A mí la expresión corporal me dice mucho de las personas. Soy una gran observadora y me gustan las personas que gesticulan y que muestran cariño con sus actos. Y echo de menos este tipo de conversación, aunque a veces es mejor no hablar con ciertas personas...
Yo he tenido muy buenos partos, he tenido la suerte de encontrar en todo momento personas que me han apoyado, han compartido conmigo con una sonrisa los momentos más importantes en la vida de mi marido y la mía y eso, para la tranquilidad de una, es vital. Siempre he hablado bien de los profesionales que me han atendido en el Hospital Infanta Leonor... hasta hoy.
El lunes que estuve en el hospital, mientras monitorizaban mis contracciones, compartí camilla y monitores con una niña. Tenía 16 años, cumplidos el pasado 23 de noviembre y acababa de romper la bolsa. Estaba empapada, asustada y sin saber muy bien qué era lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. De hecho incluso me preguntó si se le podía caer el niño. La faltaba información, pero la presencia de su madre la ayudaba a sentirse relajada. Estaba muerta de miedo y no era para menos, recuerdo en mi primer parto que yo también tuve miedo a lo desconocido, al dolor, a que todo saliera bien y yo ya tenía 30 años. Crucé unas pocas palabras con ella y con su madre, pero suficientes para que encomendara la adolescente a Dios mi Pizquita, lo cual me resultó tremendamente entrañable.
Mientras una jovencísima matrona, muy cariñosa, le ponía el monitor y la decía que no se preocupara que ahora pasaba su madre, apareció un matrón bastante más mayor que increpó a la joven porque allí no podía estar su madre:
Matrón (refieriéndose a mí): Fíjate si esta mujer pide que esté su marido, no podemos dejar que pasen todos los acompañantes y esta mujer tiene el mismo derecho que tú a que alguien la acompañe.Podéis daros cuenta que a mí no me hicieron ni
Suu (desde la camilla más alejada): Yo también quiero que pase su madre.
Matrón: Además, no debería pasar tu madre, sino tu pareja. Aquí sólo pueden pasar las parejas de las embarazadas.
Suu (y las mujeres que por las circunstancias que sean no tienen esa pareja??? Y el derecho a estar acompañada por la persona que te salga de las narices???): Yo también quiero que pase su madre.
Adolescente: Es que mi madre me da más seguridad que mi pareja porque mi pareja también es muy joven, sólo tiene 16 años
Suu (lógica aplastante. Chúpate esa matrón, con menos estudios y menos edad que tú y te da cien mil vueltas): Pero es menor, ¿no debería estar acompañada por un adulto?
Adolescente (refiriéndose a la matrona joven): Pero esta chica me ha dicho que puede pasar mi madre.
Matrón: Pero es que yo soy el jefe de esta señorita y se hace lo que yo digo.
Suu (tócate las narices, ahora tiramos de condecoraciones, le faltó decir ¡Aquí mando yo!): Pero siendo menor, ¿no debería estar acompañada de un adulto? Y quien mejor que su madre si ella se siente más segura.
Me dejó impactada la falta de empatía del matrón, la agresividad de sus movimientos al hablar con la adolescente, la prepotencia de sus palabras y pensé, ojalá, ojalá, ojalá yo no tengas que vérmelas con él.
Me dio pena que me dieran el alta sin poder ayudarla de alguna otra manera, apoyándola como hubiera podido y no dejándola sola en ningún momento. Aunque pedí que entrara su madre y que dejaran que ella tuviera acompañamiento, no podía dejar de pensar que esa chica podía ser mi hija. La matrona me aseguró que harían una excepción como habían hecho hasta ahora y que llamarían a su madre, pero yo recordaba la falta de empatía, la soberbia y la arrogancia de su jefe y me fui de allí deseando que lo que me dijera fuera cierto.
Ojalá que al final la permitieran estar acompañada con su madre y todo saliera bien.
Como diría una amiga mía, este matrón entra dentro de la clasificación de los matrosaurios. Qué pena que existan profesionales de esta índole. ¿Os habéis topado con alguno de ellos?

