos durante casi nueve meses. Para mi es importante que lo corte él, es algo muy simbólico, porque el cordón nos ha unido a los dos y es su papá el que lo corta, que le separa de mi, pero le une a él. Nuestra familia se hizo más grande y se llenó más si cabía de amor. A partir de ahora vamos a ser cuatro, cuatro para todo, para lo bueno y para lo malo, para las risas y para los lloros, pero sobre todo para amarlos y querernos. Yo quería haber donado sangre del cordón, pero como era viernes, no lo recogían. Por norma general, en este hospital el cordón se corta cuando ha dejado de latir, pero no lo comenté, aunque espero que fuera así.

Nos dejaron solos para que se estableciera la lactancia. Me dijeron que lo pusiera en el pecho, pero la cama no estaba en posición correcta y yo me puse un poco nerviosa. Quizá era porque intentaba que agarrara como su hermana, que cualquier posición es buena con la teta en la boca, o quizá fuera por otra razón, no lo sé, al final, de lado, se enganchó perfectamente. Pero tardó, no se puso a buscar cuando estaba en mi pecho y se demoró un poco la lactancia. Cuando vinieron las matronas me dijeron que el útero no se contraía y que estaba perdiendo un poco de sangre, así que me tuvieron que poner oxitocina, para que se contrajera el útero. Normalmente si el bebé se engancha al pecho, el cuerpo genera esa oxitocina y el útero se contrae poco a poco, pero en mi caso no fue así.

La verdad es que hubo un momento en el que no me encontraba demasiado bien, como un poquito mareada, pero no se me ocurrió que estuviera perdiendo sangre. Una vez que me pusieron la oxitocina, empecé a encontrarme mejor.

Mi Pequeñín mamaba perfectamente y me resultó raro mirar y no ver a mi Bichito. Cómo la eché de menos. El amor me invadía, le miraba y me sentía muy feliz. La naturaleza es increíble, después de compartir casi 9 meses por fin le tenía a mi lado. Es difícil explicar las sensaciones y las cosas que te vienen a la cabeza. Pero entre ellas sentí paz, todo había salido como esperaba y deseaba y mi Pequeñín estaba con nosotros y se encontraba perfectamente.

Vinieron las matronas y le cogieron para ponerle la pomada. Le vi de lejos y me pareció increíble que ya estuviera a mi lado. Pensé en estos últimos días, había sido duro pasar tantos días de contracciones y dilatar tan despacio, pero el parto había sido estupendo, mi Pequeñín estaba perfectamente, mi marido había podido acompañarme en todo momento y juntos habíamos disfrutado del parto y yo me encontraba muy bien, qué más se podía pedir.

Estuvieron a punto de sondarme por peligro a que me estallara el útero. Estaba tardando en contraerse y entre el suero que me pusieron con la epidural y la oxitocina, la vejiga estaba muy llena. Me pusieron la cuña (porque no me dejaron levantarme) y como yo ya no tenía epidural, pude hacer pis. Me libré de la sonda por los pelos y porque una de la matrona decidió darme un voto de confianza e intentar que lo hiciera yo por mi misma.

Hablé con mi madre, la pobre llevaba días muy nerviosa por mis contracciones y mi dolor y estaba afuera esperando en la sala de espera. No podía pasar y encima vinieron a decirnos que no había habitación, que en cuanto quedara una libre, me subían. Así que allí nos quedamos los tres, esperando en el paritorio.

Pero no todo quedó ahí, sino que siguieron sucediendo cosas que la semana que viene os contaré...

Hoy mi Pequeñín hace dos semanas. Feliz dos semanas Pequeñín!!

Buen fin de semana a todos, parece que la tónica de calor de esta semana va a seguir unos días, así que, disfrutarla!!!


P.D.: Hoy he publicado otro post en la sección de Embarazo y Nutrición sobre las Bondades de la Fibra para Prevenir la Preeclamsia y la Diabetes Gestacional. A mi me ha parecido muy interesante y os animo a leerlo y que me deis vuestra opinión. También podéis acceder a esta sección por el icono que aparece en la columna de la derecha, debajo de "Así soy yo".

jueves, 7 de abril de 2011

Mi Pequeñín estaba en camino

Salí del baño y paseé por la habitación y fue entonces cuando me di cuenta lo cansada que estaba. Así se lo dije a las matronas, estaba muy cansada, eran demasiados días y ya no podía aguantar más.

Las pedí que me miraban de cuánto estaba, para saber si iba a poder aguantar. Eran las 12:25 y fui yo la que pedí que me hicieran un tacto para saber cuánto había dilatado en hora y media. Estaba de 8 y la matrona esperó a que me diera una contracción para ver si con la contracción tenía dilatación completa, pero no era así, por lo que faltaba todavía un poco.

Así que pedí la epidural. Aquello iba demasiado lento, fácil de llevar porque podía descansar entre contracción y contracción, pero yo estaba demasiado cansada y me apetecía tumbarme. La anestesista estaba ocupada, por lo que si se demoraba demasiado seguramente daba a luz antes de que ella llegara. Yo lo había decidido así y estas cosas pasan, así que respiré hondo y seguí aguantando las contracciones. Como estaba cansada y ya me había subido a la cama, me tumbé y descansé un poco. Me di cuenta que estaba boca arriba y rápidamente me puse de lado para dejar libre el coxis y que mi Pequeñín fuera bajando lentamente, pero sin ningún impedimento.

Me trajeron el arco que va en la cama para agarrarme y hacer fuerza cuando me llegaba una contracción, de esa manera podía estirarme y aguantar mejor y, entre contracción y contracción, tumbarme en la cama. No llegaron a poner el arco, llegó la anestesista mucho antes de lo que nadie la esperaba.

Mientras esparcía su instrumental, las matronas la iban diciendo que estaba de 5-6 centímetros (mentirosas!!!), que no se pasara porque yo quería sentir y que estaba aguantando muy bien. La anestesista dijo que cómo habíamos esperado tanto y yo por dentro pensando, si tú supieras que ya debo de tener dilatación completa...

Me coloqué sentada en la cama, con el culo en un borde y las manos en el otro y saqué los riñones sin corvarme. Se dispuso a pincharme cuando me vino una contracción y respiré, la matrona respiraba conmigo. Me decía: "Tranquila, lo estás haciendo muy bien" y le decía a la anestesista: "No te preocupes, tiene un auto control increíble". Siguió poniéndome cosas y me avisó que no podía moverme y que si me venía una contracción la avisara, pero que no se me ocurriera moverme. Con el catéter dentro me vino otra y tuve que decirla que parara. Aún así no me moví ni un ápice, la matrona estaba a mi lado, respirando conmigo y dándome ánimos: "Muy bien, muy bien". Cuando pasó, la anestesista terminó y me dejó puesto el catéter y a él una maquinita que iba pasando la medicación. Me quedé tumbada de lado, aún sentí la contracción como las anteriores, todavía no me había puesto toda la medicación. No recuerdo cómo me llamaba, creo que era Beatriz, pero ninguna de las veces que lo hizo fue por mi nombre, a mi me hacía mucha gracia. Las matronas insistieron en que yo quería sentir y que no me pusiera mucho, me introdujo un poco más de medicación y se fue.

Entonces empecé a sentir cada vez un poquito menos y noté hormigueo en las piernas, esa sensación no me gustaba nada de nada. Las matronas se fueron y yo me quedé allí, moviendo la pierna superior y un poco molesta porque no sentía las contracciones. Cuando vino una de las matronas, se lo dije y me dijeron que apenas tenía contracciones, se había parado un poco, pero que iría poco a poco teniendo más. La dije que me quitara la epidural, que no me dejaba sentir. Ella me dijo que yo movía las piernas perfectamente (dado que no paraba de subir y bajar mi pierna izquierda y la doblaba y la estiraba) y que además me había dejado que pasara muy poquita cantidad, si lo mínimo es 10 a mi me habían dejado 7. Se fue y al ratito vino la otra matrona y le pedí que me la quitara, no sé si era obsesión o qué, pero yo quería que me quitaran la epidural y así hizo. Acto seguido noté una contracción, se lo dije y se rió porque no había dado tiempo a que dejara de hacerme efecto, pero yo lo prefería así.

En ningún momento de todo el parto mi Pequeñín se durmió. De hecho hacía fuerza y se empujaba con las piernas. Sus pulsaciones ni se aceleraron ni disminuyeron, iba todo perfectamente.

La matrona se sentó en mi cama y nos pusimos a hablar. Fuera había mucha juerga y es que había venido una de las matronas con sus mellizos, niño y niña, a que sus compañeros de trabajo los conocieran. Cuando se abrió la puerta los vi. Tenían seis meses y estaban para comérselos. Entonces la matrona me dijo que la mamá se había empeñado en darles lactancia materna a los dos y yo le dije que eso era genial y la comenté que yo daba a mi Bichito de 20 meses. Se quedó alucinada y estuvo preguntándome alguna cosa, así que yo me lié a hablar. No conocía a nadie que lo hubiera practicado, por lo que la conversación le interesaba mucho. No se movió de mi lado durante un buen rato y vino la otra matrona buscándola y también se quedó.

Comentamos muchas cosas, si tenían hijos, la edad de ellos y también hablamos sobre la epidural. Yo quería haber aguantado, pero no pude y llegamos a la conclusión que a partir de los 8 centímetros es el momento en el que el dolor pasa a ser inaguantable y si tienes algo a mano con lo que calmarlo, ya sea la epidural o cualquier otra cosa, te agarras a ello como un clavo ardiendo. La pregunté si esto cambiaba mi forma de parir y me dijo que adecuarían la cama para que pariera sentada.

Con nosotros también había una auxiliar durante todo el parto, muy maja, que salía a las 15:00 y que quería ver nacer a mi Pequeñín. Eran las 14:00, me habían puesto la epidural a las 13:00 y entonces empezó a asomar la bolsa...


Lo siento, pero si sigo me queda un post larguíííííííííííííííísimo y claro, lo mejor para el último. Así que os tengo que dejar aquí, intentaré seguir mañana!!! Besitos y a pasar un buen día!!!

miércoles, 6 de abril de 2011

Por fin estaba de parto

Una silla de ruedas rota me llevaba despacio por los pasillos del hospital. El celador abrió una puerta y enfiló la sala de espera de los paritorios, entonces me dio otra contracción. Me estiré todo lo que pude en la silla mientras la gente allí sentada me miraba con cara de pena.

Debieron de decir que era una urgencia, porque enseguida me pasaron. La matrona que me atendió me resultó familiar, aún así lo único que quería era que me dijera si había hecho algo. Subida en el potro recé porque estuviera de parto, tenía demasiados dolores y no podía imaginar seguir así muchas más horas e incluso días. La ginecóloga, mientras me miraba, me dijo: "Muy bien, estas de 6, así es como hay que venir al hospital". Un par de lagrimillas rodaron por mi cara. Por fin iba a tener a mi Pequeñín. Eran las 11 de la mañana y yo no podía parar de sonreír, estaba muy contenta.

Entonces me di cuenta de quien era esa matrona, ella me asistió en el parto de mi Bichito. Me hizo mucha ilusión y pensé que sería ella la que me llevaría también esta vez, pero me dijo que ese día se quedaba con las urgencias, pero que estaba en muy buenas manos y se pasaría a verme. Así que me puse el camisón y las zapatillas y con una sonrisa de oreja a oreja me fui andando a los paritorios, no sin antes saludar a todas las matronas que estaban en el mostrador dado que alguna me conocía del día anterior. Y luego dicen que estando de parto se te borra la sonrisa, por lo menos, si no había una contracción, a mi no.

Hicieron pasar a mi marido al paritorio 1, mientras las dos matronas que me iban a asistir se presentaban. No había más partos, por lo que tenía todo a mi disposición. Me preguntó si quería epidural y la dije que iba a intentar no ponérmela y pregunté por otros métodos para aliviar el dolor. Me pusieron el monitor sin cables, para que pudiera moverme libremente por la habitación, dado que yo prefería pasear.

Me trajeron una pelota de pilates, para que me sentara y fuera haciendo movimientos circulares para ayudar a que mi Pequeñín fuera encanjándose a través del canal del parto. Y también me trajeron una silla con un fular (como la de la imagen), una silla que tiene colgando un fular en el que te puedes agarrar o te puedes colgar, este aparato pesa muchísimo y ocupa un montón de espacio. También le pusieron una pelota y mientras mi marido estaba sentado en el asiento, yo estaba en la pelota y colgada del fular. De esta manera podía descansar. Las contracciones estaban bastante espaciadas, por lo que pude ir descansando entre una y otra. Mi marido me daba masajes en los riñones cuando me daba una contracción y me dio hasta el MP3 para que me relajara y cantara con Macaco.

Las matronas pasaban de vez en cuando a ver cómo estaba y a colocarme el monitor sin cables, porque se perdía la señal de mi Pequeñín. No hizo falta que entregara el plan de parto, ellas me iban preguntando, me ayudaban, venían a verme y nunca decidieron por mi. De hecho me preguntaron cómo quería parir y yo le dije que de pie. Después de un rato volvieron y me dijo que ninguna de las matronas que estaban allí tenía experiencia en ese tipo de partos y que si no me importaba parir sentada en la silla del fular o colocaban la cama de partos en esa posición. La dije que perfecto, que iríamos viéndolo.

Todo iba sobre ruedas. Mi marido y yo hablábamos entre contracción y contracción, reíamos y hasta hacíamos alguna gracia. Nada que ver con el parto de mi Bichito en el que estaba nerviosa, esta vez estaba segura de lo que hacía y sabía perfectamente cómo me encontraba y cómo iba a acabar todo aquello. Estaba segura de mi misma, tranquila, sosegada y todo estaba yendo tal y como yo quería. Además esta vez mi marido estaba a mi lado, le quería conmigo y que participara y me ayudara. La otra vez el pobre también estaba muy asustado y debe de ser difícil ver sufrir a tu pareja y no poder hacer nada. Pero creo que el verme tan tranquila y segura ayudó a que él también lo estuviera y pudiéramos ambos disfrutar de aquel momento.

Eso sí, no pudo evitar decirme que era masoca, que cómo se me ocurría no ponerme la epidural. Yo estoy segura que me recuperé genial del parto de mi Bichito porque me pusieron muy poquita epidural y fue cuando estaba en dilatación completa. Yo creía que este parto, al ser el segundo, iría más rápido, así que esperaba poder aguantar, aunque estaba yendo muchísimo más despacio de lo que cabía esperar.

Las contracciones subían en intensidad, pero seguían dejándome descansar. Costaba mucho aguantar el dolor. Me levanté al baño y entonces me dio una contracción que me recordó al parto de mi Bichito dado que estaba sentada en la taza del váter. Hasta ese momento podía aguantar el dolor, pero esa contracción me dejó baldada. Había pasado casi una hora, estaba muy cansada de tantos días de contracciones. Mi marido me dijo: "Otra vez ahí?? Saldrás??". El comentario me hizo gracia, pero esta vez no estaba tan a gusto como en el parto de mi Bichito.

Salí del baño y paseé por la habitación y fue entonces cuando...

Casi que os lo cuento mañana, que si no se me hace un post muy muy largo. Pasar un buen día y disfrutar de la buena temperatura que está haciendo estos días.

lunes, 4 de abril de 2011

Días antes de dar a luz

Después de aquel domingo 20 de marzo, en el que no estaba segura de si estaba de parto o no, vino una semana bastante rara y pesada.

El lunes seguí con contracciones, dolorosas, pero irregulares. El martes igual y el miércoles fui a la ginecóloga a la última revisión. Sin embargo, la tensión estaba alta, por lo que me dijo que la controlara en casa y que si subía más de 140/90 fuera para el hospital. Y así pasó y fue nuestra primera visita al hospital. La tensión estaba en el límite, así que me mandaron a casa y me dijeron que la controlara. Lo que sí vieron es que tenía muchísimas contracciones, de intensidad de parto, por lo que no tardaría en volver al hospital.

Y no tarde, al día siguiente, menos de 24 horas después estaba otra vez allí. Esta vez iba conduciendo camino de mi antigua casa, en la que mi madre ha decidido mudarse de nuevo y así estar más cerca del trabajo. Las contracciones empezaron cuando salí de mi casa, pero como cada día era igual, no pensé que fueran a ir mucho más allá. Sin embargo, empezaron a ser fuertes y muy dolorosas y se me entrecortaba hasta la respiración. Estaba conduciendo y me quedaban 5-10 minutos para llegar a mi destino. Llamé a mi marido y estuvimos hablando hasta que llegué a la casa, no quería quedarme sola y prefería ir hablando. Las contracciones eran cada 5 minutos. Mi madre me llevó a mi casa para que me diera una ducha y llegara mi marido y nos fuimos al hospital.

Me monitorizaron y tenía contracciones cada 3 minutos. Tenía dinámica de parto, pero cuando me hicieron el tacto sólo estaba de 2 centímetros. Me dijo que me diera una vuelta, que era cuestión de horas, pero que no sabían de cuantas. Así que estuvimos paseando por la sala de espera, con contracciones cada 3 minutos. Cuando me vio el ginecólogo me dijo que me mandaba para casa, que en cualquier momento me pondría de parto, pero esto eran todavía pródromos. Unas veces más dolorosos que otras, pero que lo mismo nos veíamos en un par de horas. Bueno, lo mismo no, porque no había camas y si se llenaban los paritorios pues tendrían que mandarme con una ambulancia al Gregorio Marañón, pero que si paría allí esa noche no saldría del paritorio hasta por la mañana y sólo podría acceder al paritorio mi marido.

Así que yo decidía, había elegido un mal día para parir (palabras textuales del ginecólogo) y si esa noche me ponía de parto tenía que pensar a qué hospital dirigirme. ¿Pero cómo sabría si estaba de parto? Tenía contracciones cada 3 minutos de fuerte intensidad, signo inequívoco de que vas a parir. En mi caso, ¿cuándo? Me dijo que lo sabría.

Volví a casa muy cansada y derrotada, las contracciones no cesaban, así que me metí en la bañera para relajarme. Paseé con mi marido, subí los 8 pisos hasta mi casa y aquello seguía igual, cada vez un poco más dolorosas. Al final de la noche se relajaron a cada 10 minutos y me permitieron dormir desde media noche hasta las 4:30. Las última noches me había despertado a esa misma hora, las 4:30, pero estaba muy cansada. El día anterior había sido muy duro y no parecía que aquello fuera a mejorar.

A las 5 empezaron las contracciones, mucho más fuertes que el día anterior, pero cada 10 minutos. Después de casi una hora en la cama, me levanté y anduve por la habitación. Una hora después eran cada 7 minutos. Otras dos horas después eran cada 5 minutos. Muy dolorosas, por lo que me metí en la ducha. Mi marido sentado en la taza del váter mientras hablábamos y yo en la ducha esperando a que llegara una contracción y cuando venía encendía la ducha y parece que el dolor, aunque muy intenso, era aguantable. Yo me resistía a ir al hospital, no quería que me volvieran a mandar a casa, debía de estar muy muy segura o si no el bajón podía ser considerable. Mi marido cronometraba las contracciones y empezaron a ser cada 3 minutos. Ambos estábamos muy tranquilos y aquello había ido muy despacio, estaba segura de que no se iba a acelerar de repente.

Aumentaron la intensidad, así que decidimos que era el momento de ir al hospital. Cuando llegamos no había aparcamiento y yo ni corta ni perezosa le dije a mi marido que aparcara abajo, que subía andando. Según salí del coche me dio una contracción que me dejó doblada. Le dije que me llevara a urgencias y que él se fuera directamente a ginecología.

Cuando llegué esperé mi turno, di mis datos y giré dirección la sala de espera. Entonces vi que había unas 30 personas allí dentro, ni un asiento libre, la gente de pie, pensé que pararía allí si me hacían esperar. Entonces me dio una contracción, me doblé, respiré como pude y entonces la gente intentó agarrarme. Qué agobio, por favor. Intentaban ayudarme, pero no podían. La personas de allí gritaban "Esta chica está de parto" y yo allí intentando aguantar el dolor y que la gente dejara de atosigarme. Por suerte vino un celador con una silla y me pasaron a triaje. Rápidamente me llevaban dirección ginecología, de donde esperaba no salir sola.

Pero eso ya os lo cuento otro día, que si no se queda el post muy largo. Os deseo una gran semana a todos y que disfrutéis mucho!!!

jueves, 24 de marzo de 2011

Nos vamos al hospital

Pues eso, que estoy casi segura que dentro de unas horitas tendré a mi peque en brazos.

Estoy muy feliz y muy contenta.


Desearme suerte y besos a todos!!!

domingo, 20 de marzo de 2011

¿Estaré ya de parto?

Ayer me quedé dormida viendo el fútbol en el segundo tiempo, no me encontraba bien, me molestaba el estómago o la barriga. Y así más o menos he pasado la noche, con molestias en la tripa.

A las 4:30 de la mañana me he despertado para ir al baño y porque no me encontraba muy allá. Y llevaba en la cama casi dos horas y media, con contracciones esporádicas y cortas, cuando he decidido levantarme, venir a buscar a mi marido al salón y mandarle a mi cama. El tiempo pasa muy despacio tumbada y sin poder dormir. Así que aquí estoy, sentada en el sofá, leyendo blogs y con contracciones cada 10 minutos más o menos. Pero por lo menos aquí no estoy aburrida.

Me vienen muchas cosas a la cabeza, sobre todo si es que ha llegado el momento. La verdad es que cuando ayer me acostaba sin encontrarme bien pensé que hoy me pondría de parto. Llevo toda la semana perfecta, cansada porque mi Bichito estaba malita, pero bien. ¿Cómo puede ponerse una de parto encontrándose tan bien? Me parece algo tan complicado que de golpe y porrazo, encontrándote perfectamente, te pongas de parto. Así que yo esperaba algo como lo que me ha pasado, no encontrarme bien.

Cuando a las 4:30 me he despertado molesta, inquieta y sin poderme dormir, he pensado que quizá había llegado el momento, pero faltaba lo más importante, las contracciones. Al rato han empezado a aparecer. Suaves y cada diez minutos, pero suficiente para que no puedas dormir.

He visto el reloj, a mi Bichito todavía la quedaba un rato para despertarse y me encantaría poder darla un beso antes de ir al hospital. Además no paro de darle vueltas a que casi toda la familia ha decidido este fin de semana pasarlo fuera, por lo que si va avanzando poco a poco mejor que mejor. Así no tengo que despertar a ninguna de mis amigas, mamás de l@s amig@s de mi Bichito, para que me cuide a mi Bichito mientras doy a luz. Sé que suena rarísimo, pero es lo que hay. Prefiero que mi Bichito se despierte, desayune y ya llamar a mi vecina para que se quede con ella. Seguro que así ni se entera que faltan mamá y papá mientras está jugando con su amiguita. 

En 4 horas más o menos mi madre estaría aquí, por lo que mi marido podría venirse con mi Bichito y descansar con ella un rato. La verdad es que la llamaría y la diría: "Mamá, creo que te tienes que comer la paella en Madrid, jajajajaja".

Me vienen tantas cosas a la cabeza en estos momentos, que se me agolpan una detrás de otra. La primera de todas es que si estoy tan bien, aquí escribiendo, no puede ser que esté de parto, quizá sean pródromos de parto. Pero lo que no paro de pensar es cómo voy a echar de menos a mi Bichito. La quiero tanto que a veces es que la estrujaría contra mi y la volvería a meter dentro. Siempre junto a ella y ahora me toca separarme por primera vez. He llegado a pensar incluso en si todo va bien salir un rato del hospital y venir a casa a verla y darla un beso, pero claro, eso es imposible. O que me la lleven a las inmediaciones del hospital y bajar a verla, lo cual tampoco es nada normal. No quiero que me la lleven al hospital, los hospitales no son sitios para que estén los niños.

Así que me da pena ponerme de parto por separarme de mi Bichito, pero tengo ganas de ver a mi Embri.

Las contracciones son más seguidas y empiezan a ser molestas. Ya veremos a ver a dónde nos conduce esto...

jueves, 10 de marzo de 2011

Parto Personalizado en el Hospital Infanta Leonor

Como muchos de vosotros sabéis cuento con seguro médico privado, que utilizo habitualmente para ir al ginecólogo. Sin embargo, y aunque confío en mi gine, no di a luz con él.

Cuando me cambié de piso me correspondía como Hospital el Infanta Leonor y no me cambié hasta que me quedé embarazada. Fue entonces cuando me enteré de los muchas diferencias que obtendría si daba a luz allí en vez de en otro hospital. Yo tenía pensado parir con mi ginecólogo privado, pero después de informarme sobre las técnicas que utilizaban, me decidí a llevar el embarazo de mi Bichito también por el público y dar a luz en este Hospital.

Desde hace años varios profesionales luchan por humanizar la atención al parto, revisando las prácticas actuales y eliminando intervenciones innecesarias, como la episotomía, el rasurado y el enema. De esta forma se consiguió aprobar un documento que sirva de referencia de actuación clave en la materia para todo el territorio español, llamado Estrategia de Atención al Parto Normal.

En los hospitales antiguos esto está siendo un poco difícil, dado que es complicado que profesionales que llevan ejerciendo su profesión 20 años cambien su forma de actuar y a veces hasta de pensar. Sin embargo, existen hospitales de nueva apertura que se rigen por este documento y no sólo se quedan ahí, sino que incorporan técnicas para que la mujer tenga eso que llamamos "parto respetado". En esta página del Ministerio de Sanidad tenéis toda la información sobre éste y otros documentos.

Este es el caso del Hospital Infanta Leonor, sitiado en Madrid. Como ya os he dicho di a luz allí a mi Bichito (podéis leer como fue aquí y aquí). No tengo episotomía, sólo un punto interno por desgarro, no me rasuraron, no me pusieron enema, parí de lado que es una de las posturas en las que hay menos desgarro, dado que deja libre el coxis para que la cabeza del bebé pueda bajar perfectamente sin obtener resistencia. Me dejaron la pelota de pilates para la dilatación. Todo se hace en la misma sala, por lo que no tienen que moverte entre el período de dilatación y el período de expulsivo. Mi marido cortó el cordón que nos unía y yo terminé de sacar a mi Bichito de mi. Los primeros cuidados a mi Bichito se los hicieron encima mía y sólo se la llevaron unos segundos para pesarla. Fueron muy amables conmigo y salí encantada de allí. Estaba segura de que repetiría en sucesivos embarazos. Todavía las habitaciones no están dobladas, por lo que te corresponde una habitación para ti sola, con sofá para tu acompañante.

El pasado jueves cuando fuimos a la ginecóloga de la Seguridad Social nos contó que en último año han dado a luz allí mujeres de 40 nacionalidades distintas, que muchas intentan parir en ese hospital aún sin pertenecerles. Me entregó un documento pionero en la materia y único del Hospital Infanta Leonor.

El dossier se llama Parto Personalizado en el Hospital Infanta Leonor, os copio la primera página:
"Este documento va dirigido a las mujeres embarazadas que darán a luz en el Hospital Infanta Leonor. El objetivo es ofrecerles la posibilidad de elegir sobre distintos aspectos de su parto, dentro de las posibilidades estructurales y funcionales de nuestro centro, y facilitarles con suficiente antelación una información veraz y adecuada que posibilite la toma de decisiones e implicación de la propia paciente en este proceso. 


En las siguientes páginas encontrará:
  • Información sobre la asistencia al parto en el Hospital Infanta Leonor.
  • Un formulario en el que podrá reflejar sus preferencias en los períodos de dilatación, expulsivo y asistencia al recién nacido en base a la información recibida.
  • El Documento de Consentimiento Informado.
Deberá entregar esta cartilla, con el formulario y el Consentimiento Informados cumplimentados, a su llegada al Paritorio del Hospital Infanta Leonor el día del parto de su bebé.  


Servicio de Obstetricia y Ginecología. Hospital Infanta Leonor"

Os pongo los temas que se informan en este documento:
  • Introducción.
  • Aspectos Generales.
  • Período de Dilatación.
  • Peticiones Adicionales.
  • Información sobre la Vía Venosa.
  • Información sobre el manejo del dolor.
  • Período de Expulsivo.
  • Información sobre los Primeros Cuidados tras el Nacimiento.
  • Cuadro Resumen del plan de parto.
  • Documento de Consentimiento Informado.
Imagino que muchas os preguntaréis qué aparece en ese formulario. Os lo copio, la respuesta a cada una de las afirmaciones puede ser SI, NO, INDIFERENTE:
  • Preferencias en el Período de Dilatación:
    • Ser informado sobre la evolución del parto.
    • Elegir la/s personas/s que me acompañarán durante todo el proceso de parto y nacimiento.
    • Que mi parto se desarrolle en el ambiente más tranquilo posible.
    • Utilizar objetos personales (ropa, música, un libro, etc.)
    • Administración de enema.
    • Acceso libre al cuarto de baño.
    • Rasurado del vello del pubis.
    • Libertad de movimientos.
    • Material de apoyo como pelotas, espejos, cuerdas, hamacas, alfombrillas, cojines.
    • Ingesta de líquidos en el proceso.
    • En el caso de que sea necesario administrar un fármaco, quiero que se me informe y se me consulte.
    • Monitorización de mi bebé. Preferiría:
      • Monitorización continua.
      • Monitorización periódica.
      • Sólo auscultación.
    • Rotura artificial de la bolsa de las aguas.
    • Estimulación con oxitocina.
    • Métodos alternativos del alivio del dolor (apoyo emocional, movimiento, masajes, relajación, calor, agua, etc.).
    • Anestesia (Elegir uno):
      • Me gustaría probar el parto sin ningún tipo de anestesia.
      • Me gustaría que me pusiesen la epidural lo antes posible.
      • Me gustaría que me pusiesen anestesia local, sólo en caso de sutura.
      • Me gustaría decidir sobre el tipo de alivio del dolor en el momento del parto.
    • Sedación farmacológica.
    • Que se me realicen los tactos vaginales estrictamente necesarios
    • Otros (Especificar): ...
  • Preferencias en el Período Expulsivo:
    • Adoptar la posición que me resulte más cómoda.
    • Me gustaría empezar a empujar cuando tenga ganas.
    • Me gustaría que me indicasen cuándo tengo que empezar a empujar.
    • Me gustaría que mi pareja me pudiese ayudar todo el rato.
    • Me gustaría tener un espejo cuando salga el recién nacio.
    • Me gustaría que no se me hiciese la episotomía salvo si es indispensable.
    • Me gustaría que me pusieran al recién nacido sobre la piel inmediatamente.
    • Me gustaría que el cordón umbilical fuese cortado una vez dejara de latir.
    • Manejo activo del alumbramiento.
    • Cortar el cordón mi acompañante o yo.
    • Me gustaría darle el pecho en la misma sala de partos.
    • Donar sangre de cordón.
    • Me gustaría que la estancia en el hospital fuese lo más breve posible.
    • Otros (Especificar): ...
  • Preferencias en el Período de Asistencia al Bebé:
    • Contacto precoz piel con piel con mi bebé.
    • Que los primeros cuidados se proporcionen sin separarlo de mi.
    • Desearía amamantar a mi hijo.
    • Que el inicio de la lactancia materna sea precoz.
    • Que el bebé permanezca conmigo en todo momento.
    • Otros (Especificar): ...

Me siento una afortunada de poder dar a luz allí y se lo recomiendo a todas aquellas mujeres a las que les corresponde este hospital. Espero que en los próximos meses muchos más hospitales de España pongan a disposición de las embarazadas este servicio.

Y ahora sólo me queda rellenarlo y esperar a que mi Embri decida salir...

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Cuándo daré a luz a mi Embri?

Después del post de ayer sólo falta colgar la encuesta!!!

Ya sabéis mi día elegido y ahora me gustaría saber el vuestro y que elucubréis vosotros. Así que he creado una encuesta y os voy a dejar el enlace más abajo.

Mi Fecha Probable de Parto es el 4 de abril. Como se considera a término desde la semana 37, he incluido todos los días que van desde la semana 37 (14 de marzo) hasta el día que cumplo la semana 42 (18 de abril).

Es sólo un juego, no hay que apuntarse a nada y no hay premio, sólo la he hecho por diversión y para todos los que les guste este tipo de cosas.

He dejado en la columna de la derecha un enlace a la encuesta, para que podáis localizarla y ver lo que la gente va eligiendo. Está justamente encima de mi correo electrónico. También podéis hacer cualquier tipo de comentario.

Sólo una respuesta por persona y se puede elegir cualquier día, aunque a otra persona ya le haya gustado. De vez en cuanto os iré comentando qué días son los más seleccionados y así recordaremos para los que no se hayan elegido todavía dónde pueden hacerlo.

Y poquito más. Si tenéis algún problema o alguna pregunta, no dudéis en decírmelo.

Espero que os guste tanto como a mi!!! Animaros!!! Aquí tenéis el enlace:

Encuesta: pincha aquí

martes, 6 de julio de 2010

El parto de mi bichito


La habitación estaba a oscuras, mi marido dormía y con el cronómetro del móvil contabilizaba las contracciones. Mi madre llamó, eran las 6 de la mañana y me dijo que ya venía para acá (mi madre vive en Guadalajara, así que tenía una hora de camino. Si salía más tarde cogería tráfico a la entrada de Madrid, era Lunes). Entró la enfermera a cambiarme el antibiótico y se lo comenté, las contracciones eran cada 5 minutos. Llamó a paritorio y me bajaron. Me encontraba bien, pero dolían bastante. La matrona que me exploró me comentó que ya había borrado el cuello del útero y había dilatado 1 centímetro, que muchísimo antes de lo que imaginaban, pero que todavía no estaba de parto, que subiera a la habitación, desayunara, me diera una ducha de agua caliente y que después me bajarían. A mi me dolía bastante y según ella no estaba de parto.

Así que subimos a la habitación y ya estaba mi madre allí. Pero a mi me dolían mucho las contracciones y cada vez eran más seguidas, pero por suerte la ducha calmaba. Lo que no puedo entender es por qué la apagaba. Tenía la sensación que estaba gastando demasiada agua y me sentía fatal, así que apagaba la ducha y cuando me volvía a doler y no aguantaba más, la volvía a encender, pero me sentía mal por gastar agua, SERÉ IMBÉCIL!!! Eso sí, se lo recomiendo a la que tenga oportunidad porque el agua caliente en la tripa y los riñones calma mucho los dolores. Estuve como una hora y cuando ya no podía aguantar más, le dije a mi madre que, por favor, llamara a la enfermera.

Entró la enfermera y me dijo que había avisado abajo, que si quería desayunar. Yo no quería ni desayunar ni nada, aquello dolía y mucho. Así que llamaron a un celador. Como la niña estaba bajando por el canal del parto, me apretaba el intestino y pasé de la ducha al wc. Entró el celador, que debía ser el más fiestero del mundo: "Ah, que no está en la cama, entonces me voy". Salí del baño totalmente desnuda y de un salto (no me digáis como) me posicioné en la cama: "Tú no te vas de aquí sin mi". Yo me retorcía de dolor y el gili...... me decía: "No seas tan exagerada, estate tranquila". Me pensé en levantar la pierna a lo Karate Kid y pegarle una patada en la boca, pero me contuve y me dije "Suu, que este tiparrajo es el que te está bajando al paritorio. Si le das, tardaremos mucho más en bajar. Aguanta y cuando te haya dejado, le das".

Cuando ya llegamos al paritorio, le dije a la matrona que me estaba mirando que me dolía mucho y me dijo, "Cómo no te va a doler, estas de 6 centímetros!!!". Es decir, que la otra vez ya estaba de parto, lo que pasa que como era primeriza se creían que iba a parir al final del día o al día siguiente. Eran las 9 de la mañana y ya estaba de 6 centímetros. Pedí la epidural, aquello dolía mucho. Así que me monitorizaron, me sacaron un pelota para que me sentara en ella y fuera encajando mejor la cabeza de la niña. Pero necesité volver a ir al baño, así que me senté en el váter. Estaba tan cómoda allí, que no quería salir. La matrona me dijo que tenía que mirarme y yo la dije que si podía ser allí en el baño. Imaginaros, el culo en el retrete, la pierna izquierda en el lavabo y la derecha en la pared, saqué el culo y me dijo, estás de 9 centímetros. Ya tenía ganas de empujar. Entonces entró la anestesista. Yo creía que no me podrían poner ya la epidural, pero me dijo que sí. Aguanté como pude las contracciones de 9 centímetros (que duelen muchíííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííísimo) y me pusieron la epidural. Por fin pude descansar un poco. Las piernas no se me durmieron y sentía cada contracción, pero ya no me dolía tanto. Entonces abrí los ojos y vi a mi marido sentado en la silla de enfrente. "Hola cariño", le dije. Tenía cara de asustado, pero estaba muy emocionado.

Como tenía ganas de empujar, la matrona me dijo que fuera empujando. Notaba perfectamente la contracción, la epidural me había calmado el dolor pero me había parado un poco el parto. En 3 horas me puse con 9 centímetros y tardé otra en dilatar el último. Pero pude descansar un poco para ir empujando poco a poco. Y se fue el efecto de la epidural, pero ya no dolía tanto, aunque estaba muy cansada de empujar.

Entre contracción y contracción iba notando que cada vez estaba más cerca de tener a mi bichito conmigo. La matrona me habló de una postura, así que me puso de lado sobre el costado izquierdo y con la mano derecha me agarraba la pierna derecha e iba empujando cuando sentía una contracción (como el anuncio de Flex de una chica que da a luz en casa encima del colchón). Mi marido estaba enfrente mía sentado en una silla. Al poquito pude tocarle la cabeza a mi hija, estaba saliendo muy poquito a poco. Mi marido lo vería perfectamente. Le pedí a la matrona que no me hiciera episotomía, por lo que tardé 1 hora más entre empujón y empujón. Unos cuantos empujones más y ¡tachán!, YA ESTABA MI BICHITO CONMIGO!!!


Eran las 12:15 del 20 de Julio de 2009. Saqué lo último que quedaba de mi pequeña dentro de mi y la coloqué en mi tripita (el cordón no me dejaba acercármela más, tenía un cordón cortito). La sentía caliente. Veía su cuerpecito sobre mi tripita y me parecía increíble que por fin estuviera conmigo. La sentí llorar, pero no podía subirla más arriba. Las enfermeras la limpiaron y le echaron y pusieron las medicinas en mi tripita. Mientras mi marido se dispuso a cortar el cordón umbilical que nos había unido durante tantos meses. Le dieron las dos tijeras para punzar el cordón y otra para cortarlo. Mi marido hizo lo propio y con mucha maestría cortó el cordón que me separaría de mi bichito pero el que nos uniría para el resto de su vida.

La subí a mi pecho y fue cuando la vi. Era preciosa, perfecta. Cada milímetro de su cuerpo era perfecto. Entonces la separaron de mi para pesarla, fue el único momento en que no estuvimos en contacto. Pesaba 3,120 Kg. Estábamos muy emocionados de tenerla a nuestro lado y poder tocarla. Por fin estaba con nosotros y era el fruto de nuestro amor.

Tenía unos ojos enormes, muy abiertos, unos mofletes muy gorditos y una naricilla con un hoyuelo muy pequeñito en el centro. La puse al pecho y comenzó a mamar. Era maravilloso sentir su cuerpo junto al mío, sentir su calor, sentir la fuerza con la que succionaba. Mi marido no la quitaba ojo, estaba enamorado y emocionado de tenerla por fin. Fue maravilloso. Una sensación única e increíble. Un sentimiento embriagador e irrepetible. Por fin estaba con nosotros.

Como no me hicieron episotomía, sólo me desgarré un poquito y me dieron un punto interno. En cuanto subí a la habitación me levanté y me di una ducha, mi bichito ya estaba dormida y agotada. Yo me encontraba perfecta, como si no hubiera parido y así fue siempre. No tuve postparto, ni me enteré (de hecho el día que nos dieron el alta me fui a comprar al centro comercial que estaba a 1 kilómetro unos bodys a la velocidad del rayo, por si se despertaba mi pequeña)

Fue un parto doloroso, imagino que como el de casi todas, pero fue bueno. Pedí que no hubiera episotomía y no la hubo, que mi marido cortara el cordón y así fue, lo único diferente es que yo quería parir en cuncliyas, pero al ponerme la epidural ya no pude.

Pero lo más importante es que mi bichito estaba perfectamente y que a partir de ese momento ÍBAMOS A SER TRES, YUPYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY!!!