viernes, 10 de julio de 2015
Distanciamiento: tiempo para mí
Muchos son los blogs maternales que tardan en actualizarse en esta época del año y los mensajes en los grupos de whatsapp/telegram escasean. En mi caso, esta sequía bloguera no sólo se debe a las vacaciones estivales, sino también un reencuentro con mi vida 1.0 y el entorno de mis hijos, ya va para más de 1 año. Primero empiezas a escribir menos, realmente a compartir menos, después pasas de escribir casi diarimente a hacerlo semanalmente, hasta que de pronto sólo escribes un post mensual.
Crecen y con ellos las reuniones, quedadas, cumpleaños y sin fin de citas apuntadas en mi calendario, en el que hay que pedir vez incluso para ir al baño. Además, la seguridad en mi misma ha crecido a lo largo de estos años y aunque tengo muchas cosas que contar y que compartir, me apetece más hacerlo con un café o una cerveza en la mano, según se tercie y cara a cara, que virtualmente. Eso no quiere decir que haya abandonado mi vida 2.0, no, ni mucho menos, sino que progresivamente he ido distanciándola.
Sigo leyendo algunos post que me parecen interesantes, sobre todo mientras doy el pecho a Canija y acuesto a los peques, pero ya no tengo esa lista inmensa de blogs preferidos que leía asiduamente. El contacto más de tú a tú prima en este momento en mi vida. De hecho, no ver a ciertas personas en una semana me apena y siento que las echo de menos e incluso me apetece más hablar por teléfono con ellas, escuchar su voz y compartir menos mensajes por whatsapp y más ratos juntos.
Y aunque sigo por estos lares, es en la distancia. Dedicándome más a mi familia, mis amigos, a mí misma. Ordenando mi vida 1.0, manteniendo la 2.0 y disfrutando del contacto, de la charla, del cariño, del roce, que tanto me gusta.
Esta noche disfrutaré junto a mis amigas de una cena tranquila, entre risas, entre cariño, entre amor. De conversaciones prohibidas, de momentos inolvidables, de complicidad infinita. Cargaré las pilas para mi día a día. Es mi instante de relax, mi ocasión especial, mi momento de placer y voy a aprovechar cada segundo de él. Y os recomiendo que lo probéis, si no lo habéis hecho ya o que lo repitáis, si habéis disfrutado de este momento.
Quizá a ti que lees estas líneas todavía no te ha llegado esa necesidad de dedicarte tiempo a ti misma, aunque sea poco, aunque sea una vez cada mucho, con las amigas, con tu pareja o sola. Quizá no sea el momento para ti, quizá llegue pronto, quizá no llegue jamás.
Hubo un tiempo en el que no lo necesité, en el que lo que necesitaba era a mis hijos y mi marido e imponerme esos momentos o hacer algo sin ellos me hacía sentir culpable. Pero ese momento pasó y empecé a dedicarme algunos instantes, aunque al principio se instauraba en mí un sentimiento de culpa que me acompaña en mi maternidad. Realmente ese sentimiento de culpa va ligado a la maternidad, nos acompaña a todas y a veces, nos impide y nos frena. Pero poco a poco fue disipándose, fui consciente de mi necesidad y entendiendo que tan importante es mi familia como yo misma.
Ahora me falta buscar cómo sacar tiempo para mi marido y para mí, porque es difícil de narices, aunque sólo sea parcialmente. Pero es algo que también necesito, aunque es muy complicado sé que en algún momento lo conseguiremos.
Y vosotros, ¿necesitáis estos momentos? ¿Os dedicáis tiempo a vosotros mismos?
lunes, 16 de marzo de 2015
¡¡¡Felicidades Canija!!!
2 años hace de esta foto en la que nos miramos por primera vez, porque juntas habíamos estado durante meses antes. Cuando echo la vista atrás no puedo olvidar lo mucho que luchamos juntas para que llegaras hasta aquel día, el esfuerzo enorme que supuso aquellas semanas en cama, sin moverme, para que tú siguieras creciendo dentro de mí. Lo conseguimos preciosa.
Podría decir miles de cosas sobre ti y de estos 2 años. Tú has conseguido que yo explorara mi maternidad más allá. Ser mamá de dos no significa serlo de tres, ni mucho menos, sólo me hizo enfrentarme a algunas situaciones más serena y tranquila, a saber escucharte y escucharme, a disfrutar de cada momento.
Contigo he vivido situaciones que jamás antes había vivido con tus hermanos, has llegado a llevarnos al límite con tus múltiples despertares, tus pocas horas de sueño, tu juerga nocturna, tus desvelos constantes, tus madrugones cuando ni siquiera había amanecido. Ahora que duermes 8 horas, que sólo te despiertas 2 veces en la noche, que sólo te desvelas de vez en cuando a lo sumo 1 ó 2 horas, que sigues madrugando más que nadie, incluso que yo, ahora, es cuando no comprendo cómo narices aguantamos. Pero lo hicimos, y sé que esto sólo va a ir a mejor.
Contigo siento verdadero pánico cuando no hay ruido en la casa, porque sé que me la estás liando, si no es el rollo de papel higiénico por el váter, es el paquete de toallitas por toda la habitación o la botella de aceite desparramada por la cocina o la pared con un nuevo "Canija auténtico" o los muebles o los cajones o el congelador o lo que en ese momento se te pasa por la cabeza. Dejarte 1 minuto sola significa que me la has liado fijo y mira que el que te precede (Pequeñín) había dejado el listón alto, pero es que tú lo has saltado haciendo un mortal hacia atrás con tirabuzón y todo.
Contigo he aprendido lo que significan las gráficas de crecimiento y las básculas y el sentimiento de una madre cuando su hija no coge peso y piensan que puede tener fallo de Medro (que no tienes, sólo que eres un poco Canija como siempre te ha dicho tu madre).
Yo quería que fueras una niña, dulce y tranquila como tu hermana mayor, pensando en que todas las niñas que yo iba a tener serían como ella. Y entonces naciste tú, dando un giro a mi maternidad de nuevo, enseñándome millones de cosas desconocidas y llevándome a explorar todos esos aspectos que me faltaban.
Gracias Canija, gracias por ser como eres, por ser diferente, por ser tú. Gracias, porque me equivoqué al querer tener otro Bichito, porque lo que iba a tener era una Canija fabulosa, increíble e igual de maravillosa que su hermana.
Hoy cumples 2 años y tanto a tu padre como a mí se nos ha pasado volando.
P.D.: Bichito se encuentra bien, la operación salió perfectamente y en seguida la dieron el alta. Me siento tremendamente agradecida a todas aquellas personas que se preocuparon por mi hija y que la tuvieron en su pensamiento deseando que todo fuera bien. Gracias.
miércoles, 7 de enero de 2015
Feliz Navidad, Feliz Año y Felices Reyes
Hoy me incorporo al trabajo, con más sueño que vergüenza, pero habiendo disfrutado de unas vacaciones fantásticas junto a mi familia, of course. Me incorporo hinchada, como una bola, de tanto comer, tanto roscón y tanta celebración, pero he disfrutado como una enana y espero que vosotros también.
Siempre he preferido los pares, pero la verdad es que la mayoría de las cosas que pasan en mi vida y mi familia, desde que conocí a mi marido, pasa en años impares:
- 2005: conocí a Ale y nos fuimos a vivir juntos (fue el amor de mi vida, desde la primera noche que pasamos juntos, lo sentí)
- 2007: nos casamos, antes incluso de hacer 2 años de novios.
- 2009: nació Bichito, antes incluso de hacer 2 años de casados. Fue entonces cuando comenzamos a conocer qué era realmente la felicidad y a conocer la pureza y dulzura personificada.
- 2011: nació Pequeñín, antes incluso de que Bichito cumpliera 2 años. Y la felicidad siguió creciendo y creciendo, y aprendimos lo divertido y maravilloso que resulta observar cómo se relacionan tus hijos y lo felices que son juntos.
- 2013: nació Canija, antes incluso de que Pequeñín cumpliera 2 años. Y entonces la felicidad fue plena y empezamos a conocer lo que significa no dormir apenas nada y a tener ojeras kilométricas y a envejecer y a hacer malabarismos. Pero la felicidad en nuestra familia sigue creciendo y seguimos disfrutando cada día viendo a nuestros hijos crecer.
Y como os he tenido abandonados ¡¡¡Feliz Año!!!
Espero que hayáis disfrutado de las fiestas navideñas y que los reyes os hayan traído muchas cositas.
jueves, 21 de agosto de 2014
Unas tetas nuevas
Así que siempre he tenido buenas tetas, más gordas de lo que me gustarían porque cuando te sales de "lo normal" pues es difícil encontrar sujetadores en las tiendas en las que compran tus amigas, pero tampoco una exageración. De mis amigas era la que más tetas tenía, del círculo de amigas de ahora desde luego me ganan muchas, cómo cambian los tiempos. Pero gracias a la juventud la gravedad no había hecho estragos.
Cuando me quedé embarazada, leía revistas y libros que nada tienen que ver con mis sentimientos y pensamientos de ahora sobre la maternidad y, aunque me creí informada, nada más lejos de la realidad. Recuerdo que embarazada de Bichito hubo gente que me dijo en varias ocasiones que después de dar el pecho mis tetas iban a quedar fatal. Ante aquellos comentarios y, como mi marido se dio cuenta que me empezaba a afectar, me dijo que si después de dar el pecho a nuestros hijos yo quisiera operarme, buscaríamos al mejor cirujano para ello costara lo que costara.
Ains, qué estúpidos éramos entonces. ¿Por qué? Porque en aquel momento en el que todavía no había parido a mi bebé, el pecho sólo tenía connotación sexual y estética, pero una vez que pasó a ser su función primordial que es la de amamantar, aquél pensamiento fue distorsionándose hasta desaparecer.
Pensaréis, ¿a qué viene todo esto? Pues porque un par de conocidas acaban de ponerse un par de tetas nuevas. Y yo las miro, desobedeciendo la ley de la gravedad, duras y colocadas en su justa medida y me miro las mías, llenas de leche, redonditas y cálidas. Que sí, que las tengo caídas, que me pesan un montón y que estéticamente no son perfectas, pero últimamente me las miro y remiro en el espejo o desde arriba y siento amor y ternura hacia mis pechos. Debido a las subidas de leche mi piel del pecho se ha distendido un poco y debido al peso (y a la gravedad) también se ha caído, aunque mi piel sea flexible estos cambios son notables en él.
Todo esto me ha hecho pensar mucho sobre aquella conversación de hace unos años con mi marido y soy feliz tal y como soy. Mis tetas me definen, son parte de la crianza de mis hijos, cada centímetro de su composición es absolutamente perfecta, me generan placer cada día mientras amamanto a mis hijos. Gracias a mis tetas mis hijos han tenido y tienen el alimento idóneo para ellos, en exclusiva hasta los 6 meses y ahora hasta que nosotros queramos. En este momento son unas de las partes más importantes de mi cuerpo, me siento orgullosa de ellas y jamás las cambiaría.
Y vosotros, ¿alguna vez pensasteis sobre este tema?
lunes, 20 de enero de 2014
No Conseguido (Reto del Rinoceronte Naranja)
Hoy, 5 meses después, me gustaría contaros que no sólo no lo he conseguido sino que lo normal en mí está siendo hablar a gritos. No soy capaz de encontrar mi lado zen, de hecho creo que ni siquiera existe. Cada mañana me levanto diciéndome a mi misma que no voy a gritar y en cuanto Pequeñín lleva despierto 10 minutos, ya estoy alzando la voz.
Mi Pequeñín es un niño inquieto, que necesita mucho contacto físico, que madruga demasiado y que no deja a Canija ni a sol ni a sombra. Siempre tiene que jugar a su lado, la abraza y la mima y la quita los juguetes, pero como ni controla su fuerza ni dónde pone la pierna, pues al final se lleva un golpe y llora. Y yo me crispo, porque ya llevo media hora diciéndole en repetidas ocasiones que la deje, que hay que tratarla con cuidado porque es un bebé, que la va a hacer daño y debe de intentar ser más precavido con ella, que no juegue pegado a ella porque puede darle sin querer y terminar llevándose un golpe. Resultado final: Canija llorando, yo gritando y Pequeñín llorando porque mamá está enfadada.
Esto un día tras otro, cada mañana, no hay quien lo resista, o sí, pero yo no. Así que ya hace tiempo que el reto de no gritar no lo he conseguido, pero ya no sólo a mis hijos, sino a cualquiera que en ese momento cruce dos palabras conmigo.
Tal es mi estado de nervios en esas circunstancias que mi rabia y mi agresividad la canalizo gritando, porque si me dejara llevar cuando hace daño a su hermana pequeña habiéndoselo advertido cientos de veces, yo no sé qué haría. Pero es que me sube un calor desde lo más profundo de mis entrañas que me cuesta muchísimo controlar. Tanto es así que conseguir controlarme me cuesta un triunfo y me pongo a gritarle. Y luego le pido perdón y me digo a mí misma y a él que mamá va a intentar no volverlo a hacer, pero me vuelve a ocurrir.
Y no me gusta esta faceta de mí que no consigo controlar, no me gusta la clase de madre ni de persona en la que me convierto en esos momentos y no quiero que mis hijos crean que eso es "lo normal", que gritar es algo que se hace cuando una mamá se enfada, porque no lo es. Para mí es importantísimo la imagen que ellos tienen de mí porque se convertirán en personas con ese mismo reflejo y no quiero que ellos griten a los demás cuando se enfaden.
Cada mañana de esta semana pasada me he levantado pronto para tener un momento para mí y Pequeñín se ha levantado cada día antes reclamándome constantemente sin dejarme ni un rato, sin entretenerse con nada. No conseguir ese momento ha marcado mi día a día y me ha llevado a estar más tensa, controlar menos la situación y salir de casa cada mañana con los tres enfadada desde primera hora y, por supuesto, gritando. Porque una vez que llego a ese punto, cualquier cosa me saca de quicio y Bichito termina llevándose gritos por cualquier situación que me genere un poco de estrés añadido al comienzo del día.
Así que el viernes, y gracias a los consejos de mi marido, empecé el día sentada con Pequeñín desde las 6:30, que era lo que él quería, y resignada a perder ese tiempo para mí misma. Decidí que si negárselo hacía que la mañana transcurriera a gritos, pues me ponía de su lado y le dedicaba ese momento sólo a él, que es lo que él necesita. Decidí que nuestra estabilidad familiar emocional era más importante que actualizar el blog o responder un correo o hacer un pedido de mercancía o leer algún artículo importante, etc, etc. Y el día fue mucho mejor, yo estaba más animada y menos nerviosa, por lo que no grité a Pequeñín, ni a Bichito y todo fue sobre ruedas.
Hoy también ha sido un buen día, pero hoy no cuenta porque no ha madrugado y yo he tenido un ratito para mí.
Sin embargo, lo que no consigo controlar bien es mi furia. Yo tengo muchísimo pronto, cuando era más joven mucho más, pero con los años he conseguido mantenerlo cada vez más a raya. Pero últimamente me altero enseguida y recuerdo que los gitos era lo que más odiaba de mi padre.
Cuando mi marido ve que me voy calentando viene y me aparta, toma el control y aunque yo me cabree como una mona, se lo agradezco porque yo voy subiendo el tono y enfadándome cada vez más. Incluso he intentado irme en el momento más álgido, pero a menos que él venga a por mí, no soy capaz de hacerlo.
Sé en qué punto estoy y sé a dónde quiero llegar, sin embargo, no soy capaz de conseguirlo. Y no es que me siente frustrada, no, me siento apenada porque no soy capaz de tratar a mis hijos de la manera que quiero y no como últimamente, gritando a la primera de cambio. No me gusto y eso me crea mucha tristeza.
¿Os ocurre lo mismo? ¿Cómo conseguís frenaros?
viernes, 23 de agosto de 2013
Cosas de la maternidad
Ayer fuimos a ver animalitos y a eso de las 22:30 yo ya no podía esperar al espectáculo porque estaba muy cansada, así que nos vinimos a casa. Canija no dormía desde las 18, Pequeñín se levantó de la siesta con fiebre y Bichito no había querido siesta. Aún así, por ellos, nos habríamos quedado a ver el espectáculo, pero yo ya no podía más. Se lo expliqué y volvimos a casa.
Ya en casa acosté a mi Canija y mi marido a los otros dos. Ya era media noche cuando se durmió mi Canija, por lo que yo me acosté también. Ha mamado cada hora y Pequeñín a las 3:30 vino a buscarme con fiebre y dijo que: "Dormir no". Así que me acosté con él en la cama, le acaricié, le abracé, le di besitos y me quedé con él hasta que le bajó la fiebre y se durmió. De vuelta a la cama Canija se volvió a despertar y se ha ido despertando cada hora hasta las 7 de la mañana que ha echado la cagada de siglo, desbordándola el pañal y teniendo que cambiarla entera. La he intentado dormir, pero no ha habido manera, así que nos hemos salido al salón. Hace poco que se ha dormido de nuevo y la he echado en la cama y según salía de mi habitación se despertaba Bichito.
Me molestan los ojos, de hecho me lloran del sueño, estoy bastante cansada y me duele hasta el carné de identidad, acabo de mover el cuello y me han sonado todos los músculos. Pero aún así tengo dibujada una sonrisa en la cara y es que estas son las cosas de la maternidad, lo normal con tres hijos, lo raro sería lo contrario.
Hoy será un día un poquito difícil, porque yo estoy más cansada de lo habitual y porque si Pequeñín se despierta con fiebre, que será lo que seguramente ocurra, necesitará más a mamá que ningún día. Pero será un gran día, como todos los días en los que estamos juntos, lo único que mis ojeras grises hoy serán totalmente negras, jajajajaja.
Buen fin de semana.
lunes, 19 de agosto de 2013
No quiero gritarle más a mis hijos (Reto del Rinoceronte Naranja)
Hace días que vengo planteándomelo, sobre todo desde que lo leí en el blog de mi amiga La Mamá Vaca, pero no sé por qué no parecía mi momento. De lo que soy totalmente consciente es de que los grito demasiado. Cuando no la monta uno la monta otro, últimamente mis horas de sueño han mermado muchísimo y no pasan de 5 horas con 3 ó 4 despertares. Pequeñín se despierta prontísimo, Bichito no echa siesta y Canija necesita estar pegada a mí todo el rato con la teta en su boca, si no, no se duerme. El nivel de demanda es muy alto y mis horas de sueño escasas, eso hace que esté más irascible y que grite más a mis hijos, porque yo no aguanto ni media. Aunque descanse, lo cierto es que también les grito, pero mucho menos que últimamente. Sabía que gritaba demasiado y empecé a ser consciente cuando me lo dijo mi marido y tiene razón.
Cuando leí el Reto del Rinoceronte Naranja me pareció una gran idea, aunque yo jamás sería tan ambiciosa y empezaría intentándolo un par de días, luego ampliaría a una semana, después a un mes y así, poco a poco, hasta conseguir no gritar a mis hijos.
Sin embargo, necesitaba la prueba de fuego, es decir, saber controlarme cuando te sacan de quicio, cuando estás fuera de tus casillas. Ayer, entre unos y otros, lo consiguieron y yo no fui capaz de controlarme. Les grité, aunque estuve a punto de conseguirlo, de salirme a la terraza y gritar a la mesa o a la silla o a las hormigas que pasean buscando restos de nuestra comida y desahogarme. Estuve a punto, pero no lo conseguí , justo cuando acompañaba a Bichito e iba a darme la vuelta hacia la terraza para gestionar de una manera controlada y correcta mis emociones, empecé a explicarla el por qué y terminé gritándola y fuera de mí. Da igual que os diga que me arrepentí, que la pedí perdón, que me sentí fatal, porque entre lloros ella me dijo "Mami, no me grites" y a mí se me cayó el alma a los pies, porque tiene toda la razón, yo no debería gritarles.
Así que no voy a apuntarme todavía a este Reto al completo, voy a empezar intentando gritarles mucho menos a mis hijos, voy a intentar controlarme en los momentos de estrés, aunque no pueda darles explicaciones de por qué no tienen que hacer esto o aquello y simplemente les aparte de algo y me vaya a gritar al palo de la escoba para desahogarme y conseguir canalizar mis emociones. Para mí éste es el mayor desafío, más que el día a día. Estoy segura que una vez consiga esto, todo irá rodado y me será mucho más sencillo. Porque yo paso de "0 a 100 en 0," y luego me extraña que a mis hijos les ocurra lo mismo.
Soy una gritona, como lo fue mi padre conmigo y no quiero ser como él. Yo he ido planteándome cada cosa que han hecho conmigo, siendo consciente de elegir nuestra forma de crianza y no haciendo las cosas porque así se hacían y lo habían hecho con nosotros. No, lo que no me parecía normal, lo hemos cambiado. Y lo que más odiaba yo, que era que mi padre gritaba, es lo mismo que estoy haciendo yo con mis hijos. Así que esto hay que cambiarlo, hay que seguir tratando con respecto a nuestros hijos y eso no pasa por gritarles.
Yo voy a empezar por lo básico, voy a intentarlo y voy a conseguirlo. Cuando me vea preparada del todo me haré un calendario que colgaré en el frigorífico y en el que apuntaré mis progresos, me pondré algo naranja a modo de recordatorio y me uniré al reto.
Preparados... ¿me acompañáis?
viernes, 26 de julio de 2013
Una mañana en la Seguridad Social
Como bien sabéis, si no os lo recuerdo yo, mis hijos no se llevan ni dos años entre cada uno de ellos. Cuando tuve a mi Bichito me incorporé de nuevo al trabajo el 11 de enero de 2009 con una reducción de jornada de 1/8, es decir, 35 horas semanales. Esto equivale al 87,5% del sueldo. Por ley, la Seguridad Social complementa la cotización al 100% los dos primeros años de la reducción por guarda legal de un hijo menor de 8 años. De tal manera que cuando di a luz a mi Pequeñín cobré durante las 16 semanas de maternidad mi sueldo íntegro.
Yendo un día a mi empresa me topé con un amigo del sindicato que me explicó que si cambiaba la reducción de jornada por guarda legal de mi Bichito a mi Pequeñín, la Seguridad Social volvería a complementar la cotización por mí hasta el 100%, de tal manera que si tuviera otro hijo dentro de los dos primeros años, volvería a percibir mi salario completo en la maternidad. Dicho y hecho, cuando a punto estaba de llegar a los dos años de reducción de mi Bichito aproveché unos días de vacaciones y la cambié. Para poder cambiarla es necesario trabajar un día la jornada completa y yo trabajé la jornada completa esos días que tenía de vacaciones. Y así, el 2 de enero de 2012, cambié mi reducción de jornada de Bichito a Pequeñín.
Como mi Canija nació el pasado 16 de marzo, cuando pedí la maternidad debería de haber cobrado el 100%, sin embargo, cobré sólo lo correspondiente a mi jornada reducida. Lo malo fue que me di cuenta pero no lo comprobé. Cuando cobré el primer mes, como no era mes completo me pareció poco, pero pasé, el segundo le comenté a mi marido que estaba cobrando bastante menos y el tercero fue cuando me di cuenta de que algo estaba ocurriendo. Entre unas cosas y otras cuando lo calculé era ya julio y el plazo para reclamar había acabado, sólo 30 días desde que recibí la carta. Además la cotización que mi empresa había puesto en el documento era 100 euros menos de la real.
Sabíamos que estábamos fuera de plazo, sabíamos la equivocación de mi empresa y sabíamos que había muy pocas posibilidades de que recuperarámos más de 1000€ en total que estaba cobrando de menos. Aún así decidimos que era importante acercarme y que me explicaran qué es lo que había pasado. Como mi marido entiende un millón de veces más que yo, le pedí que por favor me acompañara y nos fuimos los 5 a la Seguridad Social.
Una vez allí la señorita que nos atendió no debía entender muy bien qué había pasado y decidió remitirnos a un compañero con más experiencia. Después de mirarlo todo muy bien y de nuestras explicaciones, se dio cuenta que teníamos razón y nos preguntó por qué no habíamos ido antes. Como me quedaban pocos días para terminar mi maternidad nos aconsejó que hiciéramos un recurso, que aunque estuviera fuera de plazo, como era por culpa de ellos intentaría tramitarlo, la parte en la que mi empresa se había equivocado estaba fuera de plazo. No podía asegurárnoslo pero por intentarlo que no quedara. Nos pidió el libro de familia que no teníamos allí y nos recomendó hacerlo cuanto antes: "Mejor hoy que mañana" fueron sus palabras. Así que yo me quedé allí con mis tres hijos y Ale fue a casa a por el libro. Mientras, el señor que nos atendió, fue pidiéndome papeles: las cartas en las que había pedido la jornada reducida de cada uno de mis hijos, la cancelación de uno a otro, los acuse de recibo, etc, etc. Y yo fui llamando a mi marido, mandándole por mail cada papel (gracias que tenemos datos en el móvil) y él dos horas después apareció con todos los papeles.
Y qué hice con mis hijos durante dos horas más la hora de antes que habíamos estado allí, pues además de revolverme la mochila, la cartera y todo lo que pillaban, intentamos jugar y no molestar a todas las personas que estaban trabajando. Fue muy difícil para ellos pero se portaron fenomenal y aunque tuvimos alguna crisis no sé cómo pudieron estar allí metidos tanto tiempo con el calor que hacía.
Creo que el hombre que nos atendió se apiadó de nosotros, porque le escuché decirle a su compañera: "A mí también se me habría pasado el plazo". Lo más importante es que no sólo nos ayudó sino que además decidió tramitarlo en ese momento aún con la pila de casos que tenía porque si no se le olvidaría y cuando llegara a mi caso lo sobreseería por estar fuera de plazo.
Ayer cobré parte de lo que me correspondía, excepto los 400€, 100€ por mes debido a que mi empresa calculó mi base de cotización cuando había estado de baja. Fue una mañana estresante, pero mereció la pena ir aunque sólo fuera para enterarnos por qué había ocurrido aquello y tuvimos la suerte de dar con una persona amable que respondió a muchas de nuestras preguntas y que decidió ayudarnos y tramitar un caso fuera de plazo.
Desde aquí y aunque jamás lo lea le agradezco el rato que pasó dedicándole a mi caso, las paciencia que tuvieron con mis hijos, la empatía y la dedicación con la que algunos hacen su trabajo.
¿Os ha pasado a vosotros algo similar? ¿Comprobáis que las cantidades sean las correctas?
miércoles, 10 de julio de 2013
Tercera Maternidad
Hace algún tiempo, al poco de nacer mi Pequeñín, escribí sobre mi Segunda Maternidad y Segunda Paternidad. Ahora quería escribir sobre lo que está suponiendo para nosotros la tercera.
Todavía puedo recordar aquella sensación de paz en la habitación los dos solos cuando nació mi Pequeñín, aquel momento de iluminación en el que sentí todo lo que yo había cambiado, que estaba recorriendo el camino que yo quería, sin dejarme llevar por lo que los demás marcaban.
Desde el primer día en que nació mi Bichito hasta el que nació mi Pequeñín tanto mi marido como yo hemos madurado mucho y hemos ido aprendiendo de nuestros errores, de nuestros aciertos y lo mejor es que hemos ganado como personas.
El día que nació mi Canija también sentí paz y tranquilidad, no estaba nerviosa y sólo tenía la sensación de que me faltaban también mis hijos a mi alrededor. Como diría mi marido, mamá gallina, a la que le gusta tener a sus polluelos junto a ella. Fue maravilloso llegar a casa y sentir una unión total desde el primer momento. He de reconocer que no esperaba que mis hijos se comportaran como si siempre Canija hubiera estado con nosotros, fue nuestra Canija, un nuevo miembro de nuestra familia, desde el primer momento que entramos por la puerta.
Cada día seguimos aprendiendo de nuestros hijos, de los tres. Si bien Bichito era y es una niña tranquila y dulce, Pequeñín es dinamita, nervio en estado puro y nos está dando otra perspectiva de la paternidad. La paciencia con él hay que dosificarla para aguantar hasta final del día y conseguir que no se nos desmadre demasiado. Cierto es que Bichito está en la etapa de llevar la contraria, de ponernos a prueba a cada instante, pero aunque a veces es complicado normalmente se puede razonar con ella. Pero Pequeñín se enrabieta por menos de nada y cuesta calmarle mucho. Doy gracias porque ambos adoran a su hermana pequeña y se sienten muy orgullosos cuando les decimos que son su hermana y su hermano favoritos. La cuidan y la tratan con muchísimo cariño y nos enseñan cada día el poder del amor.
Nosotros estamos aprendiendo de nuevo, a no perder los nervios, aunque a veces nos cuesta muchísimo, intentamos ayudarnos mutuamente y avisarnos cuando nuestra paciencia se encuentra al límite. A dividirnos aún más, yo me dedico más a mi Canija, mi cuerpo está más en consonancia con ella, con sus necesidades y siento que cada célula de mi cuerpo está unida a ella. Echo de menos no hacer más cosas con mis hijos y siento mucha envidia de mi marido cuando está con ellos. Me encantaría poder dedicarles más tiempo y no sentir que estoy desatendiendo a mi Canija, pero en este momento, en el que ella depende de mí un 200%, no puedo ni quiero. Así que me muero de envidia pero me siento afortunada de contar con su maravilloso padre, que les cuida, les enseña y se desvive por ellos.
Sé que nos hemos equivocado en este camino que estamos recorriendo juntos, pero lo estamos haciendo lo mejor posible. Seguimos disfrutando del colecho, de la lactancia materna y del porteo. Poniendo todo de nuestra parte, porque no se trata de imponer nuestra voluntad, se trata de respetarnos, de compartir juntos los 5, de aprender de cada uno de nosotros. Hemos echado la vista atrás y nos hemos planteado si aquello que nosotros hemos sufrido o que nos han contado iba con nosotros, con nuestra manera de sentir la paternidad. Nos hemos dado cuenta que no, que hay que preguntarse el por qué de todo lo que hacemos y decimos y cierto es que a veces nos damos cuenta que seguimos cayendo y cometiendo los mismos errores, estamos poniendo soluciones y mejorando día a día. Deseamos que nuestros hijos lo hagan mucho más que nosotros y que elijan su propia senda, su camino. Nosotros sólo esperamos que les estemos dando todas las herramientas necesarias para ello.
¿Qué nos ha dado esta Tercera Maternidad/Paternidad? Crecer aún más, completar nuestra familia, cerrar nuestro círculo y convertirnos en familia numerosa, aunque estoy segura que nos depara muchísimo más.
Y a vosotros, ¿qué os ha dado vuestra Maternidad/Paternidad?
sábado, 25 de mayo de 2013
Maternidad desde distintos puntos de vista
Sintiéndome orgullosa de la forma que tenemos de criar a nuestros hijos, de la lactancia materna de los tres, denominada por mí misma y mis conocimientos de la lengua española Tritándem, del porteo, del colecho y demás palabrejas que según algunos nos hemos inventado las creyentes en la crianza natural, hablé y presenté a mi Canija a mis compañeros.
Entonces crucé varias frases con un compañero que había tenido a su hijo de forma prematura en la semana 31. Según él era mucho mejor parir en esa semana porque así son los "profesionales" los que se encargan de los primeros meses de vida de su hijo, los más difíciles, no como yo que tenía que estar levantándome cada poca horas y cuidar de mis hijos. Yo le escuchaba y alucinaba, el solo hecho de que mi Canija naciera de forma prematura me daba pavor, no sólo por todas las secuelas físicas que pudiera tener, sino que no podría moverme de su lado aún sabiendo que mis otros dos hijos necesitaran a su mamá. Le oía y sentía mucha pena por su bebé y por ellos, por no saber apreciar cada instante con su hijo.
Yo no entiendo a las personas que dan a luz y prefieren dejar a sus recién nacidos en el nido para que descansen, ni las mujeres que rechazan la lactancia materna y se toman la pastilla para que no les suba la leche, ni las mujeres que prefieren una cesárea que un parto, ni las personas que delegan la crianza de sus hijos en otras, ni aquellos que prefieren tener una reunión todos los días a última hora para llegar con los niños cenados y acostados, pero les respeto aunque no es mi forma de ver ni de sentir la maternidad. Pero de ahí a preferir tener un hijo prematuro va un mundo.
Me parece increíble cómo esta sociedad ha llegado a desvincularse hasta ese punto de sus propios hijos y me entristece enormemente. Aunque no debería de sorprenderme cuando la pérdida de un bebé está totalmente deshumanizada. Estos temas me afectan muchísimo y a veces me sorprendo pensando en ello y con el corazón compungido.
Y ya para el remate leo post de personas que creen que escriben en clave de humor, que se ríen de sus propios hijos cuando vomitan reiterativamente al aplicarle el método estivill u otras que critican e insultan a personas como yo que llaman a amantar lactancia materna, colecho a dormir con sus hijos, porteo a llevarles encima y creen en la crianza natural y el respeto. Está claro que el respeto no es lo suyo, así que empezando por ahí no debería indignarme lo demás, pero lo hace.
Ahora me tacharán de estúpida e inculta o a saber qué otra cosa más por inventarme la palabra Tritándem.
En fin, debe de ser por mis hormonas de recién parida que no sé por qué me sorprenden algunas cosas...
viernes, 7 de diciembre de 2012
Falta de empatía
A mí la expresión corporal me dice mucho de las personas. Soy una gran observadora y me gustan las personas que gesticulan y que muestran cariño con sus actos. Y echo de menos este tipo de conversación, aunque a veces es mejor no hablar con ciertas personas...
Yo he tenido muy buenos partos, he tenido la suerte de encontrar en todo momento personas que me han apoyado, han compartido conmigo con una sonrisa los momentos más importantes en la vida de mi marido y la mía y eso, para la tranquilidad de una, es vital. Siempre he hablado bien de los profesionales que me han atendido en el Hospital Infanta Leonor... hasta hoy.
El lunes que estuve en el hospital, mientras monitorizaban mis contracciones, compartí camilla y monitores con una niña. Tenía 16 años, cumplidos el pasado 23 de noviembre y acababa de romper la bolsa. Estaba empapada, asustada y sin saber muy bien qué era lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. De hecho incluso me preguntó si se le podía caer el niño. La faltaba información, pero la presencia de su madre la ayudaba a sentirse relajada. Estaba muerta de miedo y no era para menos, recuerdo en mi primer parto que yo también tuve miedo a lo desconocido, al dolor, a que todo saliera bien y yo ya tenía 30 años. Crucé unas pocas palabras con ella y con su madre, pero suficientes para que encomendara la adolescente a Dios mi Pizquita, lo cual me resultó tremendamente entrañable.
Mientras una jovencísima matrona, muy cariñosa, le ponía el monitor y la decía que no se preocupara que ahora pasaba su madre, apareció un matrón bastante más mayor que increpó a la joven porque allí no podía estar su madre:
Matrón (refieriéndose a mí): Fíjate si esta mujer pide que esté su marido, no podemos dejar que pasen todos los acompañantes y esta mujer tiene el mismo derecho que tú a que alguien la acompañe.Podéis daros cuenta que a mí no me hicieron ni
Suu (desde la camilla más alejada): Yo también quiero que pase su madre.
Matrón: Además, no debería pasar tu madre, sino tu pareja. Aquí sólo pueden pasar las parejas de las embarazadas.
Suu (y las mujeres que por las circunstancias que sean no tienen esa pareja??? Y el derecho a estar acompañada por la persona que te salga de las narices???): Yo también quiero que pase su madre.
Adolescente: Es que mi madre me da más seguridad que mi pareja porque mi pareja también es muy joven, sólo tiene 16 años
Suu (lógica aplastante. Chúpate esa matrón, con menos estudios y menos edad que tú y te da cien mil vueltas): Pero es menor, ¿no debería estar acompañada por un adulto?
Adolescente (refiriéndose a la matrona joven): Pero esta chica me ha dicho que puede pasar mi madre.
Matrón: Pero es que yo soy el jefe de esta señorita y se hace lo que yo digo.
Suu (tócate las narices, ahora tiramos de condecoraciones, le faltó decir ¡Aquí mando yo!): Pero siendo menor, ¿no debería estar acompañada de un adulto? Y quien mejor que su madre si ella se siente más segura.
Me dejó impactada la falta de empatía del matrón, la agresividad de sus movimientos al hablar con la adolescente, la prepotencia de sus palabras y pensé, ojalá, ojalá, ojalá yo no tengas que vérmelas con él.
Me dio pena que me dieran el alta sin poder ayudarla de alguna otra manera, apoyándola como hubiera podido y no dejándola sola en ningún momento. Aunque pedí que entrara su madre y que dejaran que ella tuviera acompañamiento, no podía dejar de pensar que esa chica podía ser mi hija. La matrona me aseguró que harían una excepción como habían hecho hasta ahora y que llamarían a su madre, pero yo recordaba la falta de empatía, la soberbia y la arrogancia de su jefe y me fui de allí deseando que lo que me dijera fuera cierto.
Ojalá que al final la permitieran estar acompañada con su madre y todo saliera bien.
Como diría una amiga mía, este matrón entra dentro de la clasificación de los matrosaurios. Qué pena que existan profesionales de esta índole. ¿Os habéis topado con alguno de ellos?
miércoles, 11 de enero de 2012
Segunda Maternidad
No me digáis por qué, poco a poco fui convirtiéndome en la mujer que soy, pero me di cuenta ese día, en la habitación del hospital, mientras estaba abrazando a mi Pequeñín a solas. Y sé por qué me di cuenta, sé qué fue lo que me hizo comprender que había cambiado mucho. Me encontré a solas con mi recién estrenado hijo, tenía apenas unas horas, miré alrededor, estábamos los dos solos y me sentí bien. Mi marido estaba donde tenía que estar, con nuestra hija y yo estaba donde quería estar, con nuestro hijo (no nos engañemos, quería estar con ellos, pero no podía ser). 20 meses atrás, si esta situación hubiera pasado yo habría puesto el grito en el cielo: “Dejarme sola, recién parida”. Pero todo era distinto, sobre todo, yo era distinta.
El cambio no fue drástico, había ido sucediendo meses atrás, mientras estrenaba mi primera maternidad, mis miedos, mis preguntas, mis dudas, mis inquietudes estaban ahí, pero poco a poco fui resolviendo algunas. Pero no me había dado cuenta, no había sido consciente de ese cambio en mí, de verdad que no. Sin embargo, recuerdo perfectamente esa sensación, recostada en la cama, con mi hijo piel con piel, dentro de mi camisón, los dos solitos en aquella habitación. Sentí paz. Me sentí orgullosa de mi misma, como persona, como mujer, como madre. Quería a mi hija a mi lado, a mi marido, pero prefería no llevarla al hospital y, aunque la echaba de menos, fue nuestra decisión.
Y desde aquel día sigue habiendo muchos cambios en mí, hemos colechado con nuestro Pequeñín durante 9 meses, dos días los cuatro juntos, mantengo el tándem con mis hijos, aunque ya lo toman por separado, tomo decisiones más drásticas que influyen en mi familia, pero siempre en su beneficio (o eso creo), valoro a las personas de otra manera e intento transmitir felicidad.
Creo que esta segunda maternidad me ha dado algo muy importante y es completar la primera.
Hijos míos gracias, porque soy la persona que soy gracias a vosotros y porque me dais la fuerza que sé que transmito cada día. Gracias a los dos he madurado mucho, he crecido como persona y no hay día que no me levante para ver vuestros hermosos rostros. Os quiero muchísimo.








