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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Expectativas

Quizá fue porque tenía demasiadas expectativas en el día de ayer, por fin mi marido iba a estar con nosotras después de dos meses. Quizá fue porque creía que disfrutaríamos de nuestra compañía o quizá porque creí que aprovecharíamos para querernos. No sé por qué pero no resultó como yo esperaba. Debíamos estar ambos muy cansados, yo pasé mala noche y, por lo tanto, él también. Era la primera vez que saldría a las 16:15 en vez a las 14:30. Debió ser porque yo salí de trabajar y me fui a comprar y me tomé una empanada esperando a mi Bichito en el banco de enfrente de la guarde. Debió ser porque él salió de trabajar y se fue a comprar la fruta y llegó cerca de las 17:30 a casa. Debió de ser porque estábamos agotados, pero la tarde de ayer no fue como esperaba.

Cuando te haces una idea preconcebida en la cabeza y esperas que suceda tal como habías montado la escena, te llevas un chasco muy grande cuando las cosas no suceden así.

Demasiadas expectativas, estoy segura. Pensé que tendríamos tiempo para darnos un besito y un abrazo, que cenaríamos y nos recostaríamos en el sofá los dos juntitos, que nos miraríamos de vez en cuando mientras uno hacía una cosa y el otro otra, pero no fue así. Estábamos tan irritables que en vez de hablarnos nos gruñíamos, en vez de abrazarnos nos evitábamos y en vez de mirarnos nos rehuíamos. Nos dimos un par de malas contestaciones, creo que fue por el cansacio, el cambio, las mil y unas cosas que teníamos que hacer. Lo bueno es que mi Bichito tuvo ración doble de besos y de mimos, sólo entre nosotros nos sentíamos extraños, demasiadas cosas que hacer y muy poco tiempo.

Al final salimos los tres de casa, les dejé en el Centro Comercial a mandar una carta urgente y yo me fui a depilar, llegábamos tarde. Son tantas cosas a lo largo del día que ni nos da tiempo a mirarnos y darnos cuenta que somos compañeros, amigos y no enemigos. Ni yo tengo la culpa de su poco tiempo ni él tiene la culpa de que siempre vaya corriendo a todas partes, pero nos tratábamos como tal.

Me senté de vuelta en el coche y sentí que hacía tiempo que no ocurría esto. Iba sola, con prisa porque ya llegaba tarde para la cena de mi Bichito, pero cuánto hacía que no estaba sola. Recordé momentos del pasado cuando no podía dormir, aquellos momentos en los que no podía ni moverme en todo el día, recordé a mi padre, le eché de menos y lloré de camino a casa. Sabía que donde mejor estaba era al lado de mi familia, por suerte me esperaban con una amplia sonrisa y un beso cada uno. Se me olvidó la pena y la tristeza.

Hoy no tengo tantas expectativas porque igual que ayer no tenemos tiempo ni para darnos un beso, intentaremos arañar unos segundos al tiempo, pero estoy segura que poco a poco iremos acostumbrándonos y podremos disfrutar de las tardes juntos en familia.

P. D.: Por suerte hoy he podido descansar más y dormir un poquito.