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lunes, 1 de abril de 2013

La llegada de su hermanita a casa

Debemos ser muy raros, eso pensamos mi marido y yo los días que estuvimos en el hospital. Eché de menos a mis hijos, más que cualquier cosa en el mundo, pero aún así no los llevamos al hospital. Nosotros creemos que los hospitales no son para que vayan los niños y ni llevamos a mi Bichito a que conociera a su hermano ni esta vez les hemos llevado a que conozcan al último miembro de la familia. Recuerdo cuando ingresaron a mi Pequeñín con dos meses y que me puse con 39,5 de fiebre por culpa de una mastitis, no quedó más remedio que mi marido me trajera unos minutos a mi Bichito para desobstruirme y bajarme aquella inflamación y aquella fiebre que el sacaleches no conseguía disolver. Pero si no es estrictamente necesario no debería ir ninguno, no había prisa por que conozcieran a su hermana.

Mientras ellos aguardaban en casa nuestra llegada, yo le hablaba a mi Pizquita de sus hermanos. Mi Bichito me llamaba y me preguntaba cuándo iba a llevarle a su hermana, cuando la decía que al día siguiente le pasaba el teléfono a su padre. Estuvieron jugando con la ropita de mi Pizquita, intentándose poner los dos sus calcetines, enseñándo todo lo que mami había preparado para su llegada. Estaban muy nerviosos, ambos, aunque sobre todo mi Bichito. No pudo conciliar el sueño sabiendo que esa tarde le llevaría a su hermana pequeña. Tanto mi marido como mi madre tenían miedo a la reacción de Pequeñín, porque tiene la mano un poco larga y porque necesita mucho contacto físico por mi parte.

Nuestra salida del hospital se hizo esperar un poco y llegamos a casa pasadas las 18. Cuando se abrió la puerta del ascensor se abrió también la de mi casa y mis dos precioso hijos tras ella esperando ansiosos la llegada de su hermana. Los dos quisieron verla, los dos quisieron besarla y yo pude abrazarles, les echaba tanto de menos. Estaban muy nerviosos y visiblemente emocionados. Mi Bichito sabía lo que era y ya me pedía que se la dejara, que quería cambiarle el pañal y vestirla. Mi Pequeñín, en cambio, no paraba de decir bebé y de mirarla.

Los días posteriores son maravillosos gracias a ambos. Mi Pequeñín me preguntaba por el bebé, me ponía los morritos en forma de beso para que la bajara y pudiera besarla y mi Bichito siempre pendiente de su pequeña hermana. La acogida ha sido increíble, mejor de lo que yo misma habría podido imaginar y con el cariño y amor de sus hermanos.

Cuando cenamos mi Bichito nos pide que la pongamos a su lado, que quiere verla. Si está durmiendo mi Pequeñín nos llama la atención porque ella no está con nosotros. Es maravilloso y disfrutamos cada momento como si siempre hubiéramos sido 5.

Es increíble ver cómo cuando mi marido tiene en brazos a mi Pizquita, mi Pequeñín sube al sofá, se apoya en él y acaricia a su hermana pequeña. Me siento tan feliz.

Y comparir la teta no está resultando un problema. Mi Pequeñín quiere más veces y más tiempo, pero sabe y entiende que su hermana tiene que comer y no le importa compartirla. De hecho le hace gracia hacerlo los dos a la vez y si su hermana está en la otra teta nunca me pide de ésta. Sin embargo, cuando le doy sólo a él siempre que termina una me pide la otra: "Otra!!! Otra!!! Otra!!!". Bichito en estos 15 días ha querido tomar tres veces y en todas cuando termina cada teta me dice entusiasmada: "Sale leche!!!".

Me siento especialmente afortunada por los hijos que tengo, por mis dos soles que han recibido a su hermana con amor y entusiasmo y dándola todo su cariño. Gracias hijos.

Aprovecho para cambiar el nombre a mi Pizquita, todos mis hijos han sido, por más o menos tiempo, Pizquitas cuando estaban en mi barriga (Pequeñín acabó siendo Embri). Ahora que ha nacido la llamo mi Canija, tan pequeñita, tan bebé,  la más canija de la familia.

Espero que hayáis pasado una gran Semana Santa, nosotros nos vamos a pasar la mañana por ahí.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Hermanos

Siempre quise ser madre de familia numerosa, para mí era importante que mis hijos tuvieran hermanos, peor también que se llevaran poquito tiempo. Y así, entre el nacimiento de mi Bichito y de mi Pequeñín hay 20 meses y 5 días y entre el de mi Pequeñín y mi Pizquita habrá casi 24. Ese era mi pensamiento y el de mi marido también. De hecho a mí me gustaría tener 4 hijos, pero llegamos al acuerdo de que 3 es una gran cifra y que después de que nazca mi Pizquita, no ampliaremos la familia.

Poco sabía mi Bichito cuando me quedé embarazada de su hermano, sólo entendía que mamá estaba más cansada, que papá iba a ver qué la ocurría por la noche mucho más a menudo que antes, que de las tetillas de mamá salí menos leche y que además a veces se ponía muy nerviosa en las tomas. La explicamos que iba a tener un hermano, le enseñábamos la tripita de mamá diciendo el nombre de mi Pequeñín y aunque ella lo repetía, cuando nació siguió llamando a mi ombligo Pequeñín. Recuerdo los primeros días que estuvieron juntos, el hecho de comprender que ese pequeñajo que estaba en casa, que tomaba teta de mamá, que le quitaba atención de mamá, de papá, de sus abuelas, aquella cosita pequeña se quedaría para siempre.

No lo pasó mal, lo asumió perfectamente, tuvo celos, como cualquier otra persona en su misma situación, pero aprendió a convivir con él, a disfrutar poco a poco de su compañía y a verle con ojos de hermana de mayor. Empezó a cuidarle, a experimentar el cariño y el amor hacia su hermano, a tener un sentimiento de posesión que reflejaba a la hora de llamarle "mi Pequeñín" y poco a poco fue disfrutando de la experiencia de tener un hermano.

Él siempre nació con hermana, él siempre la tuvo ahí y, sin embargo, él es el que tiene más celos. Aunque le encanta jugar con su hermana, comparte cualquier cosa con ella y la mira con esos ojos de admiración que tienen los hermanos pequeños, le cuesta mucho asimilar algunas situaciones cotidianas. Tiene mucho carácter y como tal, lo vuelca con todos nosotros, pero sobre todo, con su hermana. La muerde, araña, pega, tira del pelo, pellizca y la pobre no se defiende. Habían entrado en una espiral en el que él la pegaba, ella gritaba y nosotros regañábamos al peque. Hemos optado por cuando esto ocurra llevarle a otra habitación, pero no ha funcionado. Lo último que estamos intentando es que ella se defienda, pero es complicado no intervenir sin que alguno de los dos resulte magullado. Ella le empuja, le dice "Pequeñín, no", pero aunque a veces consigue que la deje en paz, otras la insistencia de él es tal que al final consigue su propósito y llega hasta ella. Además mi Bichito la mayoría de las veces no quiere defenderse y al final termina intentando que no la muerda, por mucho que intentamos que él no la haga nada, pero a veces no llegamos a tiempo. De hecho creo que además de que a mi Pequeñín le cuesta mucho controlar sus emociones, porque conmigo tiene también este tipo de reacciones, también lo hace para llamar nuestra atención. Este hecho me tienen muy preocupada, a los dos para ser exactos, pero no sabemos cómo atajar el problema.

Pero lo que me tiene totalmente maravillada de esta situación es la alegría con la que mi Bichito espera a su nueva hermana, la felicidad que desprende sabiendo que dentro de poco tendremos un nuevo miembro en la familia. Me fascina el amor que ya siente hacia su Pizquita y el entusiasmo que pone al dar un beso al bebé. Es tan diferente, tan distinto, porque ella sí sabe lo que ocurrirá cuando nazca, sí entiende perfectamente lo que es tener un hermano, no se lo imagina, no lo intuye, no, lo sabe. Ella sabe lo que conlleva que dentro de poco tengamos otro miembro en la familia, y aún sabiéndolo, está súper feliz por la llegada de su hermanita.

Mi Pequeñín también da besitos a la barriga, también le decimos que pronto tendrá una hermanita pequeña y aunque sé que sabe que algo ocurre, es demasiado pequeño para comprenderlo. Pero no es igual, no creo que ningún niño pueda hacerse a la idea de todo lo que supone tener un hermanito a menos que ya lo tenga. De poder valorar todo ese amor que se tienen como algo positivo hasta desear que su hermanita nazca pronto. Es asombroso ver la ilusión en los ojos de mi Bichito y en sus actos, es increíble poder verla disfrutar de mi nuevo embarazo y que sea totalmente consciente de todo lo que ocurrirá cuando su hermana nazca. Me admira la capaz de mi hija de amar, de querer a su hermano y de querer ya a su futura hermana. Mi Bichito jamás dejará de sorprende, me tiene totalmente fascinada.

jueves, 30 de agosto de 2012

Diferencias

Estoy haciendo un par de fotolibros de los años 2010 y 2011. Empecé con el más reciente, en el que mi Pequeñín llegó a la familia y fui poniendo las fotos de todas las cosas que habíamos hecho. Cuando lo terminé me puse con el de 2010 y entonces vi el centenar de fotos que tenía para cada mes. Podía escoger de cualquier postura, casi todas las cosas que habíamos hecho tenían 3 ó 4 fotos mínimas. Me di cuenta que cuando tienes dos nada es igual, todo es diferente.

Estuvimos viendo una sucesión de fotos del primer día de playa de mi Bichito. Tenía 13 meses y con sus primeros andares intentaba saltar las olas. Había una progresión de fotos en las que iba hacia el agua y luego corría hacia atrás intentando que la ola no la pillara. Mi marido al verlas también se dio cuenta: “No se vive lo mismo con los dos, se viven cosas distintas”.

Nosotros no podemos estar pendientes ambos de uno cuando vamos a la playa, tenemos que estar pendientes de los dos o uno de cada uno de ellos por separados porque son muy pequeños. Y ni pensar llevar un móvil en la mano para hacer una foto, porque seguramente acabe el móvil en el agua. Son pequeños y encima mi Pequeñín es un no parar, si no lía una, lía otra y no hay que perderle de vista ni un instante.

Pero es cierto que aunque esas primeras veces se han dado y no es lo mismo, he de reconocer que se han dado otras imposibles si no existiera un segundo. La primera vez que interactúan juntos, la primera vez que se abrazan, la primera vez que Bichito defiende a su Pequeñín, la primera vez que le viste con su ropa, la primera vez que le da de comer, etc., etc., hay tantas primeras que es maravilloso poder disfrutar de todas ellas y pararse un segundo para observarles juntos.

Cada hijo es especial, tiene unas características únicas que los definen y que lo hacen mágico. Y son ellos los que nos hacen sentirnos especiales. Multiplicas experiencias, vives momentos que no has vivido con el primero y que el segundo los hace únicos y diferentes. Porque cada uno es especial, con detalles excepcionales que llenan nuestros días de sonrisas. Es una pena no poder dedicarle a mi Pequeñín todo el tiempo que le dediqué a mi Bichito, pero no doy más de mí, no me da tiempo a tantas cosas, no puedo explayarme en determinadas cosas que me gustaría. Y, por desgracia, con mi Pizquita tampoco lo tendré. Sin embargo, ellos disfrutan justos, jamás están solos mientras nosotros tenemos que hacer algo, se tienen el uno al otro y dentro de poco serán tres. Tres para correr, tres para saltar, tres para reír, tres para llorar, tres para dormir, tres para comer, tres para jugar, tres para hacernos pedorretas y cosquillas, tres para pintar, tres para liarla… ¡¡¡Ay, madre, lo que se nos viene encima!!!!

Sin embargo, hay una única cosa que no ha tenido recortes, que ha sido igual, con sus minutos en silencio para relajarnos, con nuestro momento especial al final del día y eso ha sido la lactancia materna. Siempre ha tenido su momento para disfrutarla, ahora mientras mi Bichito está acostada en su cama y yo la canto su canción, mi Pequeñín disfruta de la tetita de mamá como lo hizo mi Bichito antes, como lo hará mi Pizquita después.

Han disfrutado los dos mamando, ahora mi Bichito apenas lo hace, quizá una chuperretada rápida cada 4 días, Y a mí me da pena, me da pena que se acabe, me da pena que no mame, me da pena que no pida, me da pena que ya no quiera, pero yo no la digo nada y espero cada noche esperanzada por si esta noche vuelve a pedirme de nuevo. Ojalá hoy vuelva a hacerlo.

Y vosotros, ¿notáis la falta de tiempo para algunas cosas con vuestro segundo hijo?