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viernes, 10 de septiembre de 2010

Sin escribir

Aunque os leo a diario no he escrito nada estos días porque no me encontraba muy para allá. Aunque mi bichito se lo está pasando pipa y yo estoy disfrutando un montón con sólo verla, estoy muy liada.

El miércoles fue nuestro aniversario, tres años de casados, y para celebrarlo discutimos. Así que el miércoles preferí no escribir, si lo hubiera hecho me hubiera desahogado, lo cual no es justo. Aunque estuve a punto de hacerlo y de hecho lo hice, aunque borré el post. Y ayer no me encontraba con ánimos, estaba un poco triste, así que pensé en hacerlo por la noche. Pero no me encuentro bien, no que esté mala sino un poco rara. Tengo mucho frío, pero mucho. Me tomé la temperatura y tenía 34 grados. No sé qué significa, pero estaba muerta de frío, en el sofá y tapadita con una manta. La noche la he pasado helada, mi bichito de hecho ha llorado para que la abriera algo, porque se afixiaba. Así que me he tapado hasta arriba, sólo dejando asomada mi nariz y me he vuelto a dormir.

He pasado muy malas noches, durmiendo muy poco y con muchas pesadillas, debe de haber sido por eso. 

Ahora afrontamos los dos últimos días. Saldremos la noche del sábado al domingo a las 6 de la mañana.

Esta mañana hemos ido a la playa. Mi bichito ya no le tiene miedo al mar y se lo pasa pipa. Yo en el mar y su padre en la arena y va de uno a otro. Cuando se acerca un ola sale corriendo hacia su padre y así durante un rato. Luego menos mal que la freno, que si no se metería entera!!! Así que ahora disfruta de ambas cosas, la arena y el mar, es decir, de la playa al completo. Luego nos hemos subido para que durmiera antes de comer y se acaba de dormir!!! Una hora para que se durmiera. Pensábamos ir al Alcossebre, que es un pueblecito cerca de Oropesa que dicen que es muy bonito, cuando se despertara y ella comiera. Veremos a ver ahora a qué hora se despierta y dónde comemos nosotros.

Disfrutando mucho del tiempo con mi bichito. La miro y me la comería, es tan cariñosa y tan mimosa...

martes, 7 de septiembre de 2010

Mi amor en una croqueta

Cada tarde hemos bajado a la playa, de hecho una mañana también, pero hoy hace mucho aire. Además mi bichito se ha quedado dormido después de merendar, razón de más para no bajar. Así que mientras duerme aprovecho para contaros qué tal los días de playa.

Cada vez que bajamos a la playa llevamos las toallas, la sombrilla, una silla para nosotros (que utiliza ella para bajarse y subirse y llenarla de arena), otra para ella que la encanta (parecida a la de la foto pero de rayas, con los brazos reforzados en plástico y plegable), una mochila con su agua, agua dulce por si los ojitos se llenan de arena, pañales, bañadores, clinex, cremas solares, cámara de fotos y el cubo y la pala. Vamos cargados como burros, pero merece la pena, la verdad.

Han sido increíbles, alucinantes. Yo recuerdo los míos con muchísimo cariño y muy alegres. Cómo hacía castillos pegados a la orilla del mar y cogía arena empapada y la llevaba corriendo hasta otro lugar donde no llegaba el mar, para hacer churros (así los llamábamos mi hermano y yo, son esas montañas de barro que hacen los niños). Y disfrutaba, vamos que si disfrutaba. Me acuerdo del sentimiento, pero no de momentos concretos.

Pues he visto a mi pequeña disfrutar muchísimo, comerse la arena, rebozarse en ella hasta parecer una croqueta auténtica. Tenía arena en los oídos, en la nariz, en los ojos, en el pelo, en todos los lugares de su cuerpo. Mi amor era una croqueta auténtica y bien rebozadita, que se reía, que jugaba y que disfrutaba muchísimo. Me ha hecho recordar esos momentos que yo también viví y me ha parecido maravilloso poder compartirlos con ella.

El mar no la gusta mucho, mejor dicho no la gusta nada, se asusta. Aunque la he metido, cuando viene la ola hacia ella se iría corriendo en dirección contraria. Paro la arena le encanta, su cubo y pala son sus mejores amigos. Cuando me doy un pequeño paseo en busca de conchas y vuelvo, le encanta enterrarlas en la arena. Se sube, se baja de la silla, me echa arena en la ropa, se ríe a carcajadas mientras saca su lenguecita porque está comiendo arena.

Da gusto verla así, es algo maravilloso. Si alguien no tiene niños debería pararse un momento y observarlos, porque sólo hay que ver su cara de felicidad. Y sólo es arena y agua, no necesitan nada más. No hace falta bajarles juguetes ni nada (en el caso de mi hija el cubo y la pala), ellos solos se entretienen.

Así que estas vacaciones están llevándome a aquellas que pasaba con mi padre en las que mi hermano y yo nos deslizábamos por la arena y salíamos como una croqueta. Igualita que mi bichito,

Qué pena no tener dientes de hierro para hincarla el diente. Hmm, qué rica debe de estar...