Después de escribir el jueves un post contandoos que quiero dormir, llegué a trabajar y mi responsable me llamó a una reunión. Hago un inciso y os cuento mi situación:
Llevo un mes en el trabajo y voy, prácticamente, a no hacer nada. Me extraigo leche un par de veces, hago algún curso online, que para mi gusto no sirven para mucho, y hablo con algún compañero que, como yo, está ahí sin hacer nada. Mi estado de ánimo en el trabajo no era bueno y es que me sentía como un mueble, allí en mi silla sin ser de nadie y sin responsabilidad fija, sólo deseando que pasen las horas para ir a por mis hijos y abandonar mi puesto de trabajo, que más que trabajo era el lugar donde aparcar mi culo durante 6 horas. Pero tenía que ir a la espera de que a algún cliente le gustara mi currículum, que haberlos haylos y varios, pero que aceptara 6 horas y de estos, por ahora, ni uno.
Soy analista programador en Java, algo bastante demandado, pero lo de las 6 horas echa para atrás a todos los interesados. Y ahí estaba yo, junto a más de 50 personas (las otras 50 están en otros lugares de la empresa), esperando a que un cliente trague con mis 6 horas. Como es final de año, la empresa no tiene dinero ni para echarnos, por lo que nos tiene allí esperando una inyección de dinero, que seguramente venga a principios de año, para ir mandándonos uno a uno a engrosar las listas del paro. Pero mientras tanto y hasta que el año comience tiene que ahorrar, y ¿cómo conseguirlo? Y aquí volvemos a la reunión con mi responsable.
Me ofrecieron pedirme una reducción del 50% de aquí a final de año, en vez del 75%, y la empresa me exoneraba de asistir a mi puesto de trabajo, es decir, que podía quedarme en casa y hacer lo que a mí me diera la gana, en mi caso, cuidar de mis hijos. Canija mala, yo deseando estar con ella, ¿dónde hay que firmar?
Y así, el jueves fue un ir y venir de un sitio a otro preparando papeles, solicitando la reducción + exoneración desde ayer y hasta final de año, cambiando mi último día de vacaciones por el lunes y dejando mi ordenador limpito para que otro ocupara mi lugar. Por fin, sobre las 14 me dieron la carta de la empresa que me exoneraba de ir a trabajar hasta final de año, que me obliga a estar disponible si me encuentran un cliente, pero que me acerca a lo que más deseo, cuidar de mi familia.
Y aunque cansada, porque apenas duermo y no paro, no me da tiempo a nada, estoy muy feliz. Porque para mí ha sido un regalo, algo que deseaba mucho, esas cosas que crees que jamás te pasan a ti, pues yo he tenido la suerte de que me ocurra.
Y ¿que estoy haciendo?, disfrutarlo y mucho. Canija se queda conmigo y desayunamos todos juntos. A las 9 llevo a Pequeñín a la guarde y a las 9:30 a Bichito al cole, vuelvo a casa, hago la comida y recojo a mi hija a la 13. Comemos las chicas juntas y luego a las 15 la llevo de nuevo al cole, recojo a Pequeñín a las 15:45 y a Bichito a las 16:30 y de nuevo todos juntos. Es un no parar y no me da tiempo a casi nada, pero disfruto de mis hijos, de mi familia y esta situación es la que más me llena de felicidad.
No puede dejar de resonar en mi cabeza la canción de Serrat "De vez en cuando la vida, nos besa en la boca y a colores se despliega como un atlas..." A mí el jueves me dio un morreo en toda regla.
Feliz miércoles y aquí os dejo esa preciosa canción que tanto me recuerda a mi papá:





