jueves, 9 de febrero de 2012

¿Qué narices me está pasando?

No logro adivinar qué es lo que me está ocurriendo, pero llevo unas semanitas…

Hace tres semanas un autobús debió de gustarle el espejo retrovisor de mi coche, y se lo llevó puesto, porque la parada estaba llenita de trocitos del espejo. Como tiene ya muchos años, mi marido se acercó a un desguace y me lo cambió.

La semana pasada perdí el móvil y no ha habido manera de encontrarlo. Debió de caérseme de la chaqueta cuando salí a comprar unos moldes para hacer tartas y la buena persona que lo encontró ha decidido quedárselo. Estoy segura que le gustó tanto, fucsia y con las fotos de mis preciosos hijos, que prefirió no cogerme la llamada y lo apagó. Podríamos pensar que se quedó sin batería en ese mismo momento o que se le cayó y se apagó, pero resulta que yo no tenía pin en la SIM, por lo que si lo hubiera vuelto a encender habría podido llamar a cualquiera de mis contactos. Qué le vamos a hacer.

Anteayer busqué dentro de mi bolso los estupendos y calentitos guantes con pelito dentro para resguardar mis manos del tremendo frío que está haciendo estos últimos días y sólo encontré uno. Pensé que estaría en el coche, nada, en casa, tampoco, o que mi hijo lo hubiera trasladado del bolso a la mochila, no, no. No está, así que ahora sólo tengo uno triste y desparejado.

Ayer me dijo mi marido que el tapón del depósito de la gasolina de mi coche ha desaparecido. Yo no suelo echar gasolina en los coches, normalmente espero a que se encienda la luz y mandar a mi marido o que él lo coja porque yo me he llevado el grande y, de paso, eche gasolina (lo sé, tengo mucho morro, pero cuando hay un cumpleaños yo voy a comprar los regalos, así que no puede quejarse). Así que hoy se dará otro paseito por el desguace para comprar un tapón.

Encima estoy sin reloj y es que aunque le cambié la pila hace dos meses, se ha vuelto a parar. Ah!, también he perdido el botón de mi abrigo, lo guardé en el bolsillo para coserlo y ahora mismo no soy capaz de encontrarlo.

¿Qué narices me está pasando? Una puede acostumbrase a perder cosas a lo largo del año, pero es que yo estoy perdiendo una o dos cada semana. Hace un mes, para Reyes, no necesitaba nada y en menos de un mes necesito: Un reloj (el mío tiene 6 años y parece que ya está a punto de no volver a echar a andar, también puede ser que de vez en cuando lo meto en la lavadora), un móvil nuevo (esto me duele en el alma), unos guantes calentitos para que no se me constipen las manos (u otro igual que el mío), un botón para mi abrigo (verás tú, me veo cambiando los otros 5 botones para que sean todos iguales y a mí eso de coser no se me da bien) y un coche nuevo (bueno, realmente necesito un tapón para el depósito de la gasolina, pero ya puestos a pedir…)

Y para romper la racha de perder cosas, he cogido 100 gramitos. Lo sé, la semana pasada perdí 700, pero ya que estoy perdiendo una cosa por semana, coñe, podía también haber perdido otro poquito más y así, si bien una está apenada por la pérdida de su guante o del tapón de la gosolina (aunque esto seguramente sea más un “tomo prestado” que un extravío), estaría un poco más contenta.

Tendrá algo que ver mis problemas en el trabajo o se me habrán juntado varias cosas o es que estoy más distraída y me fijo menos y por eso estoy perdiendo más cosas de lo normal. ¿Habéis tenido vosotros una de estas rachas?

miércoles, 8 de febrero de 2012

La importancia de las cosas

Cierra los ojos y sonríe, la vida es simplemente maravillosa
A medida que van pasando los años he ido valorando las cosas de diferente manera, he ido dando importancia a los pequeños detalles, a esos momentos que hacen que te estremezcas y que vivir y compartir la vida con mi familia sea simplemente maravilloso. La vida me regala muchos de esos momentos y a veces, me extrapolo y me veo riéndome y siendo muy feliz. Mi padre estaría orgulloso, ojalá pudiera verlo.

Mi segunda maternidad me ha dado muchos más de estos momentos e intento apreciar cada uno de ellos, al máximo, exprimiendo cada milésima de segundo y disfrutando de su plenitud. Ayer tuve dos en la tarde.

El primero de todos se debió a que mi Pequeñín se ha hecho más grande, ha crecido y como tal ha pasado a una silla de auto más acorde con su peso y estatura. Ahora llevo a mis dos hijos en el coche detrás de mí, sentados juntos y se miran y se ríen. Es una sensación extraña, después de más de 10 meses teniendo a mi Pequeñín a mi lado, en el asiento del copiloto, ha pasado a ocupar la silla de su hermana mientras a ella la hemos puesto una nueva, súper chula y roja. Ayer cuando fuimos a comprar algunas cosas que faltaban para la celebración de mi cumple pude coger la mano de mi marido, a mi lado sentado, acariciar su pierna y sentirle cerca. Fue un momento maravilloso, tenerle junto a mí, girar mi rostro y verle sonriéndome. Fue increíble, le habría abrazado fuertemente en ese mismo momento, pero iba conduciendo. Cierro los ojos y puedo verle sentado en el asiento, mirándome y riéndose. Jamás le he visto tan feliz.

El otro fue cenando mi Bichito, mi marido y yo. Siempre que hay yogur de postre mi Bichito los abre y los reparte. Y de repente, se pone con los brazos cruzados, hacia atrás apoyada en la trona, le mira a mi marido y le dice: “Come, come, que me enfado” y frunce el ceño como enfadada. Mi marido coge la cuchara y dice: “voy, voy” y empieza a comer una cucharada tras otra. Y viceversa, ahora se pone él, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, a decírselo a ella y ella corriendo se echa hacia delante, coge su cuchara y empieza a comerse el yogur. Yo no podía parar de reírme, así estuvieron hasta que se terminaron sus respectivos yogures. Fue fantástico verles jugar, divertirse, reírse, poner caras de enfadados y luego correr a coger su cuchara para comerse el yogur. Jamás volveré a irme a recoger mientras ellos se comen el yogur, no quisiera volver a perderme un momento así.

Y hoy lloro de alegría mientras escribo esto y me acuerdo de estos dos momentos junto a mi familia, soy una llorona empedernida.

Si tienes un momento, por favor, cierra los ojos y busca uno de esos instantes tan maravillosos y si quieres y te apetece, cuéntamelo.

Feliz día.

martes, 7 de febrero de 2012

Me muerde

Debo de estar muy rica, porque mi Pequeñín me muerde y menudos bocaos me da. Eso o que le gustan mucho las mujeres porque también les dio un buen mordisco a sus profes y a una compañera y a una de sus profes en todo el culo (recordar que hablamos de bebés, por lo que es habitual estar a cuatro patas por la clase).

Varias son las veces que le digo que no, con un tono serio, una voz más grave y diciendo que eso no se hace. Aquí tenemos dos respuestas de mi Pequeñín:
O se pone a llorar con un sentimiento y una pena que lo único que consigue es que me estremezca, saltándole (literalmente) las lágrimas de sus enormes ojitos y yo termino cogiéndole, abrazándole e intentado explicarle que no se muerde.
O se ríe a carcajada limpia con el dedo índice en la boca y esos ojos de pillo que pone y yo termino cogiéndole, abrazándole e intentado explicarle que no se muerde.

Sea como sea, me tiene totalmente embobada. Por suerte a sus profes y a su compi no ha vuelto a morderlas, pero conmigo no para. Hasta este momento mis pezones no habían sufrido sus mordiscos, pero ayer me mordió 10 veces y casi me lo cargo. Tentada estuve de dejarle en su cuna y no intentar de nuevo que comiera. Madre mía qué daño!!! Encima me miraba con ojillos de pillo, se sonreía mientas con sus dos dientecillos estiraba mi pezón. Qué dolor!!! Al principio cuando me enfadaba se reía, pero a la quinta vez, empezó a llorar, pero en vez de dejar de hacerlo, volvía de nuevo a morderme.

Menudo cabreo que me pillé. Al final se quedó dormido, pero algo se barruntaba porque hasta medianoche se despertó varias veces. Mi marido intentó dormirle, pero mi hijo ronda ya los 10 kilos y dormirle en brazos, como hasta ahora hacía, ya no es una opción, así que hay que pasar a ayudarle de otra forma. Le cogí, le calmé y le acosté, lloriqueó, unas palmaditas en el culo y 5 minutos después estaba quedándose dormido mientras se cantaba. 10 minutos después, más de lo mismo.

Que mi hijo llore no suele ser muy normal, que se despierte tantísimas veces en su primer sueño es rarísimo. Mi Pequeñín duerme perfectamente para los 10 meses que tiene, se duerme a las 20:30 y se despierta 2-3 veces hasta las 7:00 (la mayoría de las veces a las 6:30, alguna esporádica a las 7:30), incluso alguna noche se despierta una única vez. Después de otras 2 veces de la misma cantinela, llegamos a la conclusión que a nuestro Pequeñín le pasaba algo. Pero todavía no sabemos qué le ocurre, nada ha dado la cara. No tiene fiebre, un poco más de moco del habitual pero nada serio, lo único que atisbamos a pensar es que sean los dientes. Recuerdo haber leído y oído a algún pediatra que los dientes no duelen, pero de verdad que yo lo dudo mucho porque a mis dos hijos les he notado muy rabiosos y mordiendo todo lo que pillan (incluso el pezón de su queridísima madre) cuando empiezan a despuntar.

¿Habéis notado lo mismo con vuestros peques? Yo sí creo que les duele y vosotros, ¿qué pensáis?

lunes, 6 de febrero de 2012

¡Arriba ese ánimo!

Quien me conoce sabe que soy una mujer positiva, eso no quiere decir que no me venga abajo algunas veces. Pongo ante todo una sonrisa por bandera y cuesta mucho que la apague. Creo que son ya varias veces las que os he dicho que si sonríes en un mal día, al final, acabas creyéndotelo y ayuda a venirte arriba.

Esta semana pasada ha sido dura, en el trabajo no estoy a gusto, que no a disgusto, pero al final ha quedado como que no llego, que si necesito pedir ayuda que lo haga y, me cachis en la mar, el problema se originó por eso. Estoy vigilada y en el punto de mira, tengo que hacer un informe diario de mi trabajo y eso que tenemos todos una herramienta de control en donde tenemos que introducir a qué dedicamos el día. Aún así, a mí me toca rellenar un informe. El jueves perdí mi móvil, mi smartphone de sólo 6 meses, con todas las fotos de los niños, con los contactos y cuando fui a comprarme uno, con una cámara decente, me cuesta 149€. Así que ahora mismo he vuelto a mi antiguo móvil, que si bien las fotos son muy malas, por lo menos puedo llamar y estar localizada. Además, el viernes me salió una calentura, la primera calentura de mi vida y tengo el morrito feo. Pero el sábado y a sabiendas que a partir de ahora empieza Mi Febrero, mi Pequeñín dijo Mamá.

Así que aquí me tenéis de nuevo, con las pilas cargadas, afrontando una nueva semana y preparando un montón de cosas para este fin de semana en el que celebro mi 33 cumpleaños con mi familia y amigos.

Tengo muchas cosas que hacer y lo haré con esa alegría que me caracteriza, con una sonrisa de oreja a oreja y con la inestimable ayuda de mi marido. Estoy deseando rodearme de gente que me quiere y me viene bien, porque es donde se encuentra el apoyo necesario para empujarse. Aunque a mí ahora mismo no me hace falta y es que vosotros me ayudáis a impulsarme cada día. Pero tengo ganas de que me abracen, de que me den muchos besitos y de sentirme querida.

Disfrutar de esta semana que comienza y ¡arriba ese ánimo!

sábado, 4 de febrero de 2012

Mamá

Después de la semana que he pasado, de los problemas de trabajo, de los momentos complicados, de llorar en el baño del estrés, de la angustia, de la presión. Después de que el jueves por la noche perdiera el móvil, con todas las fotos de los niños, con todos los contactos, sin haber terminado el tiempo de permanencia en la compañía (y que va a hacer que comprarme uno nuevo me cueste un ojo de la cara). Después de esta semana complicada.

Después de todo eso llega el fin de semana y tu hijo te despierta 3 veces como las 3 últimas noches (ya os dije que eso de despertarse una única vez era raro y estaba esperando a que mamá descansara un poquito mejor), se pasa riendo un rato mientras desayunas, viene a verte con esa sonrisa que ilumina la casa, te persigue mientras le preparas el desayuno y cuando le sientas en la trona, según apoyas su precioso culete en ella, te dice: "Ma-má". Y yo olvido todo, el estrés, la ansiedad, la pena, la tristeza, los nervios, los momentos de angustia y las ojos se me llenan de lágrimas de alegría, mi corazón se pone a mil por hora y siento que mi alma se ensancha por cada cubículo de mi cuerpo. Por fin, después de llevar meses diciendo Pa-pá, por fin dijo Mamá. Y lo repite y me lo como a besos.

Me suena a música celestial, a una preciosa sinfonía escrita sólo para mí y no puedo parar de pensar que dentro de poco sabrá que esa palabra me denominará durante el resto de su vida. Qué sensación tan maravillosa te inunda la primera vez y te hace sentir tremendamente especial y feliz.

Este fin de semana vamos a quedarnos en casita los cuatro juntitos, disfrutando haciendo galletas, cocinando y jugando. Creo que va a ser un fin de semana magnífico, porque desde luego que ha empezado de la mejor manera posible. Dentro de poco se despertará su hermana y juntos volverán a tocar mi sinfonía.

Y vosotros, ¿os acordáis de la primera vez que vuestros hijos dijeron Mamá y/o Papá?

jueves, 2 de febrero de 2012

Regalo de Baby-Cesta y Control Semanal de Peso: Semana 17

Ya sabéis que Baby-Cesta está colaborando con este blog haciendo un sorteo, por si alguien no se ha enterado puede apuntarse aquí.

Yo no tenía la suerte de conocer personalmente a Mari Carmen y Vicenta y vinieron a verme el miércoles trayéndome estos preciosos portafotos, que son súper originales y que encima hacen juego con mi salón infantil en tonos verdes. El búho sostendrá una foto de mi Pequeñín y la flor, una de mi Bichito.

Fue mi Bichito la que abrió el regalo y le gustaron tanto que no había manera de quitarla la bolsa que los llevaba. Los subió a casa, los sacó y mientras yo iba un momento a la cocina, empezó a desmontar el suyo. La madre que la parió!!! Una setita por allí, las hojas de la flor por allá. Casi me la cargo!!! Pero nada que no solucione un poco de pegamento y la poca maña de una madre cabreada escuchando a su hija llorar porque quiere seguir desmontándolo. Pensaría que sería un puzzle ¿?

Los subí a una estantería y en cuanto tenga un rato elegiré las fotos que van a sujetar, mientras, alegran el salón con esos preciosos colores.


Muchas gracias Baby-Cesta, nos han encantado vuestros regalitos y os aseguro que no tardarán en llevar unas hermosas fotos de mis hijos acorde con los flamantes marcos que animan nuestro salón.


Y ahora el control de peso. Pensé en no subirme esta mañana al peso, después de la semana que he pasado, como para llevarme una desilusión, demás la ingesta de alimentos calóricos ha sido brutal. Pero una se enfrenta a la báscula y a lo que haga falta y no sé si la pobre debe de tenerme miedo o que como ya nos conocemos desde hace unos años, ha querido darme una tregua y animarme en estas duras semanas. He perdido 700 gramos y no sé ni cómo ni de dónde. Estoy segura que la semana que viene, cuando ya esté más animada, me dirá que no sólo no he perdido sino que he ganado casi 1 kilo. Pero para entonces todavía quedan unos días, así que sigamos pensando en que estoy a punto de bajar de cifra. Y vosotros, ¿cómo lo lleváis?

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Por qué llorar está mal visto?

Se reunieron a las 12:00, yo hasta aquel momento aguanté como una jabata. Cada vez más nerviosa porque, en principio, mis responsables no iban a ir pero después parece que sí, de lo que me alegré muchísimo. 9 copias de mi informe sobre mi trabajo en los últimos 3 meses se imprimieron para entregar a los que pedían mi cabeza y a la subdirectora.

A las 11:55 vi salir a mi jefe de área junto a mi jefa pero ¿y mis responsables? Los que conocen mi trabajo, los que pueden defenderme con más argumentos, ¿por qué no iban? Me acerqué a la mesa de mi responsable y me dijo que al final no, que confiara en mi jefa y me vine abajo. Me fui al baño y lloré, no podía aguantar, no conseguía ver el código en mi ordenador, me había equivocado varias veces a la largo de la mañana. Demasiada presión, demasiada angustia.

Me descargué un poco y me vino bien, aunque la presión en el pecho no desapareció. Estuve esperando hasta que volvieron de la reunión. Mi jefa entregó el informe y esto fue lo que me dijeron que dijo la subdirectora: “Me lo leeré, pero como si no supiera de quien es, no se puede personalizar. El trabajo es de un equipo, de un departamento y si alguien necesita ayuda se le asigna un apoyo, pero no se puede atacar a nadie”. Y ahí quedó, la jefa del otro departamento no puedo decir nada más, que se leería el informe detenidamente. Miedo me da, porque ayer pasé por el lugar de trabajo de su departamento y ahí estaban encima de la mesa impresos todos mis correos, todo lo que yo les había mandado y pedido, algo se traía entre manos. Pero, por lo menos, lo peor ha pasado o eso espero, aunque la situación no es nada cómoda.

Cuando salía del trabajo me encontré a un compañero que me dijo que no tenía que ser tan aprensiva. ¿Por qué llorar está tan mal visto? No logro entender que tengamos que reprimir nuestros sentimientos. Yo se lo digo a mi hija, llorar no es malo, mamá llora cada vez que lo necesita. Entiendo que la frustración, la pena, la angustia se canalicen a través del llanto y así lo transmito a mis hijos. Si me tachan de aprensiva, de alarmista, no me importa porque me vino bien, tenía mucha presión. Lloré en el baño, junto a mi amiga, junto a mi responsable y volvería a hacerlo. No me da vergüenza llorar y tampoco decirlo. Yo soy una mujer fuerte y llorar no me parece un símbolo de debilidad. Para mí es una vía de escape y lloraré cada vez que lo necesite, soy muy llorona y poco me importa lo que piensen otras personas. El único al que vuelvo loco es a mi marido, que ya se ha acostumbrado y ha comprendido (unas veces más, otras menos)  mi necesidad de desahogarme de esta manera. Me cuesta entender por qué la gente se reprime y quiere reprimir a los demás. Yo no quiero y no voy a esconder mi llanto, porque para mí en algunos momentos es una necesidad. Eso no quiere decir que lo haga en mi sitio, a la vista de todo el mundo, pero si necesito hacerlo, me iré al baño y lloraré. ¿Por qué tenemos que ocultarlo? Enjuiciamos demasiado…

Quería aprovechar a daros las gracias a todos por  vuestros mensajes, vuestros comentarios, vuestros correos, vuestros wassap, vuestros sms. No me he sentido sola en ningún momento y me he sentido muy apoyada y arropada. Gracias también a mi compi, que me apoya y me aguanta cada día, a Elo que vino ayer a verme para animarme y dejarme su hombro. Y a mi familia, a mis hijos que me animan cada día y a marido, al que tengo que tener muy preocupado porque lleva 4 días que no me deja sola, aún a sabiendas que él estaría mejor en casa tranquilo nos acompañó ayer a merendar para ocuparse de los niños y así nosotras poder hablar más cómodamente.

Gracias a todos por preocuparos por mí, por mandarme tanto cariño, por todas esas cosas bonitas que decís de mí. Gracias por pensar en mí, por preocuparos, por dedicarme un pensamiento positivo en estos días, por estar pendientes de mí. No sé cómo daros las gracias, pero muchísimas gracias.