Ayer a mediodía llegué a tener 100 seguidores. Y os doy las gracias a todos por leerme, los que le han dado al botón de seguir, como los que no lo han hecho. A todos los que en algún momento habéis leído mi blog, UN MILLÓN DE GRACIAS.
Pero ¿por qué 100 seguidores es una cifra importante? No os vayáis a pensar que es por ser un número redondo o por algo parecido, porque no es así, es algo más profundo. Os explicaré porqué:
Desde bien pequeña escribía mis sentimientos en hojas de papel sueltas, en la parte de atrás de los cuadernos, en el ordenador. Recuerdo que llegué a tener un diario con contraseña en formato WordPerfect. Me gustaba plasmar lo que me ocurría, lo bueno, pero sobre todo lo malo. Me servía para reorganizar mis ideas y para desahogarme. Aunque después rara vez lo volvía a leer.
Escribía y escribía sin un lugar fijo, papeles que podía encontrar cualquiera, pero que nunca encontró, servilletas de papel que luego tiraba en la papelera. Cuando estuve enferma escribí mucho, me servía para centrarme y alguna vez para descentrarme del todo. No entendía por qué me estaba ocurriendo eso a mi, pero me ocurría. Si cierro los ojos soy capaz de verme sentada en mi cama, con el cuaderno, un boli, un par de paquetes de klinex, una copa y una botella de vino tinto. En aquel entonces vivía sola y aquella niña que escribía sus tonterías y sus desamores pasó a desahogarse con una pluma y un papel sus problemas más profundos.
Conocí a mi marido en aquella época de mi vida en la que estaba totalmente perdida, mi padre había fallecido y mi abuelo, al que había estado cuidando desde los 18 hasta los 25 con alzheimer, también había fallecido ni dos meses antes que mi padre. Yo llevaba desde los 24 muy enferma y le conocí con 27. Fue la luz de mi vida, el que iluminó aquella total oscuridad en la que me encontraba recluida. Vivía en una cárcel dentro de mi y ni mi mente ni mi cuerpo eran capaces de soportar y asimilar tanto dolor.
Él me ayudó poco a poco a liberarme y a aprender a querer de nuevo, a confiar y a saberme valorar como persona y como mujer. Le conté cada cosa de mi vida, le enseñé todo de mi y eso incluía mis escritos. Fuimos encontrándolos y él fue leyéndolos. Le recuerdo alguna vez mirándome mientras los leía con aquellos preciosos ojos casi negros llenos de lágrimas. Sus abrazos, sus consuelos, sus besos, sus palabras de aliento fueron los que me sacaron de aquel tiempo, que por suerte ya pasó.
A él le gustaba leer lo que escribía, ya fuera en un papel, en un correo electrónico o en el semanario de embarazo de nuestro Bichito. Siempre le gustó leerme y siempre me dijo que lo hacía muy bien, aunque esto fuera únicamente para él.
Cuando me quedé embarazada empecé a buscar información sobre algunos temas y cuando di a luz busqué mucho más en internet sobre los cólicos, la lactancia y demás temas que me interesaban. Por aquel entonces ya empecé a leer y seguir algún blog.
Un día le conté a mi marido que estaba pensando en escribir uno, pero que no sabía qué hacer. Él me animó mucho y entonces me dispuse a escribir. No era capaz ni de ponerle título, ninguno era de mi agrado, pero al final me decidí por el que tiene. En cuanto publiqué el primer post, hace ahora más de seis meses, él se hizo mi seguidor, fue mi primer seguidor.
Mi marido es más de actos que de palabras. Yo siempre le preguntaba, ¿te ha gustado el post de hoy? Y él me comentaba lo que sí, lo que no, los fallos que a él le parecían, si eran demasiado largos, si incluía varios temas en un mismo post, pero nunca comentaba. Así que un día le pregunté, ¿cuándo vas a comentar en mi blog? Y me dijo: "Cuando tengas 100 seguidores".
Tachán!!! Y ese momento llegó justo ayer. Así que en el post de hoy tiene que comentar y para mi es un momento muy especial e importante porque va a ser la primera vez que escriba algo donde yo escribo. Siempre ha sido él el que me ha leído a mi, pero esta vez voy a ser yo la que lo lea, aunque estoy segura que no va a ser más de dos sílabas, pero para mi es muy importante.
Así que Ale este post va por ti, para que comentes lo que quieras y para darte las gracias por todos esos momentos juntos y por salvarme la vida. Gracias a ti tenemos una hija preciosa y vamos a tener a nuestro pequeño dentro de nada. Te amo, no he querido a ningún hombre como te he querido a ti (corre, que te queda poquito para disfrutar de eso) y jamás nadie ha dado y luchado tanto por mi. Eres la mejor persona del mundo y cada día que te miro doy gracias por ser yo la mujer que está a tu lado. Eres maravilloso y aunque a veces un poco gruñón, no hay ni una sola milésima de segundo de mi vida en la que no estaría a tu lado. Te quiero mi amor.
P. D.: Vaya llorera que me he pegado a primera hora de la mañana!!!