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miércoles, 10 de julio de 2013

Tercera Maternidad

Hace algún tiempo, al poco de nacer mi Pequeñín, escribí sobre mi Segunda Maternidad y Segunda Paternidad. Ahora quería escribir sobre lo que está suponiendo para nosotros la tercera.

Todavía puedo recordar aquella sensación de paz en la habitación los dos solos cuando nació mi Pequeñín, aquel momento de iluminación en el que sentí todo lo que yo había cambiado, que estaba recorriendo el camino que yo quería, sin dejarme llevar por lo que los demás marcaban.

Desde el primer día en que nació mi Bichito hasta el que nació mi Pequeñín tanto mi marido como yo hemos madurado mucho y hemos ido aprendiendo de nuestros errores, de nuestros aciertos y lo mejor es que hemos ganado como personas.

El día que nació mi Canija también sentí paz y tranquilidad, no estaba nerviosa y sólo tenía la sensación de que me faltaban también mis hijos a mi alrededor. Como diría mi marido, mamá gallina, a la que le gusta tener a sus polluelos junto a ella. Fue maravilloso llegar a casa y sentir una unión total desde el primer momento. He de reconocer que no esperaba que mis hijos se comportaran como si siempre Canija hubiera estado con nosotros, fue nuestra Canija, un nuevo miembro de nuestra familia, desde el primer momento que entramos por la puerta.

Cada día seguimos aprendiendo de nuestros hijos, de los tres. Si bien Bichito era y es una niña tranquila y dulce, Pequeñín es dinamita, nervio en estado puro y nos está dando otra perspectiva de la paternidad. La paciencia con él hay que dosificarla para aguantar hasta final del día y conseguir que no se nos desmadre demasiado. Cierto es que Bichito está en la etapa de llevar la contraria, de ponernos a prueba a cada instante, pero aunque a veces es complicado normalmente se puede razonar con ella. Pero Pequeñín se enrabieta por menos de nada y cuesta calmarle mucho. Doy gracias porque ambos adoran a su hermana pequeña y se sienten muy orgullosos cuando les decimos que son su hermana y su hermano favoritos. La cuidan y la tratan con muchísimo cariño y nos enseñan cada día el poder del amor.

Nosotros estamos aprendiendo de nuevo, a no perder los nervios, aunque a veces nos cuesta muchísimo, intentamos ayudarnos mutuamente y avisarnos cuando nuestra paciencia se encuentra al límite. A dividirnos aún más, yo me dedico más a mi Canija, mi cuerpo está más en consonancia con ella, con sus necesidades y siento que cada célula de mi cuerpo está unida a ella. Echo de menos no hacer más cosas con mis hijos y siento mucha envidia de mi marido cuando está con ellos. Me encantaría poder dedicarles más tiempo y no sentir que estoy desatendiendo a mi Canija, pero en este momento, en el que ella depende de mí un 200%, no puedo ni quiero. Así que me muero de envidia pero me siento afortunada de contar con su maravilloso padre, que les cuida, les enseña y se desvive por ellos.

Sé que nos hemos equivocado en este camino que estamos recorriendo juntos, pero lo estamos haciendo lo mejor posible. Seguimos disfrutando del colecho, de la lactancia materna y del porteo. Poniendo todo de nuestra parte, porque no se trata de imponer nuestra voluntad, se trata de respetarnos, de compartir juntos los 5, de aprender de cada uno de nosotros. Hemos echado la vista atrás y nos hemos planteado si aquello que nosotros hemos sufrido o que nos han contado iba con nosotros, con nuestra manera de sentir la paternidad. Nos hemos dado cuenta que no, que hay que preguntarse el por qué de todo lo que hacemos y decimos y cierto es que a veces nos damos cuenta que seguimos cayendo y cometiendo los mismos errores, estamos poniendo soluciones y mejorando día a día. Deseamos que nuestros hijos lo hagan mucho más que nosotros y que elijan su propia senda, su camino. Nosotros sólo esperamos que les estemos dando todas las herramientas necesarias para ello.

¿Qué nos ha dado esta Tercera Maternidad/Paternidad? Crecer aún más, completar nuestra familia, cerrar nuestro círculo y convertirnos en familia numerosa, aunque estoy segura que nos depara muchísimo más.

Y a vosotros, ¿qué os ha dado vuestra Maternidad/Paternidad?

jueves, 12 de enero de 2012

Segunda Paternidad

Quiero mucho a mi marido pero desde que es padre cada día le quiero un poco más. Y es que si yo he cambiado con mi segunda maternidad, lo de él ha sido un verdadero vuelco. Empezando, sin duda, por el embarazo.

Que nosotras nos tiramos meses sintiendo al bebé y que nos sentimos madres desde el primer positivo, es cierto, pero que ellos no lo viven, en general, de la misma manera, también. Mi marido ponía la mano, le hacía relativa ilusión, me ayudaba con los preparativos, pero no se sentía padre. De hecho creo que lo hacía por hacerme feliz a mí. El día que fue padre de verdad, se le iluminó la cara. Recuerdo cómo se emocionó cuando vio salir a su primogénita.

Mi marido no había cogido a otros niños, jamás había cambiado un pañal a un bebé, no le llamaban la atención otros bebés, pero los suyos es muy diferente. De pronto se vio convertido en papá y le asaltaron tanto o más dudas que a mí, pero juntos fuimos afrontando el día a día de nuestra hija.

Me quedé embarazada cuando mi hija tenía 11 meses, todavía era más mía que de él, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, llegó el verano y mientras yo trabajaba, mi marido y mi Bichito se quedaron solos en casa. Y aquí fue cuando se empezaron a conocer de verdad. Cada día bajaban a la calle mientras mi Bichito aprendía a andar, compartían cada mañana juntos, la daba de comer y todo esto les unión mucho. El hecho de que con casi 5 meses de embarazo mi marido empezó a bañar a mi Bichito cada noche les unió todavía más y empezó a crear un vínculo entre ellos muy hermoso.

Yo no tuve que llevarle a mi marido la mano para que sintiera a nuestro Pequeñín, él era el que nos abrazaba por la noche cuando al final del día yo descansaba en el sofá, le encantaba notar sus patadas, le hablaba y nos daba muchos besos. Este embarazo era diferente para él, también él había cambiado, sabía el resultado y cómo se iba a sentir, la felicidad que el nacimiento de otro hijo le iba a suponer.

Cuando mi Pequeñín nació todo fue distinto y ha acompañado a su hijo en todas sus necesidades. Ha creado un vínculo con él desde el primer día, no se lo ha tenido que ganar como a mi Bichito.

Me siento orgullosa del hombre con el que me casé, sensible, cariñoso, amable, respetuoso con sus hijos, enamorado de la dulzura de su hija, enamorado de la sonrisa de su hijo, un gran hombre, un gran padre. Pasa horas jugando con su hija, dedicándole mucho de su tiempo, enseñándola a utilizar la esponja para bañarse, a comer, a vestirse, a contar, a pegar pegatinas, a pintar, a hacer figuritas con plastilina, a montar en el triciclo, en la moto, la cuenta cuentos… Ha dejado de dedicarle horas a sus hobbies para dedicárnoslo a nosotros. Y con su hijo tres cuartas de lo mismo, le baña, le cambia, le da de comer, juega con él, le acompaña a descubrir el mundo… Disfruta de ambos y les lleva al cole cada mañana.

Así que cada día que pasa estoy más enamorada de él. Jamás hubiera imaginado que se habría implicado tanto y tan bien en la crianza de sus hijos. Si alguna vez ha levantado la voz a su hija (y rara es la vez que lo hace), acto seguido la ha pedido perdón. Es un hombre admirable y trata a sus hijos con respeto, como se merecen.

Hoy me toca darle las gracias a él por construir esta familia a mi lado, por ser un gran padre. Ale, tus hijos estarán orgullosos de tenerte como papá, estoy segura. Te quiero mi amor.