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jueves, 18 de julio de 2013

Colechando a lo grande

Vencí mis miedos y el día que nació mi Pequeñín descubrí lo que era dormir con mi hijo. Mi Bichito no necesitó dormir pegada a mí y yo dejé que mi miedo creciera y creciera hasta tal punto que llegué a autoconvencerme de que si mis hijos dormían a mi lado sería capaz de agredirles sin querer. Y con este terror jamás me permití quedarme dormida junto a mi Bichito, aún cuando los párpados se me caían, la lactancia me producía un sueño atroz y el cansancio a punto estaba vencerme. No lo hice, aterrada por mí misma, ni lo intenté.

Pero cuando nació mi hijo no quedó opción, para dormir tenía que dormir a mi lado, pegadito a mí, con mi tetita en su boca, oliéndome y sintiéndome, oliéndolo y sintiéndolo yo a él.

Con mi Canija no hubo otro pensamiento, desde la primera noche duerme junto a mí y yo disfruto cada momento de estar a su lado.

En casa mi Canija duerme con nosotros en su cuna en sidecar. El primer sueño lo echa ahí porque yo le doy la tetita con medio cuerpo en la cuna y luego, en cuanto se despierta para comer, la meto en la cama y nos quedamos dormidas mientras ella toma su tetita.

Así que cuando nos vinimos de vacaciones decidimos echar los colchones al suelo y dormir todos juntos en dos colchones de matrimonio. Como mis peques se mueven muchísimo, anexamos un colchón de cuna al nuestro y yo duermo del revés para estar junto a mi Canija. Y ahí, cada noche, dormimos los 5 y dormimos muy a gustito. Lo único es que los hombres de mi casa roncan, sobre todo Pequeñín, así que ya no sólo me despierto en cada toma de mi Canija, sino también de los ronquidos de Pequeñín, que os puedo asegurar son bastante fuertes, de hecho incluso más que los de su padre.

Son de esas cosas que dices que jamás harías, no porque no fuera conmigo, porque me moría de ganas, sino porque no era capaz ni siquiera de intentarlo. Sin embargo, vencí mi miedo y me alegro muchísimo de haberlo hecho. Me apena que yo misma no me dejara hacerlo con mi Bichito y aunque la acompañaba cada noche durante horas, sólo una vez caí rendida junto a ella (ella tenía gripe A y yo estaba embarazada de 7 meses).

Este mes dormimos los 5 juntitos y disfrutamos en nuestra súper cama, ¿a qué es genial la habitación que nos hemos montado?

Y vosotros, ¿dormís con vuestros hijos?

martes, 29 de noviembre de 2011

Diciendo adiós

Foto sacada de internet, no es ni mi casa ni mi Pequeñín
Cada noche cuando voy a acostarme me encuentro a mi Pequeñín en mi lado de la cama, estirado, como esperándome para que le eche en su cuna, que está pegada, en sidecar, junto a mi lado.

Cuando le acuesto le doy un beso y me duermo. Le miro y cierro lentamente mis ojos, lo último que veo antes de dormir, es a él. Y no sé si es por esto o por qué, pero desde que mi Pequeñín duerme con nosotros, es decir, desde que mi Pequeñín nació, me cuesta acordarme de cuándo fue la última vez que tuve pesadillas.

Quizá la seguridad en mi misma que me ha terminado de dar esta maternidad, la fuerza con la que afronto los días, las semanas, los meses, la felicidad que siento al tener una familia tan maravillosa, me han servido de cura de mi enfermedad. Ya no tengo miedo a dormirme, ya no tengo pavor al despertame si tengo una mala noche, ahora me levanto con fuerza, cansada por las pocas horas de sueño, pero con muchas ganas de acabar mi jornada laboral para reencontrarme con mi hijos y con mi marido.

Y a qué viene todo esto, pues voy a explicaros. Esta semana, cuando le doy un beso a mi Pequeñín, antes de acostarle, le digo adiós. Mi marido me ha pedido, porque cree que es el momento adecuado, llevarle a la habitación con su hermana. A mi Bichito la llevamos cuando tenía poco más de 7 meses y fue un acierto, empezó a descansar mejor, a hacer menos tomas nocturnas y pasó de despertarse 3-4 veces mínimo a 1 ó 2. Nunca hubo ningún problema, no lloró, no se encontró mal, ni nada. Cuando me llamaba yo acudía y ella en seguida asimiló el cambio.

Pero mi Bichito no es mi Pequeñín. Mi Bichito era una niña más independiente, más adaptable y menos exigente. Sin embargo, y desde el primer día que nació, mi Pequeñín necesita mucho más. Recuerdo la primera noche que pasó en casa, mi marido me pidió que le metiera en la cama porque mi Pequeñín no dormía a menos que estuviera pegado a mi. Desde ese momento hemos dormido los tres juntos y en un par de ocasiones, incluso los cuatro.

Pero mi marido cree que ha llegado el momento y entre otras cosas es porque mi Pequeñín se ha caído de la cama. Se despierta silencioso, y aunque por mi lado está la cuna, por el de mi marido una barrera y por los pies le ponemos una muralla de almohadas y cojines, 6 en total de gran tamaño, pues no me digáis cómo, pero las salta y se ha caído un par de veces y a punto ha estado de caerse otras tantas.

Así que aprovechando que habría que ponerle la barrera a la cuna, mi marido me ha sugerido que podíamos llevarle a la habitación con su hermana. Yo, particularmente, creo que no está preparado y que se va a despertar muchas más veces que cuando está a mi lado. Pero cierto es, que lo mismo pensé con mi Bichito y me equivoqué, la mayoría de las veces nuestros hijos nos sorprenden.

Así que este viernes, y aprovechando que yo he cogido el puente completo por si pasamos alguna mala noche que otra, mi Pequeñín dormirá con su hermana en la habitación de ambos. Si en cualquier momento mi Pequeñín no está de acuerdo, lo pasa mal o se despierta muchas más veces de las que lo hace a mi lado, hemos acordado volver a traerlo a la habitación con nosotros y esperar a repetirlo de nuevo, tantas veces como sean necesario, dentro de un mes o dos, hasta que mi Pequeñín esté preparado para acomodarse en la habitación junto a su hermana.

Pero a mi no deja de darme una pena enorme, me cuesta perder este momento tan maravilloso, acostarme junto a él cada noche, que él sea lo primero que vea cuando me levanto y lo último cuando me acuesto. Pero creo que esta paternidad es de ambos y si mi marido me ha pedido que probemos, creo que debemos probarlo. Lo que tenemos claro es que lo más importante es respetar a mi Pequeñín y si no está de acuerdo, volveremos a intentarlo más adelante, cuando sea el momento adecuado para todos.

Y aunque segura de lo que vamos a hacer, me siento tristona y sé que más aprensiva que de costumbre. Hoy he leído una poesía que está en la guarde, que leo habitualmente cuando voy a buscar a mis hijos, pero hoy me he emocionado. Así que, aunque pensaba que no me estaba afectando, sí lo hace.

Ya os contaré la semana que viene, si mis hijos me lo permiten, cómo va el cambio de habitación para todos.

Ahh y no os olvidéis que mañana es el último día para apuntarse al sorteo de Mi Medusa. Tenéis toda la información aquí. No olvidéis que también se hace en dos blogs más, en el de Historias de un principe y cuatro princesas y en Yo madre. El jueves publicaré la lista de participantes y el viernes haremos el sorteo. Suerte a todos y los que no lo hayáis hecho todavía, apuntaros!!!

miércoles, 4 de mayo de 2011

Cuando el colecho no es una opción

Yo no sé si recordáis lo que os he dicho del colecho otras veces. Sólo lo he practicado una vez con mi Bichito cuando este pasado enero cogió la Gripe A, nuestra primera vez. Para mi siempre ha sido una asignatura pendiente y siempre lo he atribuido al miedo que me da tener una pesadilla fuerte y darla un meneo. Hasta que nació mi Pequeñín.

La primera noche del hospital ya pude comprobar que mi Pequeñín sufría de gases y donde mejor estaba era con su mamá. Así que me quedaba dormida con él mientras mamaba, subí la barrera y alguna que otra vez se quedó conmigo entre toma y toma.

Cuando volvimos a casa, mi pobrecito se seguía quejando y le costaba echar los gases, pero yo intentaba echarle en la minicuna porque a mi marido le daba mucho miedo. A mitad de la noche, se levantó y me dijo: "Métele en la cama". En menos de 1 segundo mi bebé estaba metido en la cama y aunque se quejaba, tenía la teta para consolarse. Pero yo apenas duermo, porque me da miedo tener pesadillas y porque de lado no me apaño. Así que cuando me despierto le echo en su minicuna, que está pegada a mi cama. Alguna vez cuela, aunque hay otras que no, así que vuelta a mi cama, a mi lado, tetita y a intentar descansar. Aunque a veces sigue quejándose incluso a mi lado y en la tetita porque al pobre le duele la tripita.

Cada noche se duerme en mi cama y en mi lado mientras le doy el pecho y yo le paso a la minicuna cuando voy a acostarme. Ese es el momento que más duermo del tirón. Luego se despierta cada poco para comer, porque además no abre mucho la boca, come un poquito y se vuelve a quedar dormido, por lo que en dos horas a lo sumo está despierto.

Nos vamos acoplando. De hecho mi marido apenas se mueve de su lado de la cama y a veces se da la vuelta y se lo encuentra y otras no. Ya no se asusta y sólo una vez le dio un codazo, pero se llevó tal sobresalto que ni se mueve en su esquinita, duerme justo en el borde de la cama y gira sobre sí mismo.

Al poquito de empezar a dormir en la cama, me quedé un día dormida con mi Pequeñín en el lado que podía caerse, ese mismo día fuimos a por una barrera. Poco a poco nos vamos apañando.

Con mi Bichito el colecho era un opción, ella era más independiente, no había problema por dejarla en la minicuna, se dormía y se quedaba tan tranquila. Sin embargo, mi Pequeñín no es así, es mucho más demandante y necesita estar pegado a mi y aunque hay momentos que puede estar en la minicuna durmiendo, en cuanto se despierta me reclama. Por lo que el colecho no ha sido una opción, ha sido nuestra única alternativa para poder descansar cada noche.

Y aunque todavía sigo teniendo miedo por si tengo una pesadilla y este miedo es la principal razón por la que duermo bastante poco. Aunque cada día él es más grande y abulta un poquito más a mi lado. Además, estoy segura de que ya me he acostumbrado a su huequecito y creo que no le haré daño, pero no puedo evitar tener un poquito de miedo.

Y vosotros, ¿habéis podido elegir? ¿Practicáis el colecho?

viernes, 18 de marzo de 2011

Nuestra primera vez

Mi Bichito pasó un buen día ayer. Estuvimos cantando, bailando, jugando y pintando. La llevé al pediatra y me dijo que era una gastroenteritis pero que no la había dado fuerte, dado que la caca no era líquida y que no vomitada. Estaba perfectamente hidratada, así que no había de qué preocuparse. La pregunté si la fiebre nocturna tan alta era normal y ella me dijo que sí.

La subieron unas décimas a las 16:00 y la di el dalsy. Sólo había hecho dos cacas en todo el día, lo que hacía presagiar que ya se estaba curando y que pasaría buena noche. Aún así la dimos apiretal con la cena, para que descansara mejor y no la subiera fiebre o eso creíamos nosotros.

A las 3:30 de la mañana me llamó pidiendo agua, se había bebido ya todo su vaso. Cuando se lo di la noté muy caliente y tanto que lo estaba, 39,6º. Así que la quité el saco, la dimos apiretal, se bebió otro vaso entero de agua y a la mecedora. Como no se la bajaba la fiebre, la quité el pijama, la dejé el body y un pantaloncito y nos fuimos a mi cama, ahí se quedó apenas sin moverse, pero despierta. A las 5:00 se quedó dormida y decidí no moverla y así tenerla controlada.

Jamás he hecho colecho, ya lo expliqué aquí, siempre me ha dado miedo por si tenía una pesadilla y la daba un golpe. Sin embargo, esta vez me he quedado escuchando su respiración, a su lado y pendiente de que no le subiera la fiebre.

¿Cómo una cosa tan pequeña puede ocupar tanto? Cuando ha empezado a sudar ha estado buscando la posición adecuada. Yo, con mis nueve meses en una esquinita de la cama y ella estirada por toda la cama y sólo atinaba a darme patadas en la barriga. Lo que se ha podido mover, madre mía!!! Al final se ha estado quieta y me ha dejado un huequecito en el borde de la cama. He podido dormir 30 minutos, no más, porque se ha vuelto a despertar con sed, se ha bebido el tercer vaso y me ha pedido agua. Se lo he vuelto a llenar, pero ya me he ido de la cama a desayunar.

Mi pobre Embri estaba cansado de tanto movimiento fuera y no paraba quieto. Cuando la oye o la siente se pone como una moto y esta noche no iba a ser menos.

Hoy he dormido por primera vez con mis dos amores, mis dos hijos y me han dado una paliza entre los dos que no os podéis imaginar. Estoy cansadísima, agotada y si puedo no volveré a hacerlo. La próxima vez que esto ocurra en cuanto se quede dormida la llevo a su cuna. Yo ya sabía que no me iba a quedar dormida y si lo hacía iba a estar pendiente porque me da miedo tener una pesadilla y darla una patada, pero no creía que me las iba a llevar yo todas, las del niño y las de la niña.


Cuando se ha despertado ha vomitado el cuarto vaso de agua, ha desayunado bien y me ha pedido tetita. Acabo de acostarla de nuevo y no tiene fiebre, pero parece que le ha pasado una apisonadora por encima. No se mueve de mi lado, quiere que la abrace y la de mimitos todo el rato. Así que hoy nos espera un día de bracitis y cariñitos. Pobrecita, tiene mala cara. Espero que este virus se la pase pronto y no tengamos la tercera noche con fiebre.

Aquí en Madrid ha amanecido muy soleado y parece que va a hacer una buena temperatura. Os deseo a todos un buen fin de semana y para los que sois papás mañana un...  

miércoles, 11 de agosto de 2010

Asignatura pendiente: dormir con mi bichito

Nunca he dormido con mi bichito. Bueno miento. En los primeros días de su vida, cuando no estaba acostumbrada al sueño que produce esa hormona que segrega el cuerpo cuando das el pecho, una única vez, en 12 meses y medio, me quedé dormida con ella en mi cama en una minisiesta. Una única vez, que se dice pronto.

A mi me hubiera gustado meterla en nuestra cama y arrullarla, acurrucarla con mis brazos y dormir con ella. Me parecía algo maravilloso, algo natural, algo que no debía ni podía perderme. Pero sí, me lo perdí.

Primero estaba mi marido, que no quería. Le daba pánico pensar que estaría dentro de la cama, que la podía hacer daño, que la podía aplastar. Yo hubiera podido darle un montón de razones y haberle enseñado a que no la iba a hacer nada. Pero para qué, si realmente no podía meterla en la cama conmigo por culpa mía. Como ya os he contado otra vez tengo problemas con el sueño, y puedo dar patadas, manotazos y demás, dependiendo de la pesadilla que tenga. Así que si metía a mi bichito en la cama ésta podía llevarse una patada de su madre, o que la tirara al suelo sin querer y eso no podía dejar que pasara.

No pude meterla conmigo y esto me duele y me ha dolido durante mucho tiempo. Cuando alguien me dice que hace colecho o ha hecho colecho, me muero de envidia. No lo puedo evitar. Es algo que no he podido hacer con mi bichito y que lo tengo como una espinita clavada. Siempre la echaba en su minicuna cuando acababa de tomar el pecho y se quedaba dormida a mi lado. Siempre, excepto una vez. No me dormía y me costaba mucho, muchísimo, pero no podía arriesgarme.

Mi bichito dormía con nosotros en la habitación, en una minicuna pegada a mi cama y a mi lado. Si ponía mi cabeza en el borde de la cama la veía perfectamente. Tenía que tener cuidado para salir de la cama, para no darme con la minicuna. A mi ladito estuvo hasta los 8 meses. Me dio muchísima pena sacarla de mi habitación y me planteé meter la cuna. Al final, la llevamos a su habitación y la experiencia fue muy buena, peor para mi que para ella. Vamos ella estaba encantada, dormía más y en cuanto hacía ruido, mamita estaba a su lado. Sin embargo, yo lo pasé fatal. Ya no estaba a mi ladito y me despertaba con cada toma que hacía antes. Como ya no me olía tanto, empezó a hacer menos tomas, pero yo estaba sincronizada con ella y me despertaba y me desvelaba.

Quizá cuando sea más grande podamos dormir una siesta juntitas, en una de esas temporadas en las que yo no tengo tantos sueños. No sé, pero es algo que me ha quedado pendiente y que, por desgracia, nunca podré recuperar. Envidio a las personas que lo han podido vivir y que en muchas ocasiones lo siguen viviendo.

Sé que hay gente que defiende esta práctica y otros que justo lo contrario, lo desaconsejan a ultranza. A mi me parece algo natural y me parece maravilloso poder realizarlo, cada uno como decida. Para mi era comodísimo tener a mi bichito cerca de mi. Lloraba, la cogía, la ponía al pecho, se calmaba, se dormía y la volvía echar en su minicuna. Me hubiera gustado saltarme algún que otro paso, es decir, que se enganchara ella el pecho y que durmiéramos los tres tranquilos. Pero no pudo ser y no podrá ser con el nuevo bebé. Lo único que me queda es intentarlo alguna tarde cuando mi bichito sea más grande. Estoy segura de que disfrutaré muchísimo.

Me hubiera gustado que hubiera seguido durmiendo con nosotros en la minicuna, me entraba perfectamente en el hueco que dejaba la cama y la pared. Pero cuando la pasamos de la minicuna a la cuna fue porque la minicuna ya era peligrosa para ella, ya se empezaba a poner de pie y podía volcarla. Ella estaba preparada para ese cambio, pero yo no.

¿Y vosotros hacéis colecho? ¿Habéis metido a vuestro hijo alguna vez en vuestra cama entre vosotros?