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jueves, 25 de octubre de 2012

¿Vale la pena?

Ayer fui a mi cita con el psicólogo. Estaba muy nerviosa, como un flan, no paraba de preguntarme ¿qué narices le cuento yo? Seguro que no me sale nada. Lloraré, ¡qué vergüenza! ¿Si no le conozco de nada? Me costaba muchísimo ponerme en marcha e ir hasta el centro de salud mental, pero tenía que intentarlo.

Llegué antes y me hicieron la ficha, pude comprobar que era una mujer y respiré hondo. Quería que fuera una mujer, necesita sentirme comprendida con respecto a la maternidad, a mis sentimientos, al cambio que sucedió en mi el día que dí a luz. No sé si un hombre o una mujer que no lo ha experimentado puede hacerse una idea, pero, por si acaso, yo prefería una mujer.

Mientras leía sentada frente a su puerta no era capaz de concentrarme. No paraba de preguntarme si merecía la pena haber ido hasta allí, no paraba de pensar qué le iba a contar y, de pronto, se abrió la puerta, salió una paciente y una señora se asomó diciendo mi nombre. Era mi momento, me levanté aunque creo que no sentía ni las piernas y me encaminé a un despacho gris y muy triste, aunque bien iluminado, donde la psicóloga se sentó detrás de su escritorio y yo lo hice al otro lado en una silla.

Leyó el informe de la doctora de cabecera y me preguntó, ¿Suu, por qué estás aquí? Y entonces las palabras fueron fluyendo poco a poco. Ella me animaba, intercalaba alguna pregunta, algún comentario, pero sus ojos me miraban con simpatía y aunque escribía en su papel, nunca me sentí desplazada.

Poco a poco me fui sintiendo bien y fui dejando escapar mis problemas más profundos, ese equipaje que llevo encima que no soy capaz de quitarme. Empecé a llorar, hacía mucho tiempo que no hablaba de ello y soy incapaz de hacerlo sin soltar una sola lágrima. Siento que tengo una losa encima que me acompaña cada día y que está ahí, cada día de mi vida, cada noche en la que tengo pesadillas y que me despierto pensando en ello. ¿Por qué tuve que pasar por todo aquello? ¿Me merecía algo así?

La consulta duro algo más de media hora y yo fui hilando palabras, frases, que la una llevó a la otra y fui contándola todo, una cosita detrás de otra, profundizando poquito y, por supuesto, sin dejar de llorar. La última vez que hablé de ello fue con mi marido y ninguno de mis hijos habían nacido.

Me caló, porque cuando llegamos al final me dijo que me había tenido que sentir muy sola y no se equivocaba. Me gustó ella como persona y eso que apenas articuló palabra, sin embargo, tenía una aptitud que me tranquilizaba. 

Lo peor de todo era irse a trabajar, con esa congoja, esas ganas de irte a tu casa, meterte debajo de las sábanas y seguir llorando. Así que cuando me preguntó qué hora me venía bien porque quería verme de nuevo, le dije que a última. Concertamos una cita para el 23 de noviembre, primer día libre, a las 13:30. Ella cree que hablar me vendrá bien, que sacar todo aquello será bueno para mí y creo que tiene razón, pero me encuentro extremadamente sensible. Mientras escribo no puedo parar llorar, es como si hubiera pulsado el interruptor y activado el modo lagrimógeno.

Sé que está ahí, que todo lo que he pasado lo llevaré siempre conmigo, que he aprendido a vivir con ello, que me acompañará siempre y que cuando me quedo embarazada lo siento muchísimo más.

Me siento un poco vulnerable desde que salí de la consulta, sé que cualquier cosa ahora mismo me haría más daño que en cualquier momento, porque noto los sentimientos a flor de piel.

Fui lista y según salí llamé a mi marido, mi pilar, mi amor, mi compañero, y allí estaba él, contándome un montón de cosas, alguna chorrada, haciéndome reír por teléfono, para conseguir que yo me tranquiliza y me fuera recobrando poco a poco. Por el manos libres llegué al hospital a darme los rayos UVA y ya me despedí, dándome cuenta de nuevo que acerté elegiéndole a él, porque además de que me completa y es ese gran padre que todo hijo quisiera tener.

Así que, ¿vale la pena? Sí, creo que sí.

viernes, 6 de julio de 2012

Una pesadilla

Ando con bastante trabajo, por lo que no tengo demasiado tiempo para actualizar. Salgo de casa, voy al trabajo, del trabajo a la rehabilitación, de la rehabilitación a darle la tetilla a mi Pequeñín, recojo a mi Bichito y a casa a merendar. Llega papá, un par de besos, unos cuentos, unos juegos, nos ponemos el bañador y nos bajamos a la pisci.

Que bajemos a la pisci no significa que me meta y es que el agua está congelada, muy fría para mi gusto. Si yo me meto mi Pequeñín también, si yo no me meto, mi Pequeñín tampoco, así que mejor en la toalla jugando y sequita mientras vemos cómo mi marido y mi Bichito se congelan. Y es que cualquiera le dice que no a mi Bichito, que baja emocionadísima con eso de ir a la pisci. Su padre le ha comprado un chaleco, porque con los manguitos a penas puede mover los brazos, chaleco tipo salvavidas y está enseñándola a moverse en el agua.

Es lo que tiene el verano, que te falta tiempo para todo porque hay tantas cosas que tienes que hacer y de las que te tienes que ocupar… Para la semana que viene tengo previsto otro sorteo genial que prepararé el fin de semana en las siestas de los peques y cómo dicen las mamás artesanas que lo patrocinan “hasta aquí puedo leer”.

Pensaréis que el título de hoy es más de lo mismo, de mi problema con el sueño, que quitarme un par de cosillas que llevaba no ha valido de nada, pero no, la pesadilla no es mía, es de mi Bichito.

Anoche la pobre soñó con mosquitos y hormiguitas, que tenía la cama llena. Pobrecita, yo la escuchaba y me daba una pena horrible, pero su padre estaba junto a ella, bueno, más bien debajo de ella, estaban los dos en el suelo y ella encima de su papá y así se durmieron un rato. Después se tumbaron juntos en la cama y se durmieron otro ratito y, ya casi cuando había amanecido, ha aparecido en la cama mi marido hecho un cuatro, con una mano en los riñones y otra en la cabeza. Creo que la próxima vez se vendrán ellos a la cama y yo iré a reunirme con las hormigas y mosquitos imaginarios, pero cuando tienes mucho sueño las neuronas no se han despertado todavía y, en vez de eso, se tumbaron en el suelo siendo mi marido el colchón de mi Bichito.

Hoy tenemos todos mucha falta de sueño, ayer mi Pequeñín no me dejó dormir hasta casi la 1, mi Bichito ha tenido pesadillas y a las 6 de la mañana ya estaba de nuevo mi Pequeñín pidiendo teta. Lo increíble de todo es que ni los lloros de primera noche y del alba de mi Pequeñín despiertan a mi Bichito, ni los gritos de mosquitos y hormigas colonizadores de mi Bichito a mi Pequeñín. Yo, que estando en la otra habitación, no he podido pegar ojo hasta que mi Bichito se ha relajado con su padre y se ha dormido, me cuesta mucho entender que él a escasos 20 centímetros no se haya enterado de nada. Pero oye, mucho mejor, porque ya me veía a mi marido a dos manos, jajajajajajaja.

No es la primera vez que mi Bichito tiene una pesadilla con hormigas, con su padre juega muchas veces a hacerse cosquillas de hormigas y mi marido tiene un hormiguero. Vuestros hijos, ¿qué pesadillas tienen?

Hoy tenía que haber llevado a mis hijos de deportistas y como siempre les recojo corriendo, no leo los carteles. Me siento fatal, porque no lo leí y hoy no los he llevado disfrazados, espero que me perdonen algún día. Veremos a ver lo que me dice mi Bichito cuando llegue, menuda bronca me espera!!!

Buen fin de semana a todos y muchos besitos!!!

P.D.: No olvidéis apuntaros al Sorteo de Monsters with love.

domingo, 17 de julio de 2011

Pesadillas

Ya no solo duermo poco sino que ahora me acompañan cada noche mis antiguas pesadillas. Así que me levanto más cansada que de costumbre y mucho más sensible. Me cuesta un poco más empezar el día.

Yo creía que no aparecerían, pensaba que quizá se hubieran esfumado, pero siguen acompañándome cada noche. Por suerte las olvido al despertar, son sólo un simple recuerdo de la mala noche, pero mi ojeras y mis ojos cansados me delatan.

Menos mal que mi Pequeñín no se ha llevado ningún golpe y por suerte sigo sin mover mis extremidades, sin embargo, mis músculos se tensan y me duelen al despertar, como si hubiera estado toda la noche haciendo ejercicio.

Ayer me eché la siesta, estaba muy cansada y nos habíamos acostado tarde. Me levanté con la espalda dolorida, inflamados los músculos del cuello y me dolía un pie, el músculo estaba en tensión y todavía no se había relajado. Me costó mucho hacer el juego del pie y tuve que esperar bastante para recuperarlo por completo. Una ducha caliente me ayudó a relajar todos los músculos de mi cuerpo.

Mientras me duchaba empecé a temblar, siempre que empiezo con pesadillas tengo miedo. ¿Cuánto durarán esta vez? ¿Podré controlarlas? ¿Me superarán? ¿Se irán pronto? Sin embargo, por el que me dio más miedo fue por mi Pequeñín. ¿Y si le doy un golpe? ¿Y si le hago daño? Reconozco que me había despertado mucho antes de levantarme de la cama, pero no podía dormirme a su lado porque tenía miedo de agredirle sin querer. Así que me quedé inmóvil, a su lado, observado su respiración y recé para no hacerle daño jamás. Me ha ocurrido lo mismo esta noche y aunque no le he dado, cuando he despertado de la pesadilla he sentido tanto miedo, que no he podido volver a dormirme por si no controlaba mi cuerpo.

Siento un vacío en el estómago y sé que no es sólo miedo, sino terror. Tengo ganas de llorar y necesito una dosis alta de mimos. Me siento frágil y torpe y sólo espero que pronto desaparezcan para que pueda descansar tranquila las pocas horas que lo consigo. Pero lo que más deseo es no hacerle daño a mi Pequeñín. Él duerme conmigo y cuando le echo en la minicuna no está a gusto y se revuelve, es echarle a mi lado y se duerme plácidamente, yo velo por él mientras descansa y él se encuentra más a gusto a mi lado. Con mi Bichito no coleché por este motivo principalmente y porque no lo necesitaba, sin embargo, mi Pequeñín sí lo necesita y no me gustaría tener que perturbar su sueño por un problema mío.

Así que hoy me siento un poco triste, llorona, depre y me asusta pensar en el momento de irme a la cama, pero es que estoy tan cansada...

martes, 28 de septiembre de 2010

Otra mala noche

Me tumbé en el sofá a esperar a mi marido, eran casi las 22:00. Estaba tan cansada que me quedé dormida. Él llegó enseguida y me llevó a cama para que me acostara. Hablamos un poco, me dio algún que otro mimo y me acosté. Yo me dormí como cada noche, tranquila. Sin embargo, y aunque me había despertado otras tres veces esta noche, cuando lo he hecho a las 4:44 estaba nerviosa, angustiada, y sentía mucho dolor dentro. Había tenido una pesadilla y tenía un angustia horrible. Se me caían las lágrimas, me costaba coger aire, pero esta vez había soñado que mi marido me abandonaba. Me abandonaba en una boda, porque un libro decía que en algún lugar del mundo existía otra mujer para él. Estábamos en esa boda y los dos leíamos un libro. Ese libro decía que se había "conformado" conmigo, pero que existía una mujer mejor para él. Así que desapareció. Estuve buscándole durante una hora, me recorrí cada rincón del lugar, pregunté a todo el mundo, pero no le encontré. De repente apareció por detrás, con la maleta hecha, y me dijo que me dejaba, que se iba en busca de esa mujer para ser feliz. No podía creérmelo, ¿cómo? ¿por qué? ¿y sus hijos? Daba lo mismo, lo decía un libro y él estaba dispuesto a abandonarnos y buscar a la mujer de su vida, porque yo no lo era. Así que me despidió, se sentó en mitad de la explanada y esperó a que yo desapareciera en su visión. Me escondí y le seguí. Jamás le había visto con esa sonrisa de felicidad, ni cuando nos casamos, ni cuando nació su hija. era un expresión muy pura, le brillaba la cara. Entonces me pilló que le perseguía y yo le dije que no podía ser capaz de abandonarnos y él me dijo que sí, con una gran sonrisa en el rostro, con una expresión en su cara porque estaba maravillado. Entonces me desperté.

Tenia una sensación horrible dentro de mi, no podía parar de llorar. Las lágrimas salían solas, me las quitaba de la cara, pero seguían cayendo de mis ojos. Me faltaba el aire y mi marido se despertó. Me quiso abrazar, pero al ver que yo ni me había acercado a hacerlo ni le había despertado, supo que había soñado con él. Así que esperó a que me calmara y volviera a la realidad y me diera cuenta que estaba en casa y que todo había sido un mal sueño. Le pedí que me abrazara aún sintiendo cierto recelo hacia él. Mi bichito se ha despertado con mis quejidos, así que los he ahogado y he llorado por dentro. Ya no he podido dormir, sólo me he quedado con esa angustia. Me he levantado a las 6:00 y me dolía el corazón, no los músculos como otras veces, sino el corazón. Le he dado un beso, aunque me he quedado mirándole un rato, mirando su rostro. Jamás había visto una expresión de tanta felicidad como en mi sueño. Me he obligado a darle un beso, él no ha hecho nada, ha sido mi cabeza, ha sido una pesadilla. He llegado a trabajar y sigo teniendo ese nudo en el pecho. Se me siguen cayendo las lágrimas y me cuesta respirar. Menos mal que a esta hora todavía no hay nadie en el trabajo.

Uff, qué duras son las noches, con lo bonito que es el día. Si esto me hubiera pasado en otra época, me hubiera quedado en la cama llorando, hubiera metido la cabeza bajo la almohada, tapada con las sábanas y me hubiera venido abajo. Hubiera descansado un poco y habría pasado un día horrible, triste y melancólico. No habría hecho nada, porque después de noches así, no te apetece hacer nada. Pero hoy no es otra época, hoy es hoy, así que me he levantado, he venido a trabajar y en vez de no escribir, he escrito y voy a seguir con algo que, aunque no me implica mucho, puede resultar divertido y además me puede distraer un poco.

Hace unos días Laky, del blog Vivencias de una mamá, desde su otro blog Libros que hay que leer me nominó para que hiciera un test, el test del cuatro, con las siguientes pautas:

1º.- Una vez nominada tienes que poner el link del blog que te ha nominado. Es éste:
http://librosquehayqueleer-laky.blogspot.com/

2º.- Nominar a cuatro personas
Y mi nominación es para:
Mamá (contra) corriente de Una mamá (contra) corriente,
LadyA de La Mamá vaca,
Teta Reina de Con la Teta hemos topado, y
Cartafol de Historias de un príncipe y cuatro princesas.
Pero lo puede hacer todo el mundo que quiera.

3º.-Hacer saber a esas personas que las has nominado.
En cuanto termine el test lo hago.

4º.- Hacer El test:
Ahí va

4 cosas que llevo en el bolso
Voy a sacar el bolso y a sacar 4 cosas: La fruta del desayuno, la cartera, las llaves y las pastillas de Natalben Supra.

4 cosas favoritas de mi habitación
Esto es fácil: mi marido, el regalo que me hizo mi hija el día de la madre, mi almohada y/o cojín de lactancia, mi joyero.

4 cosas que me gustan ahora mismo
Uff, cosas, qué pena que no pueda ser mi hija sonriendo, mi hija riendo, mi hija corriendo con los brazos abiertos para abrazarme, mi hija dando un beso, porque eso no son cosas.
Las 4 cosas que me gustan ahora mismo son mi cojín de lactancia, mis zapatos de Hispanitas, mi blog y comer.

4 cosas que siempre he querido hacer:
Tener hijos, formar una familia feliz, ir a Barcelona y que me toque bastante dinero en la lotería para así dejar de trabajar, comprarme un chalet y poder cuidar a mi familia.

4 cosas que no sabías de mí:
Huy de esas hay muchas, ahí van cuatro: soy una buena persona, tierna y muy cariñosa, tengo muy mala leche, digo demasiadas palabrotas y quiero comprarme una casa más grande para tener por lo menos cuatro hijos (pero creo que mi marido por cuatro hijos, no pasa)

Las 4 canciones que no me puedo quitar de la cabeza
Un burrito en Gulubú, Estaba el señor Don Gato, Búsca lo más vital (de El libro de la Selva) y Ahí estás tú (la primera canción y única canción (porque canto realmente mal) que le canté a mi marido y marcó nuestra vida juntos)

Bueno, me ha distraído bastante y he dejado de pensar en esa mala noche, estaba segura que algo así me ayudaría. Ahora voy a avisar a los nominados y voy a leer otros blog, seguro que eso también me relaja. Que tengáis un buen día a tod@s, yo estoy segura que me iré animando.