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jueves, 16 de marzo de 2017

¡¡¡Feliz Cumpleaños Canija!!!!

Madre mía, Canija hace 4 años, ¡¡¡¡4 PRECIOSOS Y MARAVILLOSOS AÑOS!!!!

¿¿¿¿Cuándo ha pasado tanto tiempo????

Mi bebé pequeño, mi gitanilla, mi alma libre. La rubia con ojos azules que más se parece a su madre, manda narices.

Pues sí, hoy mi Canija cumple 4 años y yo me siento nostálgica porque no sé cómo se han pasado los años, aunque las noches las recuerdo perfectamente. Porque me gustaría detener el tiempo con ella, parar cada segundo de su vida y exprimirlo al máximo, aunque voy siempre corriendo y parece que de ella me pierdo más cosas.

Tengo la sensación que ha crecido mucho en un corto espacio de tiempo y mi bebé, que sigue y seguirá siendo mi bebé, corre a la velocidad de la luz mientras yo intento mirarla a cámara lenta.

La verdad es que los tres siguen siendo mis bebés, a mi Bichito, mi hija mayor, sigo diciéndole mi bebé grande y a ella le gusta que siga llamándola así. A mi Pequeñín, mi niño pecosillo, le llamo mi bebé mediano y es que él siempre ha sido mediano. Y a mi Canija, mi bebé pequeño, y es que ella sigue diciendo que es una bebé, creo que le gusta tan poco la idea de crecer como a mí de que crezca, así que ambas contentas :)

Además hoy se me han juntado varias cosas, hoy hace 4 años nacía mi Canija conviertiéndome en trimadre y hoy, por primera vez, mi hija mayor se va de viaje junto a su padre, motivo por el cual voy a dejar de ser durante 4 días, mami de familia numerosa.

Así que tengo el corazón encogido desde que me he despedido de mi Bichito y a la vez súper feliz de ver lo súper contenta que está mi Canija de cumplir 4 años. Aunque hoy...

Echo de menos mi barriga...
Echo de menos a mi bebé que simpre iba pegado a mí y ahora se escapa corriendo cada vez que intento cogerla...
Echo de menos los besitos tiernos de mi niño y eso que antes de dejarle en clase me ha dado mi ración de hoy...
Echo de menos a mi hija mayor y eso que todavía no ha emprendido el viaje...

¿A vosotros no os pasa que hay días que les echáis de menos y les habéis dejado hace escasos 10 minutos?

Lo dicho, hoy estoy muy nostálgica, pero no quería dejar de felicitar a la pequeña de mi casa

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS CANIJA!!!

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo... En el que este blog se escribía práctimente solo, en el que se agolpaban los post en mi cabeza uno detrás de otro, en el que sentía la necesidad de escribir y de compartir con todas aquellas personas que quisieran leer, lo que ocurría en mi mundo, pensaba o acontecía en mi día a día. Pero ese tiempo pasó y aunque a veces siento la llamada, no es tan fuerte como para sentarme diariamente y volver a las andadas.

Hubo un tiempo... En el que escribir ciertos post me servían de terapia, para ordenar mis ideas, para sacar de dentro ciertos sentimientos que tenía a veces ocultos, a veces escondidos, a veces dormidos. Pero ese tiempo ya pasó, aunque últimamente afloran algunos que me gustaría compartir sin que nadie me mirara a los ojos mientras lo hago.

Hubo un tiempo... En el que utilicé este blog para beneficiarme de una forma u otra, en el que hice publicidad y probé productos que las marcas me mandaban para que explicara si nos había gustado o no. Pero ese tiempo ya pasó y aunque a diario sigo recibiendo esos correos, aún habiendo en el último año sólo escrito 5 post, he preferido desvincularme de esta práctica, aunque nunca se sabe.

Hubo un tiempo... En el que respondía cada correo, cada comentario, cada palabra porque me sentía en deuda con todas aquellas personas que me leían y dedicaban aunque sólo fuera un instante de su vida para pensar en mí. Pero ese tiempo ya pasó y dejé de contestar comentarios y correos porque muchos eran de publicidad y de spam y llegó un momento que me llevaba muchísimo tiempo y empecé a agobiarme.

Hubo un tiempo... En el que pensé cerrar el blog, en el que pensé en dejar de pagar el dominio y eliminarlo por completo, pero de vez en cuando recibo un mensaje de alguien que me agredece que compartiera aquella experiencia, dado que se encuentra en la misma situación y leerme le ha ayudado mucho o gente que me deja un mensaje porque quiere saber cómo estoy o gente que le apena entrar en mi blog y que siga la misma entrada de hace seis meses.

Hubo un tiempo... En el que dejé de sentir la necesidad de escribir y compartir. Pero ese tiempo ya pasó. No sé cuanto, no sé cuando, no sé el qué, pero hoy he sentido esa necesidad y aquí estoy de nuevo.


viernes, 10 de junio de 2016

Cada día te echo de menos

Hoy me levanto feliz, como cada día de mi vida, con mis hijos, mi rutina, mi día a día.

Me levanto antes de la cuenta, desayuno, actualizo el archivo con las nuevas entradas semanales de la economía familiar. Canija se despierta pronto, así que mientras la doy el pecho como cada mañana, sigo introduciendo asientos y juego con sus manos. Después se despierta Pequeñín y aprovecho para hacerles el desayuno, levantar a Bichito y preparar todo para ir al cole y a mi rehabilitación.

No me percato en el día de hoy, no sé casi ni en qué día vivo, hasta que leo un comentario de mi madre en su Facebook que cuenta lo mucho de menos que echa a su madre. Entonces todo mis sentidos se activan, mi corazón me da un vuelco y me doy cuenta que hoy hace 11 años que murió mi padre y 25 años mi abuela. Y entonces mis ojos se llenan de lágrimas, cómo pasan los años y cómo os echo de menos. 

Qué pena tan grande me da ahora pensar en mis hijos, en lo que perdió mi padre, en lo que se están perdiendo mis hijos. 

Muchas gracias hijos míos, que me ayudáis a que cada día me levante feliz, hubo un tiempo en el que dolor no me lo permitía. Muchas gracias por preguntarnos por vuestros abuelos, por echarlos de menos aún sin haber vivido con ellos. Muchas gracias por ver parte de él en vosotros y así mantenerlo vivo, sois su legado, en parte su imagen, en algunas cosas su personalidad. 

Y aunque hoy es una fecha señalada, hoy no te lloro ni me acuerdo más que ayer, sino que cada día nos acordamos de ti, papá,  y hablamos muchos días de la desgracia de haberte perdido antes de tiempo. 

El miércoles hablaba con tus nietos porque me preguntó Pequeñín que si a su papá todavía le quedaba mucho para morirse y yo le contesté que sí y que ojalá tengan la suerte de no perderlos tan pronto como nos pasó a nosotros. Y les expliqué lo mucho que te quería y que tú eras el hombre que más me ha querido, dado que él todavía era un niño. Entonces él  me dijo que su papá me quería más y entramos en la explicación del amor al prójimo, a tu compañero, a tus hijos, a tus padres. 

Te quiero mucho, muchísimo, te echaré de menos cada día de mi vida, cada paso adelante será un paso sin ti, pero adelante, porque por suerte ya siempre miramos hacia delante. Somos una familia maravillosa, estarías orgulloso. 

TE QUIERO, 
Tu niña 

martes, 29 de diciembre de 2015

Hoy viajo a tu lado

Hoy me levanté para darme una ducha y al mirar mi móvil vi una foto en el whatsapp que me enviaba una amiga. Una foto que me trasladó a aquel momento, que mi hizo viajar a tu lado, en el que con mis bracitos intentaban abarcarte en un abrazo.

Hoy mis brazos se encuentran vacíos de ti aunque llenos de tus nietos.

Hoy mi corazón se llena de pena por tu ausencia.

Hoy me doy permiso para llorarte en nuestra soledad mutua.

Hoy dejo paso a tu recuerdo y estoy deseando enseñarle la foto a tus nietos.

Hoy, Papá, me doy cuenta de lo mucho que te echo de menos. Te quiero.


lunes, 7 de diciembre de 2015

Quitando pesos de encima

Ya no recuerdo la última vez que escribí, aunque saberlo es sencillo, cargo mi blog y leo lunes, 20 de julio de 2015. Preciosa fecha, mi hija mayor cumplió 6 años. Y desde entonces nada de nada. El 2014 mis post fueron disminuyendo aunque seguí manteniendo una continuidad, este último año ha sido un goteo de entradas, aunque muchas se agolpaban en mi cabeza, pero no tenía ni tiempo ni ganas para escribirlas.

Han sucedido muchas cosas en nuestras vidas, aunque necesitaba que ocurriera algo en particular que me liberara de un enorme peso de encima. No era un gran impedimento, pero no me dejaba terminar de centrarme y aunque intenté desvincularme totalmente, seguía estando en nuestro día a día.

Por fin sucedió y yo me siento mucho más ligera y feliz, más relajada, menos preocupada, más yo. Disfrutando de mi familia, sacando provecho al día junto a ellos, exprimiendo las horas del reloj en las que paso a su lado y valorando cada minuto que pasamos juntos. Respiro su maravilloso aroma y dejo que su olor inunde cada poro de mi ser y me invada y esa es el aroma de mi vida, es inigualable y asombrosamente mágico.

Es maravilloso cada día a su lado, disfrutar viendo como crecen, echando de menos a aquellos bebés que tuve y que se están convirtiendo en unos niños increíbles, con su carácter, con sus exigencias, con su amor, su energía, con su bondad. Y yo sólo puedo sentirme agradecida por poder compartir con ellos cada momento, los que estoy y los que no estoy, porque cuando no estoy, me los cuentan en cuanto estamos juntos.

Os agradezco mucho a todas aquellas personas que nos han echado menos, que me han contactado por si nos había ocurrido algo o a las que han encontrado el blog porque han dado con otras entradas que les han ayudado en mayor o menor medida. GRACIAS.

Nosotros estamos bien. Los niños fenomenal. Bichito se está convirtiendo en una niña dulce y muy cariñosa, con un amor muy puro y a la que le encanta aprender cosas nuevas. Con Pequeñín hemos avanzado mucho con su frustración y por fin hemos conseguido que aprenda a expresar cómo se siente sin hacernos perder los nervios (no siempre, pero la mayoría de las veces). Y Canija, aunque cueste creerlo, nos deja dormir incluso 6 horas seguidas.

Nos hemos mudado a una casa más grande y se nota muchísimo, no sólo por el espacio, sino porque tanto los niños como nosotros nos hemos adaptado enseguida y nos encanta cada centímetro de ella. Queda mucho por hacer, muchas cajas que desembalar, pero es nuestra casita y somos muy felices en ella.

El pasado febrero aprobé el curso teórico de asesora de lactancia y me encuentro en el último tramo de la parte práctica. Está siendo difícil, además del tiempo dedicado a las clases y los exámenes, hay que sumarle las horas de asistencia a los grupos de oyente y los supervisados. Estoy muy ilusionada y aunque está resultando un esfuerzo para toda la familia, también conlleva recompensa y estoy a punto de llevar mi propio grupo de lactancia en el centro de salud de mi zona (el jueves pasado lo inauguramos). Gracias a mi familia por el apoyo, a mi marido que me permite poder asistir a las clases y a mi madre que nos echa una mano para que yo pueda ir.

Seguimos disfrutando cada momento que estamos juntos y como podéis leer estamos muy bien y felices. Y vosotros, ¿cómo os encontráis?

lunes, 23 de marzo de 2015

Ni terribles 2 ni 3 ni 4

No puedo más. Lo intento, me repito una y mil veces que me controle, que no le grite, que tenga paciencia. Pero mi paciencia se agota y cada vez más y no es justo para sus hermanas tener una madre enfadada cada mañana.

Pequeñín es, por decirlo de alguna manera, difícil, siempre lo ha sido. Todavía recuerdo su primera rabieta, con 1 año recién cumplido, en el que tuve que inmovilizarle para que no se diera golpes, de como se puso. Aquel día terminé llorando trastornada por lo que había pasado, estaba claro que apuntaba maneras. La rabieta más virulenta de su hermana mayor (Bichito) fue la menor de él.

A medida que ha ido creciendo ha ido aumentando. Sus rabietas últimamente son constantes, liándose a patadas a gritos y a lloros, si no obtiene lo que quiere. Pero lo peor es el día a día. A todo dice que no, desayunamos? NO, nos vestimos? NO, nos vamos? NO, nos quedamos? NO y un largo etcétera, que acaba con la paciencia de cualquiera.

Y yo estoy harta, hasta tal punto que todavía estoy enfadada por la de hoy. Tengo que contenerme muchísimo, porque mi ser está llegando a un momento de rabia en el que me da la sensación que llegará estallar y que no soy capaz de controlar. Estoy cansada de que no quiera desayunar, no quiera vestirse, no quiera comer, empiece a decir "Puaj, qué asco!" cuando no quiere algo, cansada de pedirle que se ponga las zapatillas y que le importe una mierda y comience a jugar con ellas, que le pida que recoja y pase de mí, que le diga lo que sea y que sea justo lo contrario.

Estoy cansada de explicarle las cosas, porque no funciona. Estoy cansada de que el diálogo con él no sirva de nada. Agotada de esperar que esta situación cambie, porque en vez de mejorar, va de mal en peor cada día. Me siento realmente impotente de no conseguir hacer que esta situación cambie, empezar de buenas maneras y terminar gritándole exasperada de los nervios. Y lo peor es que me parece super injusto para el resto de la familia. Sus hermanas tienen una madre enfadada cada mañana porque al niño no le apetece hacer nada más que todo lo contrario y que a cualquier cosa que le pido, su respuesta es un no. Y da igual que me ponga a hacerlo con él o que le ayude, pasa olímpicamente de mí. Además, la forma que tiene de relacionarse con sus hermanas, es muy cansina. A Canija no la deja en paz, avasallándola, molestándola y apretándola todo el rato hasta que la hace daño y ella llora, y ahora le ha dado por gritar a Bichito al oído y pegarle algún puñetazo.

Una vez una coach me dijo que la rabia era un sentimiento que sólo duraba 20 minutos en el cuerpo, en mi caso llevo hoy así desde las 8 y ya son casi las 12. Y lo peor es que los sentimientos que nacen de mí no son positivos, más bien son negativos. Y me siento exhausta de luchar cada día contra él, cuando yo lo que quiero es ir junto a él, ayudarle y apoyarle en el día a día, que crezcamos juntos, pero es que me lo pone realmente difícil.

Con mi marido es igual, sólo que su paciencia ya está muchísimo más consumida y ha llegado a un punto que pedirle de buenas maneras las cosas, no es suficiente.

Pero lo más cojonudo es que si nosotros no estamos, se comporta de manera totalmente distinta. Colabora, ayuda, no grita, no tiene rabietas, acata cada cosa que se pide. Es el mejor niño de la clase, tanto es así que su profesora está alucina. Su monitora de comedor es la misma persona que se queda con mis hijos en verano mientras yo trabajo, pues está flipada de lo distinto que es. Jamás ha tenido que repetirle las cosas dos veces. Y con los familiares y amigos, tres cuartos de lo mismo. Mi madre no puede creer lo que yo le cuento.

Y yo siento rabia, pena, impotencia y un sin fin de sentimientos porque no entiendo y no comprendo por qué narices con nosotros se comporta de esta manera. Por qué la estabilidad familiar depende de él, por qué tengo que estar enfadada cada mañana, por qué al final termino gritando (prometo que lo he intentado, pero soy incapaz de conseguirlo), por qué mis hijas tienen que soportar esta situación continua. Cuando no consigue lo que quiere nos lía una detrás de otra y al final no podemos disfrutar juntos.

Y no se trata de una etapa, no, sino que llevamos mucho tiempo así. Y yo soy positiva, joder que si lo soy, pero hoy me siento perdida y buscando soluciones a esta situación, que no encuentro. No sé qué hacer. Busco alguna manera de conseguir cambiar la forma de relacionarnos y que todo fluya de mejor manera. Hay veces que termino llorando sintiéndome superada por un niño de 3 años que pasado mañana cumple 4. Necesito que esta situación cambie y que no me encuentre luchando con él cada momento del día en el que estamos juntos.

Intento aferrarme a ese niño maravilloso y amoroso que nos quiere con locura, al brillo de sus ojos, a su risa para intentar controlar mi ira, pero ahora mismo tengo unas ganas horribles de llorar. Por más que hablo con él y le explico las cosas, es como si no me escuchara lo más mínimo. Ver que el diálogo no sirve de nada genera un gran sentimiento de impotencia en mí  y me niego a darme por vencida, aunque a veces lo piense.

Si se os ocurre alguna manera o algo que pueda utilizar para intentar cambiar esta situación, os lo agradecería. En este momento me siento muy superada, agotada y abatida, como si cada uno de nosotros fuéramos su sparring, el foco donde libera su negatividad.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Sentimiento de Culpa

El sentimiento de culpa es una emoción inmovilizante y destructiva, que puede aparecer en cualquier momento de la vida.

Así es como me siento yo ahora mismo, tengo este sentimiento horrible que sé que no me merezco, pero que yo misma me impongo al preguntarme cómo podría...

 El lunes de la pasada semana fui con Canija a su control periódico de peso, porque Canija hace honor a su nombre y es chiquitita. Se sale de gráficas, de las creadas con niños alimentados a biberón y las de la OMS para niños alimentados con leche materna. Por debajo, bastante por debajo. Pero como sigue creciendo despacito, pues sólo la controlan mensualmente: que crece, fenomenal, que no, pues nos derivaran al hospital a que la hagan pruebas de la hormona de crecimiento, entre otros. Por ahora siguen controlándola en el centro de salud. He de decir que esto me genera estrés, porque aunque no vivimos pendientes de una báscula sí que nos condicionan las cifras que mes a mes nos regale el dichoso aparato.

Canija llevaba desde el viernes de hace dos semanas sin apenas comer porque tenía fiebre y un poco de tos. Por suerte comía teta y como no creía que fuera nada urgente, esperé al lunes para que la echaran un ojo además de pesarla. Se encontraba activa aunque con fiebre y con muchas ganas de cachondeo, pegando patadas a un balón y corriendo con sus hermanos. Después de pesarla y de coger en el último mes 10 gramos, en el mes anterior perdió peso, pasó a mirarle los pulmones como yo le pedí. No sonaban demasiado bien, por lo que aerosoles y control al día siguiente. Aquello no mejoró en 24 horas, radiografía, moco en el pulmón derecho con posibilidad de consolidarse, total que al hospital. Al entrar y ver que su saturación era del 91% pensé que ya no salíamos de allí.

 Aerosoles, oxígeno, etc, etc. Y después de varias horas y gracias a su excelente estado anímico, la dieron el alta con vigilancia extrema y volver al día siguiente. Bronconeumonía. No quisieron ingresarla porque efectivamente ella estaba colaboradora, jugaba, comía teta (aunque entonces su saturación bajaba a 88%) y reía muchísimo, así que mejor dormir en casa con 4 puf de ventolín cada 2-4 horas, antibiótico y corticoides y volver al hospital al día siguiente.

Miércoles y jueves en el hospital por el día y por la noche en casa ha hecho que se vaya recuperando poco a poco y así sigue a poquitos, peeeeeeeeeeero apenas comía. Total que ha perdido ya medio kilo y yo desespero. No sé ni que hacer porque a mí no me deja darle absolutamente nada excepto teta.

Al verme incapaz de que coma otra cosa que no sea teta, me ha crecido en mi interior un sentimiento de culpa por no producir más leche y alimentarla ahora que está malita con lo único que quiere. Y sí, mi pecho produce exactamente lo que Canija necesita y no más, pero aún así, sigo sintiendo esa horrible sensación y no dejo de echarme la culpa. Ver cómo tu hija pierde peso y cada día está más débil porque no quiere comer, genera un miedo difícil de gestionar, muy difícil.

Siempre que me llega este sentimiento de culpa me acuerdo de una gran amiga que ha recorrido ese camino de ida y de vuelta y que sabe gestionarlo. Yo, por desgracia, no lo consigo y admiro mucho su capacidad, su tenacidad y su fuerza interior. Sé que ella ha sufrido mucho para llegar a ese punto, como bien dice ha ido y ha vuelto, yo todavía me encuentro a medio camino. Me ayuda muchísimo hablar con ella y me siento una imbécil, por suerte ella siempre está ahí para escucharme y apoyarme, gracias bonita si lo lees.

Suelo ser demasiado retrospectiva hacia mí misma, pero me jode serlo en estos momentos porque siento impotencia y busco en mí el problema para encontrar una solución, pero ahora mismo el problema no soy yo. ¿Os ha ocurrido alguna vez lo mismo?

Canija va mejor, muy despacito, lleva días con diarrea porque además de estar ella mala hemos tenido un par de virus más que nos han afectado a todos, menos a Bichito, todo sea dicho.

viernes, 17 de octubre de 2014

Una vida de placeres

Una de las cosas que aprendí de Loreto Laguna el pasado sábado en #UnDiaDeCalma fue que dar las gracias cada día por algo nos hace sentir más felices. Para que algo se convierta en hábito debe de hacerse 21 días seguidos y yo quiero ponerlo en práctica.

Dar las gracias libera endorfinas que son las hormonas de la felicidad, así que voy a hacerlo pero a mi manera. Me explico: Voy a dar las gracias por tres cosas diferentes cada día y voy a empezar por mis hijos, que es lo que más quiero en el mundo. Voy a centrarme en ellos, que como son tres me vienen al pelo y voy a dar las gracias para verbalizar algo que me haya producido felicidad plena. Así, a lo largo del día podré tener conciencia de esos momentos y me acompañarán en el día. Allá voy:

- Gracias Canija porque he podido despertarte hoy comiéndote a besos. 
Qué preciosa está la jodía dormida, verla con sus ojos cerrados y quieta, descansando plácidamente. Poder acercarme a ella, tumbarme sin que se despierte y comenzar a darle besitos, por su cara, por su cuello y olerla mientras se despereza es maravilloso. Gracias, ha sido verdaderamente un placer.

- Gracias Pequeñín por tirarme al suelo de un abrazo y hacerme bollo.
Porque reírse por las mañanas es lo mejor del mundo y aunque últimamente tú y yo estamos con un tira y afloja, esta mañana ha sido súper divertido, sobre todo cuando han venido tus hermanas y se han tirado encima nuestro al grito de: BOLLOOOOOOOOO!!!!

- Gracias Bichito por tu ternura, tu despertar dulce y tus abrazos y besos.
Tener una hija tan dulce me hace ver la vida de color de rosa. A mí no me gustaba el rosa y desde que la tengo a ella me encanta. Te mira con esos ojos de amor que sólo puedes derretirte.

Yo he notado que vengo más alegre, aunque yo ya lo soy un rato, pero cuando he tenido algún bajoncillo me he acordado de estos tres momento y he empezado a sonreír.

¿Vosotros dais las gracias cada día? ¿Os unís a mí?

lunes, 6 de octubre de 2014

Repetimos

Nuestra casa sigue igual, yo sigo siendo la misma Gritona y Gruñona de hace diez días y sigo sin ser capaz de controlarle.

Canija duerme más horas del tirón peeeeeeeeeeeeeeero cada noche hace uno o dos despertares de hora y media y yo no sé si qué hacer. Con más horas del tirón me refiero a que hay noches, y digo hay porque no son todas, en las que se duerme a las 21:30-22:00 y hasta las 2-3 no aparece por mi cama. Peeeeeeeeeeeeeeero desde esa hora y hasta las 5 más o menos no vuelve a dormirse. Y entonces o se despierta cada 10-15 minutos o engancha hora y media y ya se levanta con las pilas súper cargadas mientras yo me restrego los ojos y me lloran.

Hoy Pequeñín no quería desayunar cereales con leche y cuando no quería más ha decido tirarlos al suelo y yo he perdido los papeles. Me ha costado mucho controlarme pero le he gritado, vaya que si le he gritado y me he enfadado mucho con él. Le he pedido perdón y él a mí y aunque luego hemos ido al cole riendo y me ha pedido que le llene las orejas de besos, tengo un nudo enorme en mitad del pecho y me siento triste.

Ya no sé qué hacer, incluso creo que voy a comentárselo a la pediatra, porque me afecta negativamente y no me gusta la persona que soy en este momento. Y no es que me sienta desbordada con tres, que nos apañamos la mar de bien aunque no tengamos ni un momento para nosotros, sino que me jode mucho perder los papeles sabiendo que los estoy perdiendo y sin ser capaz de no perderlos. No sé si me explico.

Hemos avanzado mucho, hoy de hecho ha dormido de 22 a 3:30, lo que hacen 5:30 horas del tirón, lo que me dice que mi hija medicación no necesita. Sin embargo, eran las 5 y todavía no se había dormido, ¿por qué? No tengo la menor idea, pero aunque se quedaba tumbadita a mi lado y relajada, intentando dormirse, era como si no pudiera. Luego se ha vuelto a dormir hora y media y ya no ha querido dormir más.

Como la viñeta que hoy ilustra el post, estoy segura que llegará el día que todas estas noches sólo sean un recuerdo

Así que por aquí más de lo mismo, poco puedo contaros diferente y por esto no actualizo el blog, pero sigo al otro lado de la pantalla.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Gruñona y gritona, lo tengo todo :'(

Llevamos una semana jodida, muy jodida. Hoy es uno de esos días en los que me levanto y no puedo dejar de pensar qué coño estoy haciendo mal. Canija duerme fatal, pero mal no, lo siguiente. Esta noche se ha despertado cada 45 minutos, en una de las veces se ha escapado y se iba ella tan ricamente al salón a jugar, cuando la he interceptado para traerla de nuevo a la cama. Eran sólo las 3 de la mañana y desde ese momento hasta las 5:30 se han sucedidos lloros por su parte y súplicas por la mía. Entre lloro y lloro yo me quedaba dormida durante segundos. Ella quería irse a jugar yo quería dormir. Al principio mi voz era cálida pero a medida que iban pasando los minutos la furia me invadía. A la hora he empezado a levantar la voz y debía de estar gritando porque se ha despertado mi marido. Al darme cuenta de que me estaba pasando, he vuelto a bajar el tono y comenzado a acariciarla de nuevo, pero daba igual, ella no quería dormirse.

La noche ha sido horrorosa, pero peor es el estado anímico que me ha dejado. He pasado toda la mañana enfadada y gracias a este enfado no he bostezado ni una sola vez. Todavía tengo los músculos de la cara tensos, pero he pasado de estar enfadada a triste. Triste porque últimamente grito más de lo que debería, mi paciencia está en menos 50, mi cansancio es un suma y sigue y me cuesta mucho controlarme. Me he vuelto una gruñona y gritona y me siento fatal por ello. Cada vez que lo pienso me arrepiento e intento cambiarlo sin conseguirlo. Ahora mismo no me gusto nada, pero nada, nada, nada. 

Sé que soy muy crítica conmigo misma pero lo único que me apetece es llegar a casa y abrazarles, pedirles disculpas por tener una madre tan gruñona y gritona últimamente, pero luego todos estos pensamientos se disipan y no soy capaz de frenar cuando empiezo a enfadarme. He llegado a un punto que creo que grito por sistema, que en cuanto Pequeñín no me hace ni puto caso le repito las cosas dos veces y lo siguiente es un grito. Él llora, me pide que no le grite y yo me doy cuenta de que otra vez me he vuelto a pasar, pero me está costando muchísimo gestinar mi ira. 

Las noches son mucho peores y aunque intento centrarme en el amor que siento por mi Canija, esta semana no lo estoy consiguiendo y levanto demasiado la voz. Tanto que creo que siempre hablo muchos decibelios por encima que el resto de las personas. 

Hoy es uno de esos días en los que me gustaría llegar a casa, acurrucarme en la cama y llorar como una niña pequeña y como no podré lo hago mientras escribo estas palabras. 

martes, 16 de septiembre de 2014

En la oscuridad

Y el silencio de la noche intento empatizar contigo y apaciguar mis nervios. Me cuesta mucho conseguirlo pero sé que este momento es especialmente duro para ti y al fin y al cabo soy yo la que cada mañana te deja en la guarde. 

Sé que me quieres y yo te adoro e intento centrar todos mis pensamientos en éste y olvidar que hace escasos 10 minutos estabas despierta y mamando por duodécima vez, que ya es la tercera vez en la noche que te saco los mocos y te mantengo erguida durante media hora para que te sea más sencillo respirar, que dentro de escasas dos horas tengo que levantarme para desayunar, poneros el desayuno a los tres (que tú no comerás), preparar los bocadillos y dejar a tus hermanos en el cole y a ti en la guarde. 

Y te prometo que estoy harta y que se acabó, que como te vuelvas a despertar me voy a cortar las tetas de raíz y lo digo con la boca chica y para mis adentros porque no hay nada más maravilloso que amamantarte, aunque haya veces que me las arrancaría. 

Y me pregunto de dónde coño sacas las fuerzas, si tu siesta es de media hora y por la noche apenas dormimos. 

Y entonces cuando voy al baño y me veo reflejada en el espejo recuerdo que eres la que más se parece a mí o eso dicen...

lunes, 15 de septiembre de 2014

El tiempo pasa

Y yo sigo sin actualizar mi blog, sin tener ni 10 minutos para escribir algo decente. Ya no importante, que esas cosas llevan su tiempo, cualquier cosa hubiera sido buena para no sentir que lo tengo abandonado y a punto de dejar de subsistir. Pero sí, lo tengo abandonado, no nos engañemos y no sé ni cómo ni cuándo conseguiré escribir todo lo que siento y todo lo que pienso.

La última vez que publiqué fue hace casi un mes y desde entonces han pasado algunas cosas que me habría gustado compartir, pero que no he podido.

De la noche a la mañana pasé de casi seguro estar en la lista del ERE de mi empresa a afrontar 2 años (prorrogables a 2 más) en mi cliente, el que siempre he tenido desde que estoy en mi empresa (casi 7 años ya). No me lo esperaba, la verdad, pero fue muy agradable sentirse útil y valorada laboralmente. Mi reducción de 6 horas, mis horas de entrada y salida (de 10 a 16) y que además mi empresa no se ha presentado al concurso, no han sido suficiente para que el propio cliente haya presentado mi curriculum para que la UTE (Unión Temporal de Empresas) que ha ganado este año me subcontratara. Sé que es muy lioso, que a menos que hayas pasado por esto no vas a entenderme, pero tampoco creo que merezca la pena explayarme mucho más.

Estando de vacaciones en septiembre me comunicaron que se había quedado la UTE sin dinero y que tenía que incorporarme a mi empresa hasta la firma del nuevo concurso. Y aquí estoy, haciendo la semana pasada la adaptación de los niños al cole y a la guarde y esperando de nuevo en mi empresa a que se firme el contrato (para finales de esta semana o principios de la siguiente).

Mi última semana ha sido muy caótica, la adaptación ha sido muy complicada con tres hijos y teniendo que estar a la misma hora en dos sitios a la vez. Además, Canija se ha adaptado mejor de lo que espera o aparentemente, pero las noches están siendo una pesadilla. Se despierta entre 10 y 20 veces, no dura ni 1 hora seguida durmiendo, incluso una noche ni 10 minutos. Sé que es su manera de expresar su descontento e intento entender y empatizar con ella en la oscuridad y el silencio de la noche.

Sin embargo, con una noche terrible en la que hemos dormido entre 2-3 horas en rangos de 10-15 minutos debido a los mocos, afronto esta semana con muchísima ilusión. He cambiado mi horario de entrada de forma que soy yo la que me encargo de despertar a mis hijos, darles el desayuno y llevarles al cole, sin tenerles que hacer madrugar más de lo que deberían y mi marido les irá a buscar a su hora de salida. Además, en estos días estamos perfilando nuestros sueños y dejándonos llevar por nuestros deseos. Se esperan decisiones importantes en nuestra familia, que quizá llevaremos acabo en este curso que comienza. Todo siempre con la ilusión y la unidad de nuestra gran familia y siendo conscientes que las decisiones que tomamos es por el crecimiento y el bienestar familiar.

Espero que vuestras vacaciones hayan sido geniales y que tengáis muchas alegrías este curso que empieza. Podéis compartirlas conmigo, la verdad es que me encanta leer vuestros comentarios y correos y os agradezco que me hagáis partícipes de vuestro día a día. BESITOS

miércoles, 23 de julio de 2014

Mi Princesa, gracias

Hace tres días fue el cumpleaños de mi Bichito y he tenido que esperar hasta hoy para poder escribir algo y contar cómo me siento. Son en estas fechas señaladas en las que experimento más momentos de autocrítica y soy más consciente del tiempo que ha pasado.

5 años cumplió mi princesa el pasado 20 de julio, 5 años cumplí yo como madre.

Miro a mi princesa, tan dulce, tan cariñosa, tan preciosa y no deja de parecerme un bebé grande al que sus padres (osease, nosotros) le han convertido en una niña con más responsabilidades de las que debería. Mirarla a sus 5 añitos y ver que es la hermana mayor de dos hermanos y que la pequeña ya tiene más de 1 año, me da mucho vértigo y me hace reflexionar sobre si nuestra decisión fue justa para ella. Es la mayor, y aunque no queramos dado que la responsabilidad de sus hermanos es nuestra, se atribuye ciertas obligaciones que otros no la tendrían.

Vela por la seguridad de sus hermanos, con cariño y mucha devoción, porque los quiere con locura y solo hay que verla con ellos para ver lo importante que son para ella.
Marca el camino e intenta que su hermano y su hermana no rompan, no peguen, no ensucien, etc, etc.
Sus hermanos son sus maniquís, no necesita cabezas de muñecas ni muñecos para pintarlos, peinarlos o disfrazarlos, tiene dos hermanos con los que jugar, reír y disfrutar.

La miro enamora de ella, de la niña que es y me encanta ver la vida desde sus ojos tan creativos y despistados. Podría pasarme horas escribiendo sobre ella porque es maravillosa, cada célula que compone su cuerpo es absolutamente perfecta. Me embriaga cada recuerdo suyo, fue la primera de casi todo, la que hizo que yo naciera también aquel 20 de julio.

Y aquí estamos, creciendo las dos, porque yo tampoco soy aquella mujer, ni por asomo. Mucha gente piensa que las personas no cambian, que son en su esencia, la misma. Yo estoy segura que he pasado por muchas etapas en mi vida y que he ido cambiando a lo largo de ella. Pero desde luego el día que nació mi princesa nació otra persona totalmente distinta dentro de mí.

Al principio, era un nudo en el estómago y en la garganta, diciéndome cómo debía hacer las cosas y yo la escuchaba pero seguía rigiéndome por mi cabeza y por aquellas cosas que había leído/oído. Poco a poco, fui dejándola crecer, escuchando cada cosa que me decía, dejando que esa luz embargara mi cuerpo. Mi instinto crecía dentro de mí, arrasando convicciones estipuladas y socializadas, llenando cada cubículo, cada rincón de mi cuerpo y creciendo en mí. Y la dejé crecer, no le puse barreras sino que la ayudé con rampas para que su desarrollo fuera más grande. La permití embriagarme con mi propia esencia, la que nace de las entrañas y su luz inundó mi vida.

Y desde entonces soy feliz, con mis equivocaciones, mis defectos y mis fallos, pero feliz. Con mi falta de sueño, mi culo inquieto, mi vida estresante, pero feliz. Con mi no poder morderme la lengua, mi pasión por las cosas en las que creo, mi carácter directo, pero feliz. Con mis amigos, mi familia, mi marido maravilloso y mis increíbles hijos, pero inmensamente feliz.

Gracias hija mía, se me llena el corazón de alegría sólo con pensar una milésima de segundo en ti, se me llenan los ojos de lágrimas y me emociono porque tengo que darte las gracias cada día de mi vida.

Soy feliz gracias a ti, porque desde que estuviste en mi vientre fuiste tú la que dio comienzo a este cambio, este camino extraordinario en el que me acompañas cada día. Perdón por no escucharme antes y poder disfrutar de la mujer completa y segura con las que se encontraron tus hermanos. Porque tú has sufrido más ese cambio, ese ensayo-error, esas miles de preguntas que siempre me hice y que tú, con el brillo de tus ojos respondiste.

Seguiré creciendo junto a ti y recorriendo este fantástico camino que estamos recorriendo juntas. Y junto a tu padre y a tus hermanos saltaremos todos los obstáculos y seguiremos bañándonos en la felicidad que inunda nuestras vidas.

Gracias mi princesa y Feliz 5 cumpleaños. Te quiero.

martes, 10 de junio de 2014

Te perdí

Han pasado 9 años y sigo echándote de menos. Sigo viendo a personas por la calle que me recuerdan a ti, como si de pronto fueras a aparecer y darme uno de esos abrazos de oso en los que me sentía segura.

Hicimos muchas cosas mal, entre ellas no pasar más tiempo juntos y ahora ya es demasiado tarde.

Te echo mucho de menos papá y ya hace 9 años que te tumbaste en tu cama a dormir y no volviste a despertar. Así, de la noche a la mañana, sin avisar, te perdí. Y no sólo yo te perdí, porque mis hijos perdieron a su abuelo y tú perdiste a tus nietos.

Hoy lloro de rabia, de impotencia y de tristeza, por no tenerte a mi lado, por notar esa ausencia que ni toda la alegría de estos últimos años ha logrado ocultar.

Hoy tengo un nudo en la garganta desde que me he despertado, siento un vacío enorme en mi corazón.

Hoy es uno de esos días en los que toda la nostalgia por tu pérdida vuelve, donde recuerdo aquel fatídico día, donde rememoro el abrazo de tus enormes brazos y me invade la pena.

Hoy me permito llorar, porque lo necesito, porque cada célula de mi cuerpo siente dolor y no quiero reprimirlo.

Hoy quiero y necesito echarte de menos con cada trocito de mí y lloraré porque mis hijos perdieron un abuelo aquel 10 de junio, porque yo perdí a mi papá.

lunes, 5 de mayo de 2014

El Arreglador


Bichito está en esa edad maravillosa en la que no para de hablar. Verbaliza absolutamente todo, hasta el extremo. De hecho, hay veces que llega a marearte sin parar de hablar, no es capaz de estar más de 1 minuto sin que salga una palabra de su boca. Y así, sus comidas se eternizan y sus explicaciones me recuerdan a un círculo que no para de moverse.

Me hace mucha gracia como Pequeñín la mira y lo bien que se entienden. Él hablar habla, entendérsele, muy poco, pero ellos dos pasan horas hablando y comprendiéndose a la perfección. A veces, me paro a escucharles e intento comprender lo que dicen.

El otro día, mientras íbamos todos en el coche, mi Bichito nos iba describiendo a cada uno de nosotros. Así, Canija era un poco gamberra, que sacaba todos los juguetes y le tocaba recogerlos a ella, Pequeñín le quitaba las cosas cuando ella las utilizaba, no le dejaba hacer sus trabajos y pegaba a Canija, yo hacía comida muy rica y les quería mucho y su padre, aunque se enfadaba muy a menudo, era el mejor arreglador del mundo.

Miré a mi marido y estaba emocionado, "WOW, el mejor arreglador del mundo!", llegué incluso a sentir envidia. El mejor arreglador del mundo. Y tiene razón, a mí cada vez que se me rompe algo le pido a él que me lo arregle y si los niños me traen algo estropeado, enseguida les mando con su padre para que se lo repare. De todos los adjetivos del mundo, quizá sea el mejor que defina a mi marido, y con 30 años más que ella, yo no habría sido capaz de elegir uno mejor.

Últimamente he visto algunos videos que circulan por la red en los que se preguntan a los peques sobres sus madres mientras ellas les están viendo en otra habitación, se emocionan al darse cuenta que para ellos somos las mejores y al escuchar todas las cosas maravillosas que dicen de nosotras.

En nuestro caso sólo ha sido necesario callarnos un rato y escucharla, saber qué opina de cada uno de nosotros, mientras ella, desde su inocencia, nos describía con mucho cariño. Cuando la escuché mi descripción no me percaté de que fuera tan bonita hasta que la he escrito hoy. Para ella soy su mamá y tiene claro que les quiero mucho y me encanta que sea capaz de transmitir mi amor incondicional por ellos. 

Son esas pequeñas cosas maravillosas que ocurren cada día, que te sacan una sonrisa y hacen que tu vida sea plena y feliz. Cada vez que lo recuerdo mi corazón salta de alegría y mi alma se llena de amor.

¿Os habéis parado a escuchar alguna vez a vuestros hijos sin que ellos se percaten? ¿Os ha ocurrido lo mismo que a mí y habéis conseguido saber qué opinan de vosotros?

miércoles, 30 de abril de 2014

Necesito escribiros

Creo que desde que abrí el blog esta es la temporada que más he pasado sin actualizarlo, pero nunca encuentro el momento idóneo para hacerlo. Me de muchísima pena no ser capaz de sentarme un rato y dedicármelo a mí misma, a contaros cómo estamos, a escribir cómo me siento o preparar algún post interesante (o no, eso depende del lector) sobre lactancia materna, crianza con apego, economía familiar o simplemente (como hoy) ordenar las ideas de mi cabeza.

Mi día a día está siendo bastante caótico, la agenda de mi Bichito cada día es más amplia y yo me encuentro llevándolos de un sitio a otro, no puedo ni imaginarme cuando lleguen los tres al colegio y se sucedan las invitaciones. Sólo pensarlo me da vértigo. Y así voy tachando los días en el calendario.

Canija se encuentra bien de su neumonía, hecha una gamberrilla, está recuperando el peso que perdió y un poco más. Estas semanas no está yendo a la guarde y le está viniendo fenomenal, cada día la veo mucho más activa y animada. Aunque las noches no son buenas del todo, es cierto que se despierta menos veces, si bien, con esto de que el sol se va a dormir tarde, nosotros también y al final me acuesto sobre las 12 de la noche, lo que hace que si se despierta 4-5 veces lo haga en mis 6 horas de sueño y es criminal.


Pero hoy, por lo que escribo este post, es porque ayer me di cuenta que lo necesito. Mi nivel de estrés está llegando a sus niveles más altos y no es porque tenga cien mil cosas que hacer, que también, sino porque no estoy haciendo nada que me ayude a relajarme y, por lo tanto, es un suma y sigue. En la vorágine de mi día a día sigo sumando y sumando cosas, lo que me está llevando a tener pesadillas de nuevo, a sentirme mucho más irascible, a que mi nivel de tolerancia al comienzo del día sea bajo y partamos con un nivel de estrés importante, por decirlo de forma gráfica, en un nivel naranja. A partir de entonces violar la línea que separa tratar cualquier conflicto de forma relajada es bastante fácil y se sobrepasa enseguida, luego me arrepiento de haber gritado a mis hijos o de comportarme de forma exagerada en ciertos temas.

Y así, y por este estrés, he pasado unos días bastante baja de moral, con poca gana de todo y algo enfadada con el mundo. Creí que entonces era mejor no escribir en el blog y fueron pasando los días. Ayer descubrí que a mí escribir en mi blog me relaja, que necesito expresarme y canalizar mis sentimientos a través de estas palabras que os escribo cada poco tiempo y reconocí que tenía que dedicar unos minutos a ello. Aunque terminara saliendo un post un poco desectructurado (como el que lees) o un churro-post (también como el que lees) o cuatro frases sin sentido en el que desahogarme y sacar mis sentimientos, lo necesito. Lo necesito, sentarme 20 minutos y hablar con vosotros o creer que hablo con vosotros y os cuento cómo nos va, lo que nos ha pasado últimamente o simplemente lo mal que dormimos (algo de lo que podía escribir cada mañana).

Necesito esto y mucho y debería haberme dado cuenta antes, aunque sea con Canija a la teta o purulando entre mis piernas o ambas cosas como ahora mismo. Escribir en el blog no sólo me relaja sino que me sirve de terapia. Muchas veces nos olvidamos de nuestras necesidades, de lo que verdaderamente nos hace bien, para pasar a ocuparnos de las que creemos que necesitan los demás, nos abandonamos creyendo que podemos pasar sin ellas. Debemos de ocuparnos de nosotras mismas, porque no siempre las personas que nos quieren y tenemos cerca se dan cuenta de ello y nos miman.

¿Os dedicáis tiempo a vosotros mismos? ¿Os habéis parado a pensar qué acción tenéis que realizar exactamente que os permita levantaros más relajados, sin el nivel de estrés en la zona ya naranja?

lunes, 24 de marzo de 2014

Mi nuevo Yo por Cristina Mayoral Ilustración


¡¡¡Nooooooooo, no te vayas, que no te has equivocado!!! ¿Te gusta?
¡¡¡SOMOS NOSOTROS!!!

Lo sé, hace mucho tiempo que este blog necesitaba un cambio de imagen, mucho más dinámico, mucho más alegre, mucho más divertido, pero, sobre todo, mucho más personal. Que conste que ha costado bastante, pero sobre todo ha llevado mucho tiempo.

Este nuevo look viene de la mano de Cristina Mayoral Ilustración y tengo que decir que estoy encantada, no sólo por la preciosa ilustración que ha configurado de nosotros, sino también por todos sus consejos y su ayuda, aunque sobre todo por tener paciencia conmigo retocando cada cosa que a mí no me cuadrada. El resultado es increíble y estoy extremadamente contenta.

Conocí a Cristina hace ya unos años y, antes de pedirla que nos hiciera esta ilustración personalizada, le dejé algo mucho más importante, a Cristina la conocí en la Escuela Infantil donde van mis hijos. Además de recoger cada día a mi Pequeñín y darle su bibe de leche materna, ella le cuidaba junto a su profe. Mi hijo quería mucho a Cristina. Cuando yo volvía del trabajo y llegaba a la guarde, iba a darle el pecho, me sentaba junto a ella y hablábamos mientras la observaba pintar. Así, poco a poco fui descubriendo su destreza con el lápiz, su habilidad con el color y su gran pasión, dibujar.

Fui conociendo su trabajo y pronto me di cuenta que quería que fuera ella la que ilustrara mi blog. Sin embargo, y aunque lo intenté en varias ocasiones, nunca parecía ser el momento idóneo. Incluso me dijo que buscara por otros sitios, que ella me orientaría, etc, etc. Pero yo en el fondo quería que fuera ella.

Un día me confesó que ella quería ser ilustradora, pero que tenía mucho que estudiar y claro, con el trabajo en la escuela no la daba tiempo a hacer todos esos cursos que tanto la gustaban. Así que este año cuando en septiembre no se incorporó, me alegré mucho por ella porque supe que había empezado a vivir su sueño.

Al final de uno de sus muchos cursos me aventuré de nuevo a pedírselo y, por fin, me dijo que sí. Mi marido quiso regalármelo hace ya más de dos años, pero yo no encontraba quien supiera captar exactamente lo que buscaba. En el fondo creo que sabía que sólo ella iba a ser capaz de captar mi esencia.

La espera ha merecido la pena. Entre otras cosas porque si no hubiera esperado no habría salido Canija y tendría que haber hecho el trabajo de nuevo. Pero una vez que nuestra familia está construída sólo faltaba tiempo, un lápiz y sus dedos para ponerse manos a la obra.

Aunque Cristina nos conocía, le fui contando cosas de nosotros, le enseñé fotos de todos, le expliqué pequeños detalles importantes en nuestra familia y ella se puso a crear. De pronto, un día, me mandó un boceto. Cuando lo vi me quedé alucina, había logrado captar exactamente lo que yo quería. Un retoque por aquí, un retoque por allá, pintamos y... ¡Tachán! Este fue el resultado. ¡¡¡A que es precioso!!!!

Me encanta mi nueva imagen y a mis hijos mucho más. Cada vez que cargaba el blog de pruebas se emocionaban al verse ilustrados y se fijaban en cada detalle: "¡Mira mami, Canija en la emei!".

Cristina tiene un blog donde va publicando y enseñando sus trabajos. Se dedica a hacer ilustraciones para blog, invitaciones de boda, comuniones, ilustraciones personalizadas, etc. Tanto en su blog como en Facebook y Twitter podéis ver sus trabajos y todos los que hará. Si alguien está interesado puede contactar con ella en cristinamayoral.ilustracion@gmail.com.

Cris, mi blog ha quedado aboslutamente fantástico, estoy encantada. Muchísimas gracias, has hecho un trabajo absolutamente perfecto y te deseo muchísima suerte. Te irá bien, estoy segura, porque se nota todo el amor y el cariño que le pones a tus craciones, la dedicación y la cantidad de horas que echas en cada encargo. Y gracias Ale por este maravilloso regalo, te quiero.

Y a vosotros, ¿qué os parece? ¿Os gusta? Estoy muy nerviosa y quiero que me digáis exactamente lo que pensáis, porque al fin y al cabo vosotros sois los que vais a verlo cada día. Ains, ¡qué nervios!

miércoles, 22 de enero de 2014

Angustia de separación

Canija sufre angustia de la separación y eso la genera muchísima ansiedad. Mi vuelta al trabajo ha llevado a que pasemos menos horas juntas y pegaditas y ambas no lo llevamos demasiado bien.

Desde que me incorporé a trabajar, ella tiene que ir a la guarde y aunque poco a poco lo va aceptando, lo ha pasado francamente mal. El momento de dejarla ha sido muy triste, verla llorar cuando la cogía su cuidadora ha sido muy frustrante y muy doloroso. En el tiempo que pasa en la guarde tiene ratitos, cuando se acuerda llora, pero gracias a las actividades que hacen y a sus cuidadoras, poco a poco van siendo menos. Sin embargo, cuando aparezco se pone muy nerviosa, llora hasta que la tengo en mis brazos y no puedo soltarla ni para atarme una zapatilla, ponerme el abrigo o mear.

Yo no sé si os lo había contado pero empecé a ir a clases de Yoga en noviembre aprovechando que estaba exonerada y me quedaba con mi Canija. A veces iba con Canija y otras veces se quedaba con su padre e iba yo. Como no la llevaba a la guarde ella se quedaba tranquila. Aquel primer día de guarde decidí no volver más. Ella me necesitaba, si bien yo pasaba 8 horas fuera de casa en las que nos echábamos de menos, encima irme por la tarde iba a ser horrible para ambas. Ella se tenía que separar de mí de nuevo y yo, que aunque el yoga me gusta, iba a estar pendiente de la hora para volver con mis hijos a los que no veía desde primera hora de la mañana. ¿Para qué hacer algo que no vas a disfrutar? Mejor estar junto a mis hijos y tener a Canija pegada cada segundo.

Y cada segundo es cada segundo. Si la dejo porque tengo que ir al baño, quitarme la ropa o ponerme el abrigo, ella llora de manera desconsolada. Si mi marido la coge ella intenta tirarse. Ya va aceptando poco a poco que otra persona la intente calmar, pero hay momentos en los que sólo yo lo consigo.

Esta angustia y ansiedad que está sufriendo va mejorando poco a poco, ahora algún minuto y un par de metros son el límite un par de veces al día. Si salgo de la habitación para ir a la cocina ella lo nota, me busca y se pone a llorar. Si me voy de casa cuando vuelvo y sabe que soy yo ya puedo ser rápida en tomarla en mis brazos porque o se tira de los de su padre o llora desconsoladamente totalmente bloqueada.

Si yo sólo la tuviera a ella sería sencillo, porque podría dedicarle todo mi tiempo en exclusiva, pero tengo dos más y ellos también necesitan mi atención. Si bien, mi marido es el que se encarga de estar más con ellos porque Canija me necesita a mí, exclusivamente a mí y no permite que sea otra persona, y mis hijos más mayores disfrutan mucho con su padre.


¿Esto que le ocurre a Canija es normal?


Extremadamente normal. Bichito y Pequeñín también lo han sufrido en menor medida. Mis hijos tienen lo que se denomina "apego seguro" y es por esto que la separación con su madre, que es su figura de apego, osease yo, les cuesta. Por desgracia y debido al tipo de sociedad que vivimos, tenemos que separarnos mientras yo voy a trabajar y ellos van resignándose al hecho de que tienen que estar con otras personas, en nuestro caso en la guarde, hasta que mamá vaya a por ellos.

Mi Pequeñín sí tiene forjada una relación de cariño, amor y respeto con su profe y su evolución ha sido más rápida. Pero mi Canija no, entre otras cosas porque apenas conocía a la cuidadora, aunque yo he pasado muchos días con ella en clase. Pero poco a poco va resignándose al hecho de que mami cuando la lleva no volverá en varias horas. E igual que yo sufro su ausencia en el trabajo, ella lo hace allí. Yo no lloro aunque me iría en ocasiones a hacerlo en el baño, echando de menos a mis hijos y con ganas de estar junto a ellos. Ella llora porque yo no estoy y la comprendo tanto.

Ella va llevándolo un poquito mejor y yo me alegro de que sea así, porque cada día se me parte el corazón cuando la dejo.

¿Vuestros hijos han experimentado esta angustia de la separación en alguna situación?

Si queréis leer más sobre este tema os dejo el enlace de un artículo de Carlos González aquí.

lunes, 20 de enero de 2014

No Conseguido (Reto del Rinoceronte Naranja)

Hace varios meses me propuse no gritarles a mis hijos. Hubo una explosión del Reto del Rinoceronte Naranja y muchas fueron las blogueras que se animaron a hacerlo y ha compartir sus experiencias. Yo fui una de ellas e intentando sacar mi lado más zen, me propuse conseguirlo.

Hoy, 5 meses después, me gustaría contaros que no sólo no lo he conseguido sino que lo normal en mí está siendo hablar a gritos. No soy capaz de encontrar mi lado zen, de hecho creo que ni siquiera existe. Cada mañana me levanto diciéndome a mi misma que no voy a gritar y en cuanto Pequeñín lleva despierto 10 minutos, ya estoy alzando la voz.

Mi Pequeñín es un niño inquieto, que necesita mucho contacto físico, que madruga demasiado y que no deja a Canija ni a sol ni a sombra. Siempre tiene que jugar a su lado, la abraza y la mima y la quita los juguetes, pero como ni controla su fuerza ni dónde pone la pierna, pues al final se lleva un golpe y llora. Y yo me crispo, porque ya llevo media hora diciéndole en repetidas ocasiones que la deje, que hay que tratarla con cuidado porque es un bebé, que la va a hacer daño y debe de intentar ser más precavido con ella, que no juegue pegado a ella porque puede darle sin querer y terminar llevándose un golpe. Resultado final: Canija llorando, yo gritando y Pequeñín llorando porque mamá está enfadada.

Esto un día tras otro, cada mañana, no hay quien lo resista, o sí, pero yo no. Así que ya hace tiempo que el reto de no gritar no lo he conseguido, pero ya no sólo a mis hijos, sino a cualquiera que en ese momento cruce dos palabras conmigo.

Tal es mi estado de nervios en esas circunstancias que mi rabia y mi agresividad la canalizo gritando, porque si me dejara llevar cuando hace daño a su hermana pequeña habiéndoselo advertido cientos de veces, yo no sé qué haría. Pero es que me sube un calor desde lo más profundo de mis entrañas que me cuesta muchísimo controlar. Tanto es así que conseguir controlarme me cuesta un triunfo y me pongo a gritarle. Y luego le pido perdón y me digo a mí misma y a él que mamá va a intentar no volverlo a hacer, pero me vuelve a ocurrir.

Y no me gusta esta faceta de mí que no consigo controlar, no me gusta la clase de madre ni de persona en la que me convierto en esos momentos y no quiero que mis hijos crean que eso es "lo normal", que gritar es algo que se hace cuando una mamá se enfada, porque no lo es. Para mí es importantísimo la imagen que ellos tienen de mí porque se convertirán en personas con ese mismo reflejo y no quiero que ellos griten a los demás cuando se enfaden.

Cada mañana de esta semana pasada me he levantado pronto para tener un momento para mí y Pequeñín se ha levantado cada día antes reclamándome constantemente sin dejarme ni un rato, sin entretenerse con nada. No conseguir ese momento ha marcado mi día a día y me ha llevado a estar más tensa, controlar menos la situación y salir de casa cada mañana con los tres enfadada desde primera hora y, por supuesto, gritando. Porque una vez que llego a ese punto, cualquier cosa me saca de quicio y Bichito termina llevándose gritos por cualquier situación que me genere un poco de estrés añadido al comienzo del día.

Así que el viernes, y gracias a los consejos de mi marido, empecé el día sentada con Pequeñín desde las 6:30, que era lo que él quería, y resignada a perder ese tiempo para mí misma. Decidí que si negárselo hacía que la mañana transcurriera a gritos, pues me ponía de su lado y le dedicaba ese momento sólo a él, que es lo que él necesita. Decidí que nuestra estabilidad familiar emocional era más importante que actualizar el blog o responder un correo o hacer un pedido de mercancía o leer algún artículo importante, etc, etc. Y el día fue mucho mejor, yo estaba más animada y menos nerviosa, por lo que no grité a Pequeñín, ni a Bichito y todo fue sobre ruedas.

Hoy también ha sido un buen día, pero hoy no cuenta porque no ha madrugado y yo he tenido un ratito para mí.

Sin embargo, lo que no consigo controlar bien es mi furia. Yo tengo muchísimo pronto, cuando era más joven mucho más, pero con los años he conseguido mantenerlo cada vez más a raya. Pero últimamente me altero enseguida y recuerdo que los gitos era lo que más odiaba de mi padre.

Cuando mi marido ve que me voy calentando viene y me aparta, toma el control y aunque yo me cabree como una mona, se lo agradezco porque yo voy subiendo el tono y enfadándome cada vez más. Incluso he intentado irme en el momento más álgido, pero a menos que él venga a por mí, no soy capaz de hacerlo.

Sé en qué punto estoy y sé a dónde quiero llegar, sin embargo, no soy capaz de conseguirlo. Y no es que me siente frustrada, no, me siento apenada porque no soy capaz de tratar a mis hijos de la manera que quiero y no como últimamente, gritando a la primera de cambio. No me gusto y eso me crea mucha tristeza.

¿Os ocurre lo mismo? ¿Cómo conseguís frenaros?

lunes, 16 de diciembre de 2013

Envejecida

Me miro al espejo cada día y hasta hace unos días creía que el reflejo que me regalaba era siempre el mismo. Sin embargo, los años han pasado y yo he envejecido bastante.

El otro día, al hacer la foto de Navidad con mis hijos y verla en el ordenador me di cuenta de ello. Qué mayor me había hecho en un año!!! Mi rostro ha envejecido mucho y yo al verme sentí todos esos años de golpe.

Y sé que estoy bien, que me he recuperado fenomenal físicamente, de hecho es que tengo el peso de cuando me casé, pero mi cara muestra el paso de los años.

Y también sé que es normal, que las noches que da Canija no son para tener un rostro terso y brillante, al contrario, pero jode darse cuenta.

Y ser consciente de ello me ha sentado francamente mal y ahora cada vez que el espejo me devuelve mi propio reflejo lo único que veo son arrugas de expresión, ojeras, una tez apagada y mucho cansancio.

Y miro a mis hijos y a mi marido, que son la luz brillante de mi rostro reflejada en mis ojos, escucho los "Te quiero mucho mamá" de Pequeñín, "Eres la mamá más guapa del mundo" de Bichito y los besos llenos de babas de Canija y me siento muy feliz, pero eso no quita que yo haya envejido y me haya dado cuenta de pronto.

Sé que esta sensación y este sentimiento es transitorio, que se me pasará en cuanto sea capaz de asumir que no sólo son ellos los que cumplen años, pero joder cómo cuesta!!!

¿Os ha pasado a vosotros lo mismo alguna vez o simplemente es que la falta de sueño me nubla también el cerebro?