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martes, 10 de junio de 2014

Te perdí

Han pasado 9 años y sigo echándote de menos. Sigo viendo a personas por la calle que me recuerdan a ti, como si de pronto fueras a aparecer y darme uno de esos abrazos de oso en los que me sentía segura.

Hicimos muchas cosas mal, entre ellas no pasar más tiempo juntos y ahora ya es demasiado tarde.

Te echo mucho de menos papá y ya hace 9 años que te tumbaste en tu cama a dormir y no volviste a despertar. Así, de la noche a la mañana, sin avisar, te perdí. Y no sólo yo te perdí, porque mis hijos perdieron a su abuelo y tú perdiste a tus nietos.

Hoy lloro de rabia, de impotencia y de tristeza, por no tenerte a mi lado, por notar esa ausencia que ni toda la alegría de estos últimos años ha logrado ocultar.

Hoy tengo un nudo en la garganta desde que me he despertado, siento un vacío enorme en mi corazón.

Hoy es uno de esos días en los que toda la nostalgia por tu pérdida vuelve, donde recuerdo aquel fatídico día, donde rememoro el abrazo de tus enormes brazos y me invade la pena.

Hoy me permito llorar, porque lo necesito, porque cada célula de mi cuerpo siente dolor y no quiero reprimirlo.

Hoy quiero y necesito echarte de menos con cada trocito de mí y lloraré porque mis hijos perdieron un abuelo aquel 10 de junio, porque yo perdí a mi papá.

miércoles, 22 de enero de 2014

Angustia de separación

Canija sufre angustia de la separación y eso la genera muchísima ansiedad. Mi vuelta al trabajo ha llevado a que pasemos menos horas juntas y pegaditas y ambas no lo llevamos demasiado bien.

Desde que me incorporé a trabajar, ella tiene que ir a la guarde y aunque poco a poco lo va aceptando, lo ha pasado francamente mal. El momento de dejarla ha sido muy triste, verla llorar cuando la cogía su cuidadora ha sido muy frustrante y muy doloroso. En el tiempo que pasa en la guarde tiene ratitos, cuando se acuerda llora, pero gracias a las actividades que hacen y a sus cuidadoras, poco a poco van siendo menos. Sin embargo, cuando aparezco se pone muy nerviosa, llora hasta que la tengo en mis brazos y no puedo soltarla ni para atarme una zapatilla, ponerme el abrigo o mear.

Yo no sé si os lo había contado pero empecé a ir a clases de Yoga en noviembre aprovechando que estaba exonerada y me quedaba con mi Canija. A veces iba con Canija y otras veces se quedaba con su padre e iba yo. Como no la llevaba a la guarde ella se quedaba tranquila. Aquel primer día de guarde decidí no volver más. Ella me necesitaba, si bien yo pasaba 8 horas fuera de casa en las que nos echábamos de menos, encima irme por la tarde iba a ser horrible para ambas. Ella se tenía que separar de mí de nuevo y yo, que aunque el yoga me gusta, iba a estar pendiente de la hora para volver con mis hijos a los que no veía desde primera hora de la mañana. ¿Para qué hacer algo que no vas a disfrutar? Mejor estar junto a mis hijos y tener a Canija pegada cada segundo.

Y cada segundo es cada segundo. Si la dejo porque tengo que ir al baño, quitarme la ropa o ponerme el abrigo, ella llora de manera desconsolada. Si mi marido la coge ella intenta tirarse. Ya va aceptando poco a poco que otra persona la intente calmar, pero hay momentos en los que sólo yo lo consigo.

Esta angustia y ansiedad que está sufriendo va mejorando poco a poco, ahora algún minuto y un par de metros son el límite un par de veces al día. Si salgo de la habitación para ir a la cocina ella lo nota, me busca y se pone a llorar. Si me voy de casa cuando vuelvo y sabe que soy yo ya puedo ser rápida en tomarla en mis brazos porque o se tira de los de su padre o llora desconsoladamente totalmente bloqueada.

Si yo sólo la tuviera a ella sería sencillo, porque podría dedicarle todo mi tiempo en exclusiva, pero tengo dos más y ellos también necesitan mi atención. Si bien, mi marido es el que se encarga de estar más con ellos porque Canija me necesita a mí, exclusivamente a mí y no permite que sea otra persona, y mis hijos más mayores disfrutan mucho con su padre.


¿Esto que le ocurre a Canija es normal?


Extremadamente normal. Bichito y Pequeñín también lo han sufrido en menor medida. Mis hijos tienen lo que se denomina "apego seguro" y es por esto que la separación con su madre, que es su figura de apego, osease yo, les cuesta. Por desgracia y debido al tipo de sociedad que vivimos, tenemos que separarnos mientras yo voy a trabajar y ellos van resignándose al hecho de que tienen que estar con otras personas, en nuestro caso en la guarde, hasta que mamá vaya a por ellos.

Mi Pequeñín sí tiene forjada una relación de cariño, amor y respeto con su profe y su evolución ha sido más rápida. Pero mi Canija no, entre otras cosas porque apenas conocía a la cuidadora, aunque yo he pasado muchos días con ella en clase. Pero poco a poco va resignándose al hecho de que mami cuando la lleva no volverá en varias horas. E igual que yo sufro su ausencia en el trabajo, ella lo hace allí. Yo no lloro aunque me iría en ocasiones a hacerlo en el baño, echando de menos a mis hijos y con ganas de estar junto a ellos. Ella llora porque yo no estoy y la comprendo tanto.

Ella va llevándolo un poquito mejor y yo me alegro de que sea así, porque cada día se me parte el corazón cuando la dejo.

¿Vuestros hijos han experimentado esta angustia de la separación en alguna situación?

Si queréis leer más sobre este tema os dejo el enlace de un artículo de Carlos González aquí.

lunes, 20 de enero de 2014

No Conseguido (Reto del Rinoceronte Naranja)

Hace varios meses me propuse no gritarles a mis hijos. Hubo una explosión del Reto del Rinoceronte Naranja y muchas fueron las blogueras que se animaron a hacerlo y ha compartir sus experiencias. Yo fui una de ellas e intentando sacar mi lado más zen, me propuse conseguirlo.

Hoy, 5 meses después, me gustaría contaros que no sólo no lo he conseguido sino que lo normal en mí está siendo hablar a gritos. No soy capaz de encontrar mi lado zen, de hecho creo que ni siquiera existe. Cada mañana me levanto diciéndome a mi misma que no voy a gritar y en cuanto Pequeñín lleva despierto 10 minutos, ya estoy alzando la voz.

Mi Pequeñín es un niño inquieto, que necesita mucho contacto físico, que madruga demasiado y que no deja a Canija ni a sol ni a sombra. Siempre tiene que jugar a su lado, la abraza y la mima y la quita los juguetes, pero como ni controla su fuerza ni dónde pone la pierna, pues al final se lleva un golpe y llora. Y yo me crispo, porque ya llevo media hora diciéndole en repetidas ocasiones que la deje, que hay que tratarla con cuidado porque es un bebé, que la va a hacer daño y debe de intentar ser más precavido con ella, que no juegue pegado a ella porque puede darle sin querer y terminar llevándose un golpe. Resultado final: Canija llorando, yo gritando y Pequeñín llorando porque mamá está enfadada.

Esto un día tras otro, cada mañana, no hay quien lo resista, o sí, pero yo no. Así que ya hace tiempo que el reto de no gritar no lo he conseguido, pero ya no sólo a mis hijos, sino a cualquiera que en ese momento cruce dos palabras conmigo.

Tal es mi estado de nervios en esas circunstancias que mi rabia y mi agresividad la canalizo gritando, porque si me dejara llevar cuando hace daño a su hermana pequeña habiéndoselo advertido cientos de veces, yo no sé qué haría. Pero es que me sube un calor desde lo más profundo de mis entrañas que me cuesta muchísimo controlar. Tanto es así que conseguir controlarme me cuesta un triunfo y me pongo a gritarle. Y luego le pido perdón y me digo a mí misma y a él que mamá va a intentar no volverlo a hacer, pero me vuelve a ocurrir.

Y no me gusta esta faceta de mí que no consigo controlar, no me gusta la clase de madre ni de persona en la que me convierto en esos momentos y no quiero que mis hijos crean que eso es "lo normal", que gritar es algo que se hace cuando una mamá se enfada, porque no lo es. Para mí es importantísimo la imagen que ellos tienen de mí porque se convertirán en personas con ese mismo reflejo y no quiero que ellos griten a los demás cuando se enfaden.

Cada mañana de esta semana pasada me he levantado pronto para tener un momento para mí y Pequeñín se ha levantado cada día antes reclamándome constantemente sin dejarme ni un rato, sin entretenerse con nada. No conseguir ese momento ha marcado mi día a día y me ha llevado a estar más tensa, controlar menos la situación y salir de casa cada mañana con los tres enfadada desde primera hora y, por supuesto, gritando. Porque una vez que llego a ese punto, cualquier cosa me saca de quicio y Bichito termina llevándose gritos por cualquier situación que me genere un poco de estrés añadido al comienzo del día.

Así que el viernes, y gracias a los consejos de mi marido, empecé el día sentada con Pequeñín desde las 6:30, que era lo que él quería, y resignada a perder ese tiempo para mí misma. Decidí que si negárselo hacía que la mañana transcurriera a gritos, pues me ponía de su lado y le dedicaba ese momento sólo a él, que es lo que él necesita. Decidí que nuestra estabilidad familiar emocional era más importante que actualizar el blog o responder un correo o hacer un pedido de mercancía o leer algún artículo importante, etc, etc. Y el día fue mucho mejor, yo estaba más animada y menos nerviosa, por lo que no grité a Pequeñín, ni a Bichito y todo fue sobre ruedas.

Hoy también ha sido un buen día, pero hoy no cuenta porque no ha madrugado y yo he tenido un ratito para mí.

Sin embargo, lo que no consigo controlar bien es mi furia. Yo tengo muchísimo pronto, cuando era más joven mucho más, pero con los años he conseguido mantenerlo cada vez más a raya. Pero últimamente me altero enseguida y recuerdo que los gitos era lo que más odiaba de mi padre.

Cuando mi marido ve que me voy calentando viene y me aparta, toma el control y aunque yo me cabree como una mona, se lo agradezco porque yo voy subiendo el tono y enfadándome cada vez más. Incluso he intentado irme en el momento más álgido, pero a menos que él venga a por mí, no soy capaz de hacerlo.

Sé en qué punto estoy y sé a dónde quiero llegar, sin embargo, no soy capaz de conseguirlo. Y no es que me siente frustrada, no, me siento apenada porque no soy capaz de tratar a mis hijos de la manera que quiero y no como últimamente, gritando a la primera de cambio. No me gusto y eso me crea mucha tristeza.

¿Os ocurre lo mismo? ¿Cómo conseguís frenaros?

lunes, 23 de septiembre de 2013

Vuelta al trabajo

Hoy me incorporo a trabajar, primer día después de 10 meses en casa. Tengo un nudo en el estómago y estoy muy nerviosa. Pequeñín está malo, ha empezado a vomitar y su padre va a llevarle ahora al médico. Canija se ha quedado más o menos bien, he preparado 4 biberones, 2 de 80-90ml y 2 de 60ml. Imagino que será suficiente para este primer día sin que mamá pueda acercarse allí si hay algún problema.

El tráfico es horroroso a las 8:30 de la mañana, he ido hilando una mala elección de trayecto tras otra y, como por arte de magia, cuando he llegado he aparcado a la primera. La suerte del tonto, como se suele decir, mañana seguro que no se repite.
Hoy no vuelvo a mi antiguo trabajo, hoy me incorporo a mi empresa desasignada, sin cliente. El gobierno recortó tanto que mi puesto ha sido eliminado dentro de la administración pública y yo me encuentro sin cliente, por lo que he tenido que incorporarme a la sede de mi empresa.  Espero que no tarden en encontrar un lugar para mí. Por lo pronto estoy desasignada, me encuentro desubicada y aunque tendré que hacerme a la idea de que puedo pasar semanas e incluso meses aquí, ahora mismo siento vértigo y mucha presión.

No me esperan buenos tiempos, me esperan días complicados, de muchísima incertidumbre y espero que pronto encuentren un proyecto en el que ubicarme y poder serenarme un poco.

El comienzo no está siendo bueno, Pequeñín malo y Canija sólo come 30ml por toma. Yo estoy de los nervios, llamando a la escuela infantil para saber cómo va Canija, si come algo más, si duerme y pendiente de Pequeñín. Además he confundido el tamaño de las pilas y he tenido que hacer la extracción de forma manual. Tengo el estómago fatal, cómo si tuviera un vacío enorme, el pecho me oprime y me cuesta incluso tranquilizarme.

Ojalá se arregle el día o mejor aún, que den las 15:30 para salir corriendo y poder abrazar a mis tres hijos.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Viendo cambios

Mi mundo gira ahora mismo en la adaptación de los peques a la guarde. Si bien la semana pasada Pequeñín parecía que lo había superado, ayer se agarraba a mí muy fuerte y no quería entrar en su clase. Fuimos a dejar a Canija antes por si se trataba de un tema de celillos o algo, pero que va, él lo que quería era quedarse con mamá.

Llamé a la guarde, pregunté cuando fui a recoger a Canija y me dijeron que tenía ratos en los que se acordaba de mí y lloraba diciendo mami. Para mi hijo es tremendamente dura la separación y sé, sobre todo porque él me lo dice, que se divierte y que hace muchas cosas en la guarde, pero cuando ayer llegué a por él se tiró y me dio un abrazo fuertísimo, por suerte Canija no me acompañaba si no la habría estrujado. Acordamos llevar hoy a Elmo pero ha preferido llevar unos cuentos de animales, sin embargo, al entrar lo ha pasado fatal y despedirse de mí ha sido muy duro para ambos. Es un niño muy alegre y verle llorar de esa manera me parte el corazón, me encantaría poder quedarme con él y con su hermana en casa...

Canija ayer se quedó bien, se consuela en los brazos de su profe y la sonríe, realmente creo que la gusta, lo que me deja más tranquila. Vi cambios en ella, de hecho no les despierta a las 10:30, sino que les deja descansar hasta que ellos mismo se van despertando y le vi ofrecer un bibe a una peque que lloriqueaba aunque no era por hambre. Creo que empieza a darse cuenta que lo importante con bebés es respetar sus ritmos. Me alegra poder haber compartido con ella estos días y quizá mi presencia y mis consejos le hayan servido para darse cuenta que llevo algo de razón. La directora habló ayer con la coordinadora de nivel y por lo visto recibió de buen grado sus consejos, creo realmente que les está llegando y espero que se adapten ellas a los peques y no al revés.

Hoy he llevado mi calienta biberones de leche materna de Medela para la guarde, me quedo más tranquila sabiendo que en todo momento la profe de Canija tiene la posibilidad de calentar su comida porque, si bien la guarde tienen calienta biberones, ayer tardaron 15 minutos en traerlo. Mejor allí que en mi casa, aunque mi marido tenga que calentarlo, él tiene el fuego a mano para hacerlo al baño maría.

Hoy mi Canija se queda hasta las 12:00, tiempo más que suficiente para que su profe le dé un bibe de mi leche. Ojalá vaya bien y coma, si no, el sobrante se lo llevan a mi Pequeñín, que recibe con los brazos abiertos y con una sonrisa en la boca. Es una suerte que me hagan el favor y no desperdicien nada, para mí es muy importante porque me cuesta mucho sacarme la leche. Tengo pendiente hablar de este tema y del banco de leche que he hecho este verano para Canija.

Y vuestros peques, ¿cómo llevan la adaptación? Bichito desde el principio ha ido super bien, de hecho los sábados y los domingos me pregunta si puede ir al cole...

martes, 17 de septiembre de 2013

Adaptación de Canija a la Escuela Infantil

Ir el jueves y el viernes un ratito a la clase con Canija me sirvió de muchas cosas, entre ellas para conocer a su profesora. Según ella tiene feeling con mi Canija, hasta ayer no fui capaz de verlo, pero cierto es que Canija se consuela en sus brazos y que la busca y la sonríe.
Nos ha ido a tocar una profesora sin experiencia en 0-1 y esto se traduce a que no tiene ni idea cómo y cuándo hay que darle leche materna y trata a bebés como si fueran peques. Como os podéis imaginar no me gusta.
Entran en clase y a las 9:15 es su primera siesta, tengan sueño o no, y hasta las 10:30, por lo que a esta hora va levantando persianas y poniendo música. Cuando yo lo supe le pregunté, ¿los bebés no deben de dormir cuando tienen sueño? ¿Por qué les intentas despertar? Intenta establecer con ellos rutinas más propias de niños de 2 años que de bebés de 6 meses.
Yo sé que sabe cómo quiero que se comporte con mi hija, por lo que me centré en lo que no quiero. No quiero que llore, no quiero que nadie le obligue a comer, le sujete la cabeza o le meta un chupete para que trague, no quiero que pase sueño o hambre cuando tiene sueño o hambre, etc, etc. Y parece que esto la molestó porque ante el comentario "Este peque tiene hambre, me ha dicho su madre que se ha comido un bibe a las 7, va a tener que acostumbrarse", yo la dije, "Le vas a dejar sin comer? Va a pasar hambre, por qué no le das un bibe?" Eran las 11 de la mañana y el bebé tiene 8 meses. Así que se sentó a mi lado y me pidió confianza, me explicó que ella no es cruel, que los peques van a llorar pero hasta lo que ella cree que es aceptable. Pero ¿cuál es su nivel de aceptación?
Intenté darle el bibe dos días y uno comió 20ml y otro 15ml y ya antes de irme me dijo que tendría que dárselo a demanda. Eso se lo había dicho yo en la reunión que tuve con ella, no entiendo por qué no lo tenía claro ya.
Le he dado muchas vueltas este fin de semana y hemos decidido reducirme más la jornada para poder ser yo la que lleve a los peques y así que la última toma de Canija sea a las 8 de la mañana en vez de a las 6:30. Ayer en cuanto llegué hablé con la profesora de Pequeñín que estuvo dándole leche materna hasta el año y la pedí que por favor hablara y explicara a la profesora de Canija cómo tenía que darle el bibe y su experiencia. Después estuve hablando con la directora, que me escuchó y que gracias a que ella ha estado 10 años con bebés me dijo que efectivamente tenía toda la razón. Me dijo que no se trata de la profesora de Canija sino de la planificación general de nivel, por lo que hablaría con todas ellas para dejar claro que esa planificación sería para más adelante, ahora prima que poco a poco se vayan haciendo a los nuevos olores, nuevos ruidos, nuevas sensaciones, a separarse de su mamá, a empezar con el bibe y/o comida y que se trata de cubrir sus necesidades físicas y emocionales y dejar la planificación para más adelante.
Estoy muy angustiada. Ayer deje a Canija hora y media y al final esperé 45 minutos más hasta que se despertó. No es una niña llorona, ella gruñe cuando tiene hambre o sueño y así me lo comentó su profe. Cuando despertó se encontró desubicada y se puso a llorar, la cogió su profesora y se calmó, cosa que con mi madre no pasó. Yo tardé los segundos que se tardan en llegar del despacho de la directora a la clase de Canija y la recogí todavía con la marca de la sábana de acabarse de despertar.
Hoy he vuelto a llevarla hora y media, hemos pasado mala noche porque tiene moquitos y le cuesta respirar. Ha estado pegadita a mí y enganchada a su teta practicamente toda la noche. Ahora preguntaré a la directora cuándo va a hablar con ellas, no quiero que se demore y que esto se solucione antes de que me incorpore el lunes a trabajar, cueste lo que cueste, tenga que escalar todo lo que sea necesario.

Canija parece que su profe le gusta, yo me alegro que sea una persona cariñosa y que sus necesidades emocionales estén cubiertas, pero me gustaría que fuera menos estricta, no tuviera tan grabado en la cabeza rutina, rutina, rutina y que entendiera que los bebés son bebés y no entienden de planificaciones ni horarios, duermen cuando tienen sueño y comen cuando tienen hambre.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Llegó el día

Qué pena que mami no sepa parar el tiempo, qué pena que no sepa congelarnos y vivir juntas cada momento del día y no tener que separarnos.

No, no quiero dejarte, no, quiero pasar cada minuto de tu vida a tu lado y, sin embargo, tengo que hacerlo. Lo peor no es cómo me siento yo, que lleve con angustia y ansiedad casi un mes, lo importante es cómo vas a pasarlo tú y tu sufrimiento al ver que mami no está y no puede cubrir tus necesidades.

Y sé que no me vas a sorprender porque lo vas a llevar muy mal, porque ayer cuando te dejé con la abuela y me fui al médico, te encontré con un sofoco tremendo, casi una hora llorando y eso que la abuela te tenía en brazos. Al fin y al cabo la abuela resulta una extraña para ti, pero yo me quedé muchísimo más tranquila cuando te dejé con ella.

Miro el reloj y no quiero que llegue la hora, no quiero acompañarte a tu clase, no quiero hacer adaptación ni hostias en vinagre, yo quiero quedarme contigo, quiero cuidarte, darte el pecho, abrazarte, tumbarte a mi lado, hacerte cosquillas, cambiarte el pañal, esconderme detrás de mis manos y ver tu sonrisa desdentada cuando las aparto y quedarme las horas muertas mirando esos enormes ojos azules.

He hecho números cientos de veces en mi cabeza, he sopesado mil opciones, he pensado incluso lo genial que sería que algo no grave me ocurriera que me dejara estar contigo y cuidar de tus hermanos pero suficiente para no tener que incorporarme el próximo 23.

Apenas he dormido esta noche, entre otras cosas porque duermes con mi teta en tu boca y cuidado cómo se te escape, te he mirado cientos de veces y he llorado mares.

Por suerte hoy y mañana me quedaré contigo dentro de tu clase, pero la semana que viene irás quedándote en tu clase sola de forma progresiva.

Hoy es tu primer día de guarde, llevamos despiertas las dos desde las 5 y encima te has constipado. Hoy no puedo dejar de llorar al mirarte, hoy no quisiera tener que llevarte, hoy quisiera quedarme contigo, a tu lado, junto a ti. 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Plof

Prometo que lo llevaba bien o lo llevaba mejor de lo que podía esperar. Ayer hizo 1 mes que empecé con contracciones y desde entonces me encuentro en casa.

Peeeeeeeeeero, tenía que llegar este momento, era de esperar por las fechas en las que estamos. Mis hijos, como la mayoría de los niños, cuando llegan Navidades tienen que hacer un montón de actividades y asistir a muchas fiestas. Y yo no puedo acompañarles y me encanta acompañarles.

Ayer, el AMPA de la Escuela Infantil de la que somos socios, llevó a Melchor y Baltasar para que los niños pudieran entregarles la carta, se hicieran alguna foto y les regalaran un globos con forma de perro, un pompero y un aspito. Yo no pude ir a ver cómo alucinaban viendo a los Reyes Magos o como Pequeñín salía corriendo porque le asustan, o cómo mi Bichito echó la carta rápidamente al buzón y ni siquiera se subió en las piernas de ninguno de los Reyes porque le daba miedo. No pude ir y no pude verlo.

Pasé un rato con muchas contracciones y me desahogué, porque me encantaría estar con ellos y no puedo vivir todas esas experiencias junto a mis hijos. Mañana mi Bichito tiene la función del cole e intentaré acercarme unos minutos para verla, su clase sale la segunda por lo que no estaré mucho rato y me volveré a casa, pero ni siquiera sé si será posible. El viernes van los Reyes Magos al cole y mi marido les llevará para que disfruten de lo que el AMPA del cole, del que somos socios también, ha organizado para todos ellos. Y el sábado el trabajo de su padre organiza una súper fiesta con Papá Noël incluído, animación y muchos regalos. Mis hijos les entregarán la carta, jugarán con los animadores, les pintarán la cara y disfrutarán con el espectáculo, además de recibir un gran regalo cada uno que nosotros ya hemos elegido.

Yo me quedaré aquí, cuidando de mi Pizquita y de mí. Lo sé, tengo que cuidar de mi Pizquita, asegurarme de que ambas estemos perfectamente, pero eso no impide que me duela no poder acompañar a mis hijos y disfrutar junto a ellos.

Y me acosté enfadada, cabreada con el mundo, triste y apenada. Como resultado he tenido pesadillas, muchas pesadillas, he pasado una noche horrorosa y hoy me levanto mucho más triste de lo que me acosté. Hoy me cuesta estar en el sofá, aunque me toque la barriga, hable con cariño a mi Pizquita, conecte con ella y sepa que es por ambas, por la familia entera. Pero me cuesta, joder, que si me cuesta.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Necesario

Siento que lo primero que tengo que hacer para empezar a sentirme mejor es sacar toda esa tristeza y esa pena que llevo dentro. Siento que para poder sonreír primero hay que sacar a la luz aquello que me hace daño, para recuperar la sonrisa y salir fortalecida.

Cada mañana es una tortura, levantarse de la cama y apotronarse en el sofá sola está siendo muy complicado para mí. El mayor problema es que me echo la culpa, no puedo olvidar esas horas en el hospital, ese momento que pasé junto a mi Pizquita, ese pánico a que decidiera venir al mundo sin que fuera su momento. Sé que hay muchas cosas que he hecho mal, pero me cuesta perdonarme el exceso sufrido en las últimas semanas. Algo tenía que terminar mal, el no dormir, el trabajo, la casa, los niños, hacer más cosas de las que debería, tenían que explotar. Y explotó de la peor manera posible, postrándome en un sofá aterrada y siempre pendiente de si es un pinchazo, una contracción, una molestia o simplemente mi obsesión.

Tengo una angustia muy grande porque siento que mi útero está más abajo y mi espalda más curvada, como al final del embarazo. Tengo muchas molestias uterinas y estoy muy asustada, parece que en cuanto me levante volverán las contracciones y aunque pienso que dentro de poco tendré que ir empezando a moverme despacio, el miedo me frena muchísimo.

Paso las mañanas llorando y sólo echo un vistazo a vuestros mensajes, a vuestros correos y a esas palabras de ánimo que me mandáis cada día. Gracias a todos por ellas, hacen que me emocione muchísimo y que me sienta arropada por todos vosotros. Siento si no las contesto, pero me falta encontrar fuerzas en mi interior. Sé que poco a poco me iré sintiendo mejor y os agradezco enormemente todas vuestras muestras de cariño. Gracias a mis amigas del whatsapp la mañana se hace más llevadera, aunque a veces tengo que dejarlas y llorar un ratito. Luego viene mi madre y parece que si hay alguien en casa ponerse a llorar no tiene sentido. Entonces me va trayendo a los niños y aunque no puedo ocuparme de ellos, verles corretear por el salón hace que la estancia se llene de risas y besos y eso alegra a cualquiera. También me ha venido a ver Elo y me ha traído una caja de bombones riquísima, aunque como la vuelva a descubrir mi Pequeñín, no me va a dar tiempo de probarlos todos. Es una suerte contar con todos vosotros al otro lado, con mi familia y con mis amigas, estos momentos todavía serían más difíciles sin todos vosotros.

Gracias, millones de gracias por ello porque hacen que mi día a día sea un poco más sencillo.

Acaban de despertarse mis hijos y me los traen al sofá para poderlos abrazar antes de que se vayan al cole, pero prometo que intentaré escribir pronto.

Besitos desde el sofá

lunes, 11 de junio de 2012

7 años después

Recuerdo aquella tarde, aunque no perfectamente, tengo flases en mi cabeza, momentos nublados y oscuridad. Aquel día estaba en casa, tomando recuerdo una copita de crema de orujo, yo tenía 26 años y era viernes por la noche. Sonó el teléfono, era mi cuñada, “Susana, siéntate”. Por el tono de su voz sabía que pasaba algo, “¿Qué pasa?”. “Siéntate”, “Coño, ¿qué me digas qué pasa?”. “Tu padre”. Por el sonido y la forma de su voz con la que me lo había dicho sabía que había muerto. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, no podía ser, mi padre no. Mi padre era una persona obesa, con problemas asmáticos y distintas alergias. Aquel año había mucha alergia, muchísima y a él le costaba mucho andar y respirar. Un día que fui a verle antes de ir a la facultad, a la salida de su trabajo a las 7 de la mañana, le costó más de media hora hacer 500 metros, se iba parando cada 50 a coger aire y respirar. Recuerdo aquella imagen una y mil veces, aquella infusión que se tomó antes de acostarse junto a mí, porque no podía imaginar que sería la última vez que le viera con vida.

Cuando llegué a su casa, mi padre yacía en su cama y mi hermano allí me esperaba. Cuando llamaron a mi hermano a las 20:00 porque mi padre no se había presentado a trabajar y no le cogió el móvil, supo que algo malo pasaba. Mi padre tenía la mala costumbre de encerrarse en su casa con pestillo mientras dormía y cuando mi hermano llegó tuvo que tirar la puerta abajo y le encontró muerto. Llevaba muerto muchas horas, se había acostado como cada mañana y le dio un paro cardiaco al poquito rato. Los médicos dijeron que fulminante, que no creen que ni siquiera se hubiera despertado, pero a mí me dio la sensación de que sí, de que murió allí solo y que había intentado levantarse por la posición de su cuerpo. Me tumbé junte a él, en la cama que años antes le compré, le abracé y le besé. Su frialdad se quedó en mi piel.

Qué triste y abandonada se siente una cuando pierde a su padre, qué pena tan grande que jamás te deja. Creo que nunca he sentido un dolor igual, un sentimiento de impotencia, de rabia, de por qué mi padre, por qué. Se le paró su enorme corazón, porque sí, porque no pudo más, porque los excesos de la vida le pasaron factura y fue de un día para otro, aunque su decadencia y dejadez llevaba años haciéndose evidente.

Como murió en su casa, de golpe y porrazo, tuvimos que esperar al levantamiento del cadáver y entre que la policía no nos dejaba entrar a la habitación y que el juez vino de madrugada, allí empezó a llegar la familia. Se lo llevaron para hacerle la autopsia y yo me quedé desolada, sin rumbo. La única paz que encontraba era cuando mis ojos encontraban los de mi hermano. Sólo él conocía el sentimiento, sólo él sabía cómo me sentía. Jamás me he sentido tan unida a mi hermano como aquellos días. Se llevaron el cuerpo de mi padre al anatómico forense, a hacerle la autopsia y teníamos que ir allí a recogerlo por la mañana. Como no tenía seguro fuimos al tanatorio para contratar lo necesario, elegir ataúd, sala y esas cosas. Mi hermano era el mayor, por lo que le tocó pasar todo aquello, hacerse cargo de la situación, aplacar su dolor y tener la cabeza fría. Sentados los dos, cogidos de la mano, fuimos eligiendo cada cosa mientras el señor trajeado, detrás de aquella mesa color caoba, nos iba enseñando una y otra cosa.

Nos fuimos a casa a esperar a la mañana siguiente a por el resultado de la autopsia y decirles dónde tenía que llevar a mi padre. Cuando llegamos había una mujer que había perdido a su pequeño, qué enorme dolor tenía que ser aquel. Yo había perdido un padre, pero aquella mujer había perdido un hijo y yo sabía, aunque no tenía hijos todavía, que aquel dolor era el peor que nadie puede sentir en su vida.

Mi padre había muerto de un paro cardíaco, como él había querido siempre, morir como su padre y lo mandarían al tanatorio a medio día. Pero al mediodía no llegó y a mitad de la tarde, cuando ya nos impacientábamos, nos devolvieron un ataúd totalmente cerrado y yo tenía que creer que allí estaba mi padre. Habían hablado con mi hermano, no podíamos verle, habían tenido que embalsamarle y, por lo tanto, cerrar el ataúd. Sentí rabia, impotencia e ira, la policía me había sacado de la habitación por la noche, sin permitir acercarme a él y ahora sólo tenía una caja, una caja de pino.

Ya hace 7 años y le sigo echando de menos cada día. Pienso en él muy a menudo, muchísimo. Me acuerdo tanto de él. Mi Pequeñín comparte tantas cosas con mi padre, a veces le miro y veo tanto de él en mi hijo. No sólo comparten el nombre y algunos rasgos físicos, sino también el grupo sanguíneo. Mi marido y yo somos A+ y mi Pequeñín es O+, como mi padre. Son esas casualidades de la vida que hacen que pienses que a veces los astros se alinean. Ayer, 10 junio, hizo 7 años que mi padre murió, coincidencias de la vida, el mismo día que hace 21 años que también murió mi abuela, la madre de mi madre y no hay un solo día que no les eche de menos…

Te quiero papá

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Por qué llorar está mal visto?

Se reunieron a las 12:00, yo hasta aquel momento aguanté como una jabata. Cada vez más nerviosa porque, en principio, mis responsables no iban a ir pero después parece que sí, de lo que me alegré muchísimo. 9 copias de mi informe sobre mi trabajo en los últimos 3 meses se imprimieron para entregar a los que pedían mi cabeza y a la subdirectora.

A las 11:55 vi salir a mi jefe de área junto a mi jefa pero ¿y mis responsables? Los que conocen mi trabajo, los que pueden defenderme con más argumentos, ¿por qué no iban? Me acerqué a la mesa de mi responsable y me dijo que al final no, que confiara en mi jefa y me vine abajo. Me fui al baño y lloré, no podía aguantar, no conseguía ver el código en mi ordenador, me había equivocado varias veces a la largo de la mañana. Demasiada presión, demasiada angustia.

Me descargué un poco y me vino bien, aunque la presión en el pecho no desapareció. Estuve esperando hasta que volvieron de la reunión. Mi jefa entregó el informe y esto fue lo que me dijeron que dijo la subdirectora: “Me lo leeré, pero como si no supiera de quien es, no se puede personalizar. El trabajo es de un equipo, de un departamento y si alguien necesita ayuda se le asigna un apoyo, pero no se puede atacar a nadie”. Y ahí quedó, la jefa del otro departamento no puedo decir nada más, que se leería el informe detenidamente. Miedo me da, porque ayer pasé por el lugar de trabajo de su departamento y ahí estaban encima de la mesa impresos todos mis correos, todo lo que yo les había mandado y pedido, algo se traía entre manos. Pero, por lo menos, lo peor ha pasado o eso espero, aunque la situación no es nada cómoda.

Cuando salía del trabajo me encontré a un compañero que me dijo que no tenía que ser tan aprensiva. ¿Por qué llorar está tan mal visto? No logro entender que tengamos que reprimir nuestros sentimientos. Yo se lo digo a mi hija, llorar no es malo, mamá llora cada vez que lo necesita. Entiendo que la frustración, la pena, la angustia se canalicen a través del llanto y así lo transmito a mis hijos. Si me tachan de aprensiva, de alarmista, no me importa porque me vino bien, tenía mucha presión. Lloré en el baño, junto a mi amiga, junto a mi responsable y volvería a hacerlo. No me da vergüenza llorar y tampoco decirlo. Yo soy una mujer fuerte y llorar no me parece un símbolo de debilidad. Para mí es una vía de escape y lloraré cada vez que lo necesite, soy muy llorona y poco me importa lo que piensen otras personas. El único al que vuelvo loco es a mi marido, que ya se ha acostumbrado y ha comprendido (unas veces más, otras menos)  mi necesidad de desahogarme de esta manera. Me cuesta entender por qué la gente se reprime y quiere reprimir a los demás. Yo no quiero y no voy a esconder mi llanto, porque para mí en algunos momentos es una necesidad. Eso no quiere decir que lo haga en mi sitio, a la vista de todo el mundo, pero si necesito hacerlo, me iré al baño y lloraré. ¿Por qué tenemos que ocultarlo? Enjuiciamos demasiado…

Quería aprovechar a daros las gracias a todos por  vuestros mensajes, vuestros comentarios, vuestros correos, vuestros wassap, vuestros sms. No me he sentido sola en ningún momento y me he sentido muy apoyada y arropada. Gracias también a mi compi, que me apoya y me aguanta cada día, a Elo que vino ayer a verme para animarme y dejarme su hombro. Y a mi familia, a mis hijos que me animan cada día y a marido, al que tengo que tener muy preocupado porque lleva 4 días que no me deja sola, aún a sabiendas que él estaría mejor en casa tranquilo nos acompañó ayer a merendar para ocuparse de los niños y así nosotras poder hablar más cómodamente.

Gracias a todos por preocuparos por mí, por mandarme tanto cariño, por todas esas cosas bonitas que decís de mí. Gracias por pensar en mí, por preocuparos, por dedicarme un pensamiento positivo en estos días, por estar pendientes de mí. No sé cómo daros las gracias, pero muchísimas gracias.

martes, 31 de enero de 2012

Momentos complicados

Estoy viviendo momentos un tanto complicados porque la situación no es nada cómoda. De aquí me pueden echar, éste es mi cliente que no mi empresa, por lo que pueden prescindir de mí como recurso. A mí este cliente me gusta, se tiene cierta libertad en el horario, no hay demasiado volumen de trabajo y tengo una gran amiga aquí, por lo que me gustaría quedarme.

Todavía tienen que reunirse, no lo hicieron ni el viernes ni ayer y yo ya estoy de los nervios. Todo el mundo me dice que no me preocupe, pero no puedo evitarlo. Además la situación me está creando mucho estrés, si voy a sacarme leche estoy pensando que llevo mucho tiempo en el servicio y me impaciento, si voy a desayunar estoy pendiente de irme lo antes posible para no tardar mucho, miro hacia atrás para ver cuando el jefe de área tiene una reunión, si veo a mi jefe hablando con él me crea muchísima ansiedad y no soy capaz de concentrarme en otra cosa. Estoy muy nerviosa y en vez de relajarme cada vez me estreso más.

Es una situación muy complicada y hasta que no se reúnan no sabré la decisión que deciden tomar. Al fin y al cabo estoy en el punto de mira y tengo la sensación de que todo el mundo me observa.

He llegado a tal punto que ayer cuando llegué a casa no pude evitar ponerme a llorar, me está generando muchísima ansiedad y no hay nada como llorar para descargarse. Durante la mañana siento algo en el pecho que me oprime y me duele la parte alta de la barriga. Me está costando mucho reponerme y sonreír e intentar como que no está pasando nada. Con mi marido apenas hablo del tema y es que sé que con él me vendría abajo y no quiero, debo de ser fuerte.

Gracias a mi familia que me apoya y que me ayuda, los momentos que estoy con ellos los paso mejor, de hecho apenas me acuerdo. El fin de semana ha sido un no parar, el sábado me fui con mi Bichito al circo, un plan de chicas, y dejamos a los chicos en casa. Desde que nació mi Pequeñín apenas la dedico tiempo a ella en exclusiva, así que aproveché y pasamos la tarde juntas. El domingo fuimos a ver un espectáculo de música en inglés y a comer por ahí con unos amigos, lo pasamos estupendamente y por la tarde teníamos una celebración familiar. Ayer me acompañaron a elegir un reloj como regalo de cumpleaños y me llevaron a cenar, para despejarme, para no pensar, para apoyarme, para ayudarme, para animarme y lo consiguieron. Pero las noches son muy duras. Mi Pequeñín sólo se despierta increíblemente una vez, pero yo lo hago tres o cuatro y en cada una me desvelo durante un buen rato. A las 5:00 ya he sido incapaz de dormirme y así llevo ya casi una semana. Además he vuelto a tener pesadillas.

Esta situación me está generando muchísimo estrés y ansiedad. Me siento intimidada y como si fuera una hormiguita en un mundo de gigantes. 

lunes, 9 de enero de 2012

Triste

Estoy triste y apenada y he pasado una noche horrorosa. Desde que soy madre veo las cosas desde ese punto de vista y no entiendo el comportamiento de determinadas personas. Por desgracia mis pensamientos me quitan el sueño, la rabia que siento al ver que a mi familia y a mí no se nos trata como debería, no me permite dormir. En toda la noche no he pasado de hora y media de sueño y han sido en intervalos de 10-15 minutos. Mi Pequeñín tiene tos y mocos, por lo que se despierta muy a menudo, si a esto le unimos que cada vez que me despierto me viene a la cabeza el mismo pensamiento, la noche ha sido malísima.

Es algo que no puedo evitar y que me pasa desde hace muchos años. Yo no puedo irme a la cama enfadada, porque si no, no puedo pegar ojo. Por más que intento olvidarme, en cuanto me tumbo para intentar conciliar el sueño, me vienen todas esas preguntas a la cabeza y me duele tomar una decisión drástica. Me duele y mucho, pero llevo años sufriendo gracias a la misma persona y mi marido está cansado de verme sufrir. Ahora, que también repercute en mis hijos, empiezo a plantearme apartarla por completo de mi vida. Cada vez que tiendo la mano me devuelve un bofetón en los morros.

Con estos pensamientos y esta tristeza es imposible conciliar el sueño. No sé cuántas oportunidades le he dado ya, cuantos perdones sin que lo supiera, cuantas noches sin dormir, cuantas lágrimas derramadas por su culpa. No quiero que siga pasando, pero me duele mucho tomar esta decisión que creo que voy a terminar tomando. Porque cuando ocurre algo, no es aislado, sino que se suma a las otras tropecientas veces en las que no eras lo suficientemente importante.

Pero ahora mis hijos están recibiendo el mismo trato que su madre y eso sí que no lo aguanto. Mis hijos son lo mejor del mundo y no voy a permitir que se les trate como segundas. Mis hijos merecen estar en primera posición, porque son unas personas maravillosas, son unos niños cariñosos, divertidos, risueños, que dan su amor sin condiciones y, qué narices, porque son mis hijos.

Así que no sé cómo acabará el día, sólo sé que tengo pocas fuerzas. Nunca he sido capaz de tomar esta decisión, de romper, de apartarla de mi vida y seguir adelante. Pero estoy tan cansada de aguantar, de tragar, de sufrir, de llorar…

domingo, 25 de septiembre de 2011

Deprimida

Y es que ahora mismo me encuentro como si tuviera todas las depresiones juntas que no he tenido: depresión post-parto, depresión post-vacacional, depresión pre-separación de mis hijos, depresión pre-laboral...

Me encuentro fatal, dos días con dolor de barriga, una pena horrorosa cuando miro a mi Pequeñín. No consigo descansar y mucho menos estar tranquila. Me encuentro en una situación un tanto angustiosa y el mero hecho de pensarlo me da dolor de cabeza. Quizá sea por eso por lo que toda la semana he tenido una jaqueca horrorosa. Sea por lo que sea y pase lo que pase, mañana me incorporo de nuevo a la vida laboral. Vuelvo al trabajo y no me apetece ni un pelo. Lo que me gustaría poder quedarme en casa con mi Pequeñín, jugar a hacerle pedorretas y verle como se ríe a carcajadas y le entra hipo.

No hay marcha atrás, mañana mi despertador sonará a las 6:00 para irme a trabajar y antes me habré despertado un par de veces para dar el pecho a mi Pequeñín. Espero que mi Bichito no nos llame también porque si no no va a haber grúa que me levante de la cama.

De los nervios que tengo no he conseguido dormirme la siesta y tiene pinta que me costará quedarme dormida ahora. Aún así voy a acostarme en cuanto publique este post, aunque no me duerma por lo menos estaré descansando porque me duele la espalda de la angustia.

Por suerte, mañana estará esperando mi amiga y podremos ponernos al día y darnos un montón de besos. Estoy segura que ella me ayudará a superar la semana. Ay, nena, dame un montón de besos!!!

En fin, buenas noches a todos, ojalá el día de mañana no sea tan duro como creo que será...

viernes, 6 de mayo de 2011

Falta de sueño

Hoy no tengo ganas de casi nada excepto de meterme en la cama. Pero fíjate tú por donde, hoy comienzo las clases de gimnasia post-parto con bebé, así que de volver a la cama ni hablar.

Ayer me acosté tarde y un poco triste, así que me costó mucho dormirme y cuando lo estaba consiguiendo se despertó mi Pequeñín. Eran casi la 1 y después de darle el pecho, la 1:30. A las 4 ya me estaba llamando, pero esta vez tenía muchos gases y no pude acostarme hasta la 5, a las 7 ya nos hemos despertado. Total de sueño casi 4 horas, a mi me cuesta mucho quedarme dormida.

Pero hoy estoy más cansada de lo habitual porque aunque he dormido no he descansado, no me acosté demasiado bien ayer, estaba un poco tristona y agotada, mi Pequeñín se pasó toda la tarde en mi tetita y encima mía y si le dejaba un minuto lloraba y eso cansa mucho.

Estaba muy contenta de empezar esta gimnasia y me da una lata tremenda estar cansada y tristona, pero es lo que toca. Así que voy a recoger y a prepararnos que a las 12:00 empezamos el curso de Gimnasia Post-Parto. Ya os explicaré algo más, pero según me contó la matrona por teléfono son 5 semanas, los viernes, excepto una que será el jueves. Esta semana está ella sola, la semana que viene creo que viene un pediatra, la otra un enfermera y la otra un fisioterapeuta, la última no tengo ni idea de si viene alguien.

Me iré paseando hasta el centro de salud, más o menos tres cuartos de hora, las clases duran entre hora y media y dos horas y luego si me da tiempo y ganas volveré también andando. Si no cogeré el autobús. Aunque no estoy muy segura qué hacer hoy, dado que predicen lluvias. Antes de salir miraré si tenemos alguna nube en el camino y si es así me iré en coche.

Y por la tarde llevaré a mi Pequeñín al pediatra, porque tiene la carita llena de granos. La pediatra me dijo que eran engordaderas, pero ayer una enfermera y una doctora me dijeron que tenía pinta de dermatitis. Me han dicho que no le van a mandar nada porque es muy chiquitín y que si le picara estaría incómodo, pero yo aun así le llevo para que lo valore su pediatra. Ya os contaré qué nos dicen.

Os deseo un buen fin de semana. Hoy mi Pequeñín hace 6 semanas. Felicidades!!!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Nochecita Toledana

Pues eso, que he pasado una de esas noches que mejor olvidar. Me desvelé, eran las 3 de la mañana y no conseguía dormir. Vuelta a la derecha, vuelta a la izquierda, boca arriba, de lado, casi me pongo a hacer el pino a ver si así me dormía. Pero no había manera, no conseguía coger el sueño, mi cabeza daba vueltas y no había forma de que parara.

Pasadas las 4 de la mañana debí de coger algo de sueño, pero como no podía ser de otra manera tuve fuertes pesadillas. Y así he pasado 2 horas, hasta que mi Bichito a las 6 de la mañana se ha despertado dando gritos, cosa bastante rara. Estaba alterada y sofocada, así que la tomé en brazos y nos sentamos en la mecedora. Quizá debió de tener una pesadilla, pobrecita, con lo mal que se pasa.

Yo volví a la cama, pero no podía dejar de llorar. Las pesadillas a veces me afectan y hacen que el día y sobre todo la noche se haga muy duro. Conseguí tranquilizarme, pero ya no ha habido forma de volverme a dormir.

Mi Bichito a las 8:10 ya nos ha llamado y ella se ha despertado muy feliz, de lo cual me alegro un montón, pero yo estoy muy alicaída. Así que llevo rachas intermitentes de lloros, de no poder contenerme, de pena y un dolor de cabeza enorme. Una mala noche y una fuerte pesadilla me hacen sentir muy vulnerable.

Encima hoy no podemos quedarnos en casa, tenemos comida con la gente de mi facultad, con la que quedamos una vez al año. Mi estado de ánimo es bastante malo, pero quiero ir, aunque sea para despejarme. Luego iré al ginecólogo, tengo cita a las 16:10 y después íbamos a irnos nosotros a cenar, pero no me siento con demasiadas ganas, después de dormir 2 horas, embarazada de 6 meses, al final del día lo único que me apetecerá será acostarme, porque echarme una siesta lo dudo muy mucho.

Espero que vosotros tengáis un mejor comienzo de día. Yo voy a ver si una ducha me espabila, que ahora me toca tender, poner una secadora, doblar ropas... lo típico en vacaciones, jajajajajaja.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Mejor no pensar

Ojala pudiera borrar de mi cabeza lo acontecido en los últimos días, ojala fuera tan fácil olvidar y seguir para delante, pero no puedo. Como dice mi marido tengo esa sonrisa forzada que significa "Sonríe, sonríe, que al final te lo crees". Intento no pensar en ello y a veces hasta se me olvida que debo de estar enfadada con ella o que realmente lo estoy. Es una situación difícil. Sin embargo cuando alguien me pregunta qué tal el puente no tardan en saltárseme las lágrimas.

Al final el puente no fue tan bueno como esperábamos, terminé discutiendo con mi madre y tuve que volverme a casa. Han sido días muy duros. Así que siento mucha pena, porque creo que esta vez voy a ser fuerte y voy a seguir a delante con mi familia.

Me siento mal en mi interior, siento que falta algo, que se ha roto algo y no ha sido sólo mi corazón. Duele mucho, muchísimo y sé que me costará superar esto pero con la ayuda de mi marido y de mis hijos saldré adelante mucho más fuerte y demostrando la clase de persona que soy, la que ha construido una gran familia.

Mi marido me ayuda y me apoya, mi hija me sonríe, aunque ayer la dio por pegarme y se me saltaban las lágrimas. Sé que estoy excesivamente sensible y que me hace daño cualquier cosa.

Feliz fin de semana.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Qué decir hoy

Aunque sé perfectamente de qué me gustaría hablar hoy, no puedo hacerlo. Cuando quieres desahogarte y no puedes, sientes una gran frustración. Hay momentos en los que la vida te muestra un camino equivocado al que tú pretendías seguir. A veces te dejas llevar y no le das importancia, pero otras te retuerces porque ves que es injusto. Así me siento hoy:

Siento rabia, desconcierto, dolor, pena, soledad. Las personas son egoístas por naturaleza, van a lo suyo, a su bienestar y olvidan el de los demás. Aunque luego les gusta que en la misma situación les trates con cariño y con amor. Buscan su beneficio y olvidan a los que les rodean.

Siento mucha tristeza. Si por mi fuera hoy no habría venido a trabajar, todos esos sentimientos no me dejan dormir y mucho menos descansar. Lo único que tengo ganas es de ver a mi Bichito, de abrazarla, de sentirla, de besarla, de achucharla. Será entonces cuando me sienta mejor. Hasta entonces me queda una dura mañana.

Espero que vosotros paséis un buen día.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Expectativas

Quizá fue porque tenía demasiadas expectativas en el día de ayer, por fin mi marido iba a estar con nosotras después de dos meses. Quizá fue porque creía que disfrutaríamos de nuestra compañía o quizá porque creí que aprovecharíamos para querernos. No sé por qué pero no resultó como yo esperaba. Debíamos estar ambos muy cansados, yo pasé mala noche y, por lo tanto, él también. Era la primera vez que saldría a las 16:15 en vez a las 14:30. Debió ser porque yo salí de trabajar y me fui a comprar y me tomé una empanada esperando a mi Bichito en el banco de enfrente de la guarde. Debió ser porque él salió de trabajar y se fue a comprar la fruta y llegó cerca de las 17:30 a casa. Debió de ser porque estábamos agotados, pero la tarde de ayer no fue como esperaba.

Cuando te haces una idea preconcebida en la cabeza y esperas que suceda tal como habías montado la escena, te llevas un chasco muy grande cuando las cosas no suceden así.

Demasiadas expectativas, estoy segura. Pensé que tendríamos tiempo para darnos un besito y un abrazo, que cenaríamos y nos recostaríamos en el sofá los dos juntitos, que nos miraríamos de vez en cuando mientras uno hacía una cosa y el otro otra, pero no fue así. Estábamos tan irritables que en vez de hablarnos nos gruñíamos, en vez de abrazarnos nos evitábamos y en vez de mirarnos nos rehuíamos. Nos dimos un par de malas contestaciones, creo que fue por el cansacio, el cambio, las mil y unas cosas que teníamos que hacer. Lo bueno es que mi Bichito tuvo ración doble de besos y de mimos, sólo entre nosotros nos sentíamos extraños, demasiadas cosas que hacer y muy poco tiempo.

Al final salimos los tres de casa, les dejé en el Centro Comercial a mandar una carta urgente y yo me fui a depilar, llegábamos tarde. Son tantas cosas a lo largo del día que ni nos da tiempo a mirarnos y darnos cuenta que somos compañeros, amigos y no enemigos. Ni yo tengo la culpa de su poco tiempo ni él tiene la culpa de que siempre vaya corriendo a todas partes, pero nos tratábamos como tal.

Me senté de vuelta en el coche y sentí que hacía tiempo que no ocurría esto. Iba sola, con prisa porque ya llegaba tarde para la cena de mi Bichito, pero cuánto hacía que no estaba sola. Recordé momentos del pasado cuando no podía dormir, aquellos momentos en los que no podía ni moverme en todo el día, recordé a mi padre, le eché de menos y lloré de camino a casa. Sabía que donde mejor estaba era al lado de mi familia, por suerte me esperaban con una amplia sonrisa y un beso cada uno. Se me olvidó la pena y la tristeza.

Hoy no tengo tantas expectativas porque igual que ayer no tenemos tiempo ni para darnos un beso, intentaremos arañar unos segundos al tiempo, pero estoy segura que poco a poco iremos acostumbrándonos y podremos disfrutar de las tardes juntos en familia.

P. D.: Por suerte hoy he podido descansar más y dormir un poquito.

martes, 19 de octubre de 2010

La mala educación

Después de otra mala noche no entiendo cómo pueden venirme esos flases a la cabeza, pero me vienen. Tiene narices que pases una noche entera teniendo pesadillas y que cosas que han pasado este verano vengan a hacerte sentir mal sin venir a cuento. Me he acordado de un incidente sin importancia que ocurrió este verano cuando charlaba con un conocido. De hecho, he llegado a plantearme entre sueños si tenía algo que demostrar y estoy segura de que no, que no tengo que demostrar nada.

Soy la menor de dos hermanos. Fui una chica un tanto rebelde, pero cuando mis padres se separaron y mi madre decidió rehacer su vida, yo me quedé en casa con mi abuelo enfermo de alzheimer. Mientras esto ocurría estuve estudiando una carrera, Ciencias Matemáticas en la especialidad de Computación. Cuando a mi abuelo le dio una parálisis ya no pude hacerme cargo de él y fue a una residencia, fue entonces cuando yo caí enferma, muy enferma. Tenía pesadillas y no podía dormir. Fueron 3 años horribles y entonces murió mi abuelo, menos de dos meses después murió mi padre. Justo entonces conocí a mi marido como amigo y en septiembre terminé mi carrera, 8 años después de haberla empezado (una media muy buena dado que estaba en 10 años terminarla). Al poco empezamos a salir y fue entonces cuando empecé a ver la luz. Dejé las pastillas con la ayuda de mi marido y poco a poco, con alguna que otra recaída, salí adelante.

A los dos años nos casamos y al año siguiente me quedé embarazada, era mi gran sueño.Trabajo en una empresa bastante grande, soy analista programador en el sector público y me gusta, me entretiene muchísimo y se me pasa las horas rapidísimo cuando estoy absorta en mis tareas. Soy madre y me considero buena madre. Daría cualquier cosa por mi Bichito y siempre ella antes que yo. Tengo las ideas muy claras y suelo llevarlas a cabo, sobre todo mis pensamientos sobre una crianza feliz, por encima de quien se me ponga por delante. Voy a ser madre de nuevo, lo que me hace tremendamente feliz. Sé cocinar y hacer las tareas de la casa, aunque planchar no se me da demasiado bien. Y me considero buena amante para mi marido, aunque le echo mucho de menos porque entre diario apenas nos vemos.

En definitiva me siento bien conmigo misma. Y me siento "realizada" desde que soy madre, no antes. Sin embargo, la gente intenta dejarte a la altura del betún en cuanto tiene ocasión. Este verano estábamos hablando con unos conocidos. Su hija ha estado sin ir a la guardería hasta este año, mi Bichito tiene unos días más que el suyo y han podido hacer esto porque su papá se ha podido quedar en casa dado que hace tele-trabajo. Estaba hablando con la mamá y me dijo que él trabaja en el sector de la informática. Me quedé atónita, porque yo también trabajo en este sector y estaría encantada de hacer tele-trabajo, así que le dije que yo también trabajaba en este sector, que era programadora. Y fue entonces cuando me hizo sentir como una hormiguita: "Buah, no jodas, programador, no hombre, yo no programo, hace mucho". Me sentí fatal, como si tuviera que darle explicaciones de a qué me dedicaba y por qué. Explicarle que mientras él se hacía "pajillas" y se explotaba las espinillas yo cuidaba de una persona enferma de alzehimer e iba y venía de hospitales porque se caía y se hacía una brecha o se desorientaba y estudiaba lo que podía en casa mientras cuidaba de él, hacía la compra y la comida para ambos.

Tengo 31 años y me siento bien conmigo misma y orgullosa de lo que me he convertido, pero, sin embargo, aquella conversación me atormenta. Soy muy buena persona, de verdad, no deseo mal a nadie, no tengo malicia, si puedo ayudar a alguien lo hago, vivo con lo que tengo, no robo y lo único que quiero es ser una gran madre madre para mis hijos y ¿por qué tengo que recordar esa maldita conversación? De verdad que no lo sé y llevo toda la mañana preguntándomelo mientras venía hacia el trabajo. Y ¿por qué me molesta? ¿por qué no ha pasado esa conversación sin más por mi vida sin que se me quede grabada? Me sentí cuestionada e infravalorada, como en los dibujos cuando hay una persona en un pedestal altísimo y tú eres una cosita pequeña a sus pies, pues igual, me estaba mirando por encima del hombro, me hizo sentir muy inferior. Y esa sensación es la que he tenido toda la noche y apenas he podido dormir.

Me he levantado con un fuerte dolor de cabeza, abrazando a mi marido llorando, creo que le echo demasiado de menos y estoy deseando que por fin pase a la mañana, son demasiadas horas separados durante demasiado tiempo y quizá mis hormonas de embarazada me estén jugando una mala pasada.