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miércoles, 8 de mayo de 2013

Instinto materno

El instinto maternal es una determinación biológica que ayuda a preservar la especie, siendo el bebé humano el más desvalido de los mamíferos. Proteger a los bebés, darles alimento y cariño son conductas que no varían entre las personas y los animales.

El lunes, bajaba por las escaleras de la entrada del portal con mi Canija en brazos, cuando sentí cómo la cabeza del peroné no apoyaba correctamente sobre el tobillo, el pie se torció y yo caí llevando a mi bebé en brazos. Sólo fueron dos escalones y de pronto me encontré tirada en el suelo de espaldas con mi bebé intacto en mis brazos. Todavía no sé cómo fue posible, el operario que me vio caer justo frente a mí sigue sin explicarse cómo conseguí darme la vuelta, caer de espaldas y salvar un golpe casi seguro a mi Canija. Nadie sale de su asombro, pero mi Canija no tiene ni un rasguño, ni un golpe, ni siquiera se asustó. El instinto maternal de proteger a mi cría hizo que me diera la vuelta y cayera de espaldas, sin soltarla para sujetarme o para amortiguar la caída.

Lo más importante era que mi Canija estuviera bien, una vez comprobado que no se había hecho absolutamente nada me di cuenta del dolor, me costaba mover el pie y me subía el dolor desde el tobillo hasta la pierna. El tobillo comenzó a hincharse y el lateral externo de la pierna también, así que no hubo más remedio que acudir a urgencias mi marido, mi Canija y yo. Por protocolo mi Canija no podía acompañarme por los virus hospitalarios, sin embargo, si necesitaba comer la llevaban a una sala de lactancia dentro de urgencias, pasando por pediatría. Digo yo que los virus se encuentra por todo el hospital, que no ven el cartel de pediatría y salen huyendo. Yo habría preferido no llevar a mi Canija, pero ni sabíamos cuánto íbamos a tardar ni tampoco creía que lo mejor era dejar a mis tres hijos sabiendo que mi Canija necesita estar en brazos todo el tiempo y además nunca le hemos dado un biberón de leche materna. La llevé conmigo y mi marido se quedó con ella en la sala de espera.

Resolutivos estaba hasta arriba, un puente tan largo traía consecuencias y aunque yo tuviera un bebé fuera, mi estado no era grave. Me hicieron una radiagrafía y después de hora y media esperando me avisaron que mi bebé tenía hambre. Fuimos a la sala de lactancia atravesando por urgencias pediátricas y la di el pecho. Mi Canija se quedó dormida de nuevo y yo volví a resolutivos mientras ellos aguardaban en la sala de espera. Un rato después me vio la doctora que me dijo que era un esguince, que por suerte no había rotura y que tenía que guardar reposo durante 1 semana. Cuando la dije que era imposible porque tenía tres hijos, uno de ellos con un mes, me recomendó moverme lo menos posible, intentarlo sobre todo los 3 primeros días y que me mandaría ibuprofeno, pero que con la lactancia... Estuve explicándola que no había ningún problema, que de hecho puede comprobarlo en la web www.e-lactancia.org y que el ibuprofeno, como muchos otros medicamentos, son totalmente compatibles con la lactancia. Me dio las gracias, se alegró de que pudiera tomarlo y me vendaron el pie hasta que dentro de una semana me vea mi doctora de cabecera.

Así que aquí me tenéis, "guardando reposo" en la medida de mis posibilidades porque aunque mi madre viene a llevar a los peques al cole, yo les despierto, les pongo el desayuno, les visto y todo eso con un bebé pequeñito que necesita estar en contacto con su mamá las 24 horas del día.

El pie me duele bastante, sobre todo el ligamento exterior que sube del tobillo a la pierna, que también está inflamado. Tengo las muletas que me ayudan a moverme por la casa, aunque habitualmente en un brazo llevo a mi Canija, que por cierto está malita y es como una fábrica de mocos, y en otra la muleta. Así que os podéis imaginar el panorama que tengo, con un montón de ropas de las vacaciones, mi bebé malita y a la teta y en brazos todo el día, mi marido que el lunes empezó de 7 a 14:30 y mañana huelga en el cole y la guarde. Pero bueno, no nos desanimamos y sólo espero que el esguince cure bien y pronto, para que yo pueda volver a moverme de nuevo.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Todas las embarazadas se caen

Dicho popular que en mi caso se ha cumplido siempre.

Embarazada de mi Bichito fuimos a Valverde de los Arroyos, precioso lugar de Guadalajara, a meter los pies en su cascada y comer por la zona. Saliendo del aparcamiento me debí tropezar y caí sobre un lado de mi barriga poniendo la mano en la tripa y girando sobre mí misma. Todos se asustaron, pero no nos ocurrió nada, ni a mi bebé ni a mí.

Embarazada de mi Pequeñín también me caí, pero no recuerdo cuando ni dónde, sólo sé que me caí porque cuando se lo dije a mi marido recuerdo que me dijo "Todas las embarazadas se caen".

Por desgracia hoy he vuelto a escuchar la misma frase. Volviendo del colegio con mi Bichito de la mano y con mi Pequeñín a la espalda en la mochila, a escasos dos metros del portal, la he dicho: "Bichito, a ver quién llega antes a la puerta" y al arrancar me he caído. No sé cómo me he tropezado, pero lo he hecho, cayéndome hacia el lado derecho. He apoyado la rodilla y el brazo derecho en el suelo, bajando el hombro y apareciendo por ahí la cabeza de mi Pequeñín golpeando contra el suelo. Ha sido un golpe seco, muy fuerte y tremendamente sonoro. He creído que se le había partido la cabeza.

Rápidamente le he sacado de la mochila y se le caían los ojillos mientras lloraba, le he ofrecido el pecho que buscaba desconsolado y mientras mamaba se adormecía. Me he asustado mucho, muchísimo, le he vigilado todo el rato, mirándole los ojos, cómo se movían, cómo actuaba, si vomitaba o se adormecía.

Una de las veces a hecho un gesto raro con la boca, como para vomitar, creo que ya estaba en la puerta con la ropa puesta y el bolso en la mano, cuando ha empezado a hipar. Sólo recordar cómo sé iba hacia delante y se daba ese golpe y no poder sujetarle es horrible. Se ha hecho muchísimo menos de lo que cabría imaginar, no os podéis hacer una idea de cómo ha sonado.

Ha comido bien y se ha echado una buena siesta. Yo he estado observándole mientras dormía y asustada. Sigo mirándole o no entiendo cómo sólo tiene un pequeño moratón en la zona, que nadie se daría cuenta a menos que yo se lo diga.

Lo extraño es que hasta que no ha pasado media hora e incluso más no me he dado cuenta de mi Pizquita, hasta que mi madre no me ha preguntado si me he hecho daño en la tripa. No era consciente de ello, me dolía el brazo, la pierna, el alma, el corazón, pero no me había percatado que también podría haberse hecho daño mi Pizquita. Por suerte, mi Pizquita tiene una buena bolsa llena de líquido amniótico que la protege y además el golpe no ha sido ahí.

Me cuesta mucho mirar a mi Pequeñín y contener las lágrimas, porque hemos tenido mucha suerte. Está siendo una semana difícil y hoy además se me ha caído una bandeja en la otra pierna y me he derramado todo el aceite encima y por toda la cocina. Hoy no es mi día. Imagino que las malas noches y las pesadillas hacen que mis manos y mis piernas no sean muy seguros.

Ha sido horroroso y espero no volver a escuchar que "Todas las embarazadas se caen", porque yo ya me he caído en mis tres embarazos, por lo que en este ya he cubierto el cupo. 

miércoles, 22 de junio de 2011

Compartimos experiencias gracias a Arnidol

Raro es el niño que no se da un golpe o le sale un chichón, así que cuando me fui de vacaciones no olvidé echar en mi botiquín una barrita de Arnidol. La verdad es que no tengo una sola y suelo guardar una en mi botiquín.

Por suerte mi Bichito no se cayó ni se dio ningún golpe en estas vacaciones, excepto alguna raspadura en las rodillas. Pero el mismo día que llegamos a Madrid pude ver un moratón enorme con un pequeño chichón en la frente de uno de los amigos de mi Bichito.

Ayer sentadas en la piscina estábamos la mamá de este niño y la mamá que me recomendó el Arnidol, como os conté la otra vez. Le pregunté por el golpe y me explicó que en la entrada de un bar de un pueblo había esas cortinitas de bolas que no dejaba ver el escalón, pasó ella y casi se mata, sólo se dio un pequeño golpe en la rodilla y me enseñó el morado y el hinchazón. Al entrar su hijo se cayó de cabeza, dándose un golpe tremendo en la frente y quedándose boca-abajo. Se llevó un susto increíble. Por suerte sólo fue el golpe, así que sacó del bolso su barrita de Arnidol y le echó al pequeño. El niño tenía un fuerte golpe en toda la frente, bastante moratón y una pequeña inflamación. Sin embargo, aún habiendo sido menor golpe, la pierna de la mamá tenía peor pinta.

"¿No te echaste tú Arnidol?", la pregunté.
"No", me miró incrédula, "pues ahora que lo dices debería haberlo hecho, no se me ocurrió".
La otra mamá asintió y me enseñó algún cardenal de sus piernas. "Yo también debería hacerlo, porque casi me doy más golpes que mi pequeña. ¿Recuerdas cuándo se cayó la peque? Menos mal que subí a por la barrita, al día siguiente no tenía nada".

Y es que antes de irnos de vacaciones su pequeña se cayó por los tres escalones de la urbanización, dándose un golpe en el carrillo. En seguida se enrojeció y se hinchó, pero mi amiga subió a casa (porque yo me había dejado la mochila) y le dio rápidamente Arnidol en el moflete calmando así a la pequeña. Al día siguiente no había restos del golpe en su cara.

A nuestro lado había otra mamá que no conocía esta barrita mágica y estuvimos compartiendo con ella nuestras experiencias, las caídas de nuestros pequeños y un poquito de nuestra sabiduría. Quedó encantada y decidió que al día siguiente iría a por una de esas barritas mágicas de las que tanto hablamos.

Nuestras experiencias nos unen como madres y nos enriquecen como personas. Esta vez fue gracias a Arnidol.

jueves, 5 de agosto de 2010

Dos veces de morros

Cuando llegué ayer a casa, me encontré a mi bichito con el morrito hinchado.

Anteayer vino mi mejor amigo amigo a casa y la trajo el regalo de cumpleaños: 3 puzles de madera con piezas para encajar. Las piezas son muy grandes, así que la ha gustado mucho. Y ayer, estaba jugando con las piezas cuando se puso a gatear. Se le escurrió la pieza, con la mano encima y ¡cataplaf!, se dió de morros. En la pala de arriba tiene sangrecita en las encías y luego tiene el morro un poco amoratado e hinchado de haberse clavado el diente.

Me dijo mi marido que se privó y todo. Pobrecita, qué daño se haría. Así que mi marido la dió agua, y os preguntaréis ¿por qué? Pues muy sencillo, os cuento.

Mi bichito ya se pone de pie sola, en mitad de cualquier estancia, sin ayuda de nada. Y ya lleva dos semanas que da sus primeros pasitos. Como es un poco testaruda, cuando la das la manita, ella se suelta en muchas ocasiones. Pero a la pobre todavía la falta estabilidad y ella, erre que erre, que quiere sola.

El día anterior estábamos las dos en la piscina y mi bichito todo el rato se ponía de pie e intentaba andar. En una de estas dió 5 pasos y ¡cataplaf!, de morros. Empezó a salirla sangre de los dos dientecitos de abajo y se raspó la rodilla con el suelo de piedrecitas de la piscina. Así que yo me saqué la teta y se puso a mamar. Cuando se acordaba, soltaba un poco la teta, lloraba y volvía a mamar. Pero se tranquilizó en seguida y no llegó a privarse demasiado tiempo.

Mi marido como sabe que yo siempre la doy el pecho cuando se da un buen golpe o para que se calme o cuando lo necesita, y creo que él no estaba dispuesto a que su hija se enganchara a su pezón, la dió agua. Y parece que funcionó. Dejó de privarse, volvió a llorar un poco, bebió agua y se calmó.

Es una pena que se caigan y se hagan daño. Pero es inevitable, no hay niño que no se dé contra una esquina, o se ponga las rodillas llenas de arañazos, o le salga un chichón, en el mejor de los casos. Y nos queda a los padres la tarea de intentar consolarles y esperar que lo que se haga no sea demasiado grave y con un poco de mercromina esté arreglado.

De hecho ayer estuvimos comiendo con una amiga mía y su hijita de 4 meses y lo comentábamos. Pues yo siempre que me caía me daba aquí, pues yo aquí. Es inevitable. Mi marido tiene en el lateral derecho de la frente una marca porque cada vez que se caía o se daba un golpe de pequeño, se lo daba ahí, en el mismo sitio. Y se le ha quedado una marca perenne. En mi caso, me han escayolado la mano derecha 3 veces y la izquierda 12 ó 13, siempre que me caía ponía las manos de apoyo y me las tenían que escayolar. Pero tengo marcas en rodillas, codos, brazos y demás, de los golpes que me he dado cuando era pequeña.

Sólo espero que mi hija se pegue menos leñazos que sus padres...

¿Y los vuestros, se dan muy a menudo? ains, qué mal llevo esta etapa que acaba de empezar.