Eran las 14:00, me habían puesto la epidural a las 13:00 y entonces empezó a asomar la bolsa y pude tocarla. La auxiliar cogió una bandeja y la colocó de tal manera que yo pudiera verlo. Mi Bichito rompió la bolsa, por lo que cuando salía la cabeza, salía sin bolsa. Sin embargo, esta vez era la bolsa la que asomaba, no la cabeza. Me impactó ver cómo iba saliendo poco a poco y el color blanquecino que tenía. Jamás había visto una bolsa. Me dio la risa y la bolsa se salía cada vez que me reía. La matrona se apartaba por si la rompía de golpe y la empapaba. Por lo visto hacía poco que la habían "bautizado". Cada vez que me reía la bolsa salía más y más y se tensaba.
Las matronas salieron y nos quedamos mi marido y yo, dado que lo que asomaba era la bolsa y no la cabeza. Noté un vuelco en la tripa y un golpe y pensé que se había roto la bolsa. Avisó a las matronas y se asomaron, sin embargo, la bolsa no estaba rota, a simple vista, claro, porque un par de minutos después la auxiliar le dijo que caía líquido. Mi Pequeñín había roto la bolsa por arriba e iba cayendo líquido poco a poco. Así que la bolsa se iba desinflando.
La matrona se empezó a poner los guantes, la bata y a preparar el instrumental, el parto era inminente. Como yo estaba muy cómoda de lado, me dijo si quería quedarme así o cambiábamos la postura. Realmente estaba cómoda, así que la dije que lo único que me levantaran la pernera para apoyar la pierna. Iba a dar a luz de lado, como di a luz con mi Bichito, pero apoyada sobre la pierna contraria.
La auxiliar colocó la bandeja para que viera cómo se había desinflado la bolsa y a mi me dio la risa. Empecé a reírme y no podía parar. Ya asomaba la cabeza de mi Pequeñín. Como yo no paraba de reírme, las matronas empezaron también a reírse, la auxiliar y mi marido. Entraron una enfermera y otra en prácticas y alucinaron cuando nos vieron riéndonos. Yo no paraba de reírme y les contagiaba y como ellos se reían, yo me reía aún más. La enfermera en prácticas preguntó si esto era siempre así y las matronas le dijeron que no, que nunca habían tenido una parturienta tan risueña.
Yo seguía riéndome y todos conmigo. Como cuando te ríes empujas, mi Pequeñín fue saliendo lentamente mientras su mamá, su papá y las que asistían el parto, se reían. No tuve que empujar, ni hacer fuerza, ni nada. Sólo reírme de felicidad, de lo contenta que estaba. Sentí cómo salía mi hijo, fue suavemente y pude verlo a través de la bandeja. Fue maravilloso. Me dolió, pero me encantó poder verlo y sentirlo. Terminé de sacarlo y la abracé, lo puse en mi pecho y le di muchos besos: "Ya estás aquí con mamá, mi Pequeñín".
Olía tan bien, tan arrugadito, tan sucio, tan, tan. Era maravilloso sentir su calor encima mía. Era precioso y se parecía mucho a su hermana. Tenía una carita muy dulce y su cuerpo era perfecto. Sus ojitos se abrían y se cerraban y se puso a llorar. Encima mía le limpiaron, no podía parar de mirarlo, era perfecto. Sentí una felicidad enorme dentro de mi, pero eché de menos a mi Bichito. Eran tan distintos y a la vez tan parecidos. Qué maravillosa es la vida y la nueva vida todavía más.
La matrona dijo: "Nada, ni un punto, perfecto". Ni episotomía, ni desgarro. Y el papi se dispuso a cortar el cordón umbilical, que nos había unido a los dos durante casi nueve meses. Para mi es importante que lo corte él, es algo muy simbólico, porque el cordón nos ha unido a los dos y es su papá el que lo corta, que le separa de mi, pero le une a él. Nuestra familia se hizo más grande y se llenó más si cabía de amor. A partir de ahora vamos a ser cuatro, cuatro para todo, para lo bueno y para lo malo, para las risas y para los lloros, pero sobre todo para amarlos y querernos. Yo quería haber donado sangre del cordón, pero como era viernes, no lo recogían. Por norma general, en este hospital el cordón se corta cuando ha dejado de latir, pero no lo comenté, aunque espero que fuera así.
Nos dejaron solos para que se estableciera la lactancia. Me dijeron que lo pusiera en el pecho, pero la cama no estaba en posición correcta y yo me puse un poco nerviosa. Quizá era porque intentaba que agarrara como su hermana, que cualquier posición es buena con la teta en la boca, o quizá fuera por otra razón, no lo sé, al final, de lado, se enganchó perfectamente. Pero tardó, no se puso a buscar cuando estaba en mi pecho y se demoró un poco la lactancia. Cuando vinieron las matronas me dijeron que el útero no se contraía y que estaba perdiendo un poco de sangre, así que me tuvieron que poner oxitocina, para que se contrajera el útero. Normalmente si el bebé se engancha al pecho, el cuerpo genera esa oxitocina y el útero se contrae poco a poco, pero en mi caso no fue así.
La verdad es que hubo un momento en el que no me encontraba demasiado bien, como un poquito mareada, pero no se me ocurrió que estuviera perdiendo sangre. Una vez que me pusieron la oxitocina, empecé a encontrarme mejor.
Mi Pequeñín mamaba perfectamente y me resultó raro mirar y no ver a mi Bichito. Cómo la eché de menos. El amor me invadía, le miraba y me sentía muy feliz. La naturaleza es increíble, después de compartir casi 9 meses por fin le tenía a mi lado. Es difícil explicar las sensaciones y las cosas que te vienen a la cabeza. Pero entre ellas sentí paz, todo había salido como esperaba y deseaba y mi Pequeñín estaba con nosotros y se encontraba perfectamente.
Vinieron las matronas y le cogieron para ponerle la pomada. Le vi de lejos y me pareció increíble que ya estuviera a mi lado. Pensé en estos últimos días, había sido duro pasar tantos días de contracciones y dilatar tan despacio, pero el parto había sido estupendo, mi Pequeñín estaba perfectamente, mi marido había podido acompañarme en todo momento y juntos habíamos disfrutado del parto y yo me encontraba muy bien, qué más se podía pedir.
Estuvieron a punto de sondarme por peligro a que me estallara el útero. Estaba tardando en contraerse y entre el suero que me pusieron con la epidural y la oxitocina, la vejiga estaba muy llena. Me pusieron la cuña (porque no me dejaron levantarme) y como yo ya no tenía epidural, pude hacer pis. Me libré de la sonda por los pelos y porque una de la matrona decidió darme un voto de confianza e intentar que lo hiciera yo por mi misma.
Hablé con mi madre, la pobre llevaba días muy nerviosa por mis contracciones y mi dolor y estaba afuera esperando en la sala de espera. No podía pasar y encima vinieron a decirnos que no había habitación, que en cuanto quedara una libre, me subían. Así que allí nos quedamos los tres, esperando en el paritorio.
Pero no todo quedó ahí, sino que siguieron sucediendo cosas que la semana que viene os contaré...
Hoy mi Pequeñín hace dos semanas. Feliz dos semanas Pequeñín!!
Buen fin de semana a todos, parece que la tónica de calor de esta semana va a seguir unos días, así que, disfrutarla!!!
P.D.: Hoy he publicado otro post en la sección de
Embarazo y Nutrición sobre las
Bondades de la Fibra para Prevenir la Preeclamsia y la Diabetes Gestacional. A mi me ha parecido muy interesante y os animo a leerlo y que me deis vuestra opinión. También podéis acceder a esta sección por el icono que aparece en la columna de la derecha, debajo de "Así soy yo".