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jueves, 14 de enero de 2016

Prolapso de Vejiga: Terapia Electromagnética

Han pasado muchos meses desde la última vez que escribí sobre este tema. Me habría gustado seguir haciéndolo, sobre todo porque en los últimos meses la mayoría de las consultas que llegan a mi correo del blog es sobre este tema.

Por si alguien llega directamente a este post y quiere leer más sobre mi experiencia sobre el prolapso de Vejiga, en el blog habilité una pesataña que se llama Suelo Pélvico, dónde podéis leer varias entradas. La última que escribí fue sobre la Terapia Manual, por lo que hoy voy hablaros de la Terapia Electromagnética.

La Terapia Manual me ayudó mucho, no sólo a aprender correctamente los ejercicios, sino que eliminó mis contracturas en toda la zona. Sin embargo, mi tono muscular no era suficiente, seguía teniendo pérdidas y dolor. Así que tocaba reforzar los ejercicios con terapia electromagnética. ¿Y en qué consiste una terapia electromagnética? Consiste en un aparato electrónico para producir diferentes intensidades sobre unos electrodos o sondas vaginales. En mis sesiones, utilicé tanto los electrodos exteriores como diferentes sondas vaginales interiores. Se trabaja de forma distinta si se hace interior o exteriormente, pero ambas refuerzan los múltiples ejercicios para el suelo pélvico.

Este tipo de máquinas reflejan la intensidad, resistencia y coordinación de tu musculatura. En mi caso la potencia era buena, la resistencia regular, pero la coordinación para ajustarme a los ejercicios, no tanta. Hacía diagramas en forma de pico, es decir, con forma de montaña, haciendo contracciones rápidas controladas, contrayendo poco a poco aumentando la intensidad y relajando también despacio; o de rectángulo, haciendo contracciones largas, contrayendo rápidamente, aguantando durante x segundos y relajando rápidamente. Poder visualizar mis ejercicios en un monitor fue muy revelador y me ayudó a controlar mis movimientos, mi fuerza y ver muchos de mis defectos. Lo peor para mí siempre ha sido relajar y la mayor parte del día me encuentro contraída, de ahí que sufra dolor pélvico en numerosas ocasiones y alguna que otra pérdida. Fue una pena que durara tan poco, creo que fueron 10 semanas, 2 sesiones semanales, pero llegar a tener un relativo buen tono muscular.

Pelvix Concept
Cuando mi especialista de suelo pélvico me reconoció de nuevo, yo había mejorado bastante: de un prolapso de vejiga de tipo II, estaba en uno de tipo I. Así que me recomendó seguir haciendo mis ejercicios diarios y me mandó un aparato, parecido a la idea de las bolas chinas pero muy diferente, con una forma anatómica, para que me pusiera en casa y nos volveríamos a ver en 6 meses. Me recomendó que me lo pusiera sin los pesos, 2 veces al día, 10 minutos mientras me movía por mi casa y también cuando hacía mis ejercicios.

Lo intenté, pero no pude, me dolía el simple hecho de ponérmelo. Cierto es que mi suelo pélvico lo aguantaba perfectamente los 10 minutos mientras hacía la cena o deambulaba de un sitio a otro, pero notaba molestia, y al final decidí dejar de ponérmelo.

6 meses después, yo había pasado por una mudanza y en la vorágine de aquellas semanas, me olvidé de mis ejercicios, de ponerme mis bolas terapéuticas y me planté de nuevo en la consulta con el suelo pélvico deteriorado. Eso sí, mis escapes ya nada tenían que ver con los de mi primera consulta, ni tampoco mi aptitud, me intento anticipar a los esfuerzos contrayendo mi suelo pélvico y evitando así los odiosos escapes. Peeeeeeeeeeero si corría detrás de los niños o subía las escaleras, no podía evitarlos y eso seguía minando mi estado anímico, aunque tampoco hacía mucho para evitarlo, a quien vamos a engañar.

Cuando le expliqué al doctor que no había podido ponerme las bolas terapéuticas porque me producían dolor y hacer así gimnasia involuntaria, me examinó y me dijo que tenía el cuello del útero torcido y por eso me molestaba, así que lo descartamos como fisioterapia.

Sí que en dos años había evolucionado mucho, había pasado de cistocele de grado II a grado I, había aprendido técnicas que me ayudaban a fortalecer mi suelo pélvico y ejercicios que me ayudaban en mi día a día, hipopresivos, Kegel. Lo malo, mi falta de constancia. Estoy segura que si hubiera sido más constante habría mejorado muchísimo más. Antes se creía que la musculatura del suelo pélvico una vez que se perdía no se recuperaba, pero en las mujeres jóvenes como yo, los fisioterapeutas han visto que sí se recupera parte de la musculara y que mejora. Pero repito, con constancia.

Recibo muchos correos de mujeres en situación muy parecida a la mía, a las que he ido respondiendo en la medida de mis posibilidades y mi mayor consejo es que busquen un buen especialista y que sigan ciertas pautas que mejorarán su musculatura y, por tanto, su día a día:

  • Anticípate a los esfuerzos. 
  • Hipopresivos tumbada, rodillas flexionadas y brazos flexionados con palmas mirando hacia el techo, como si quisieras empujarlo. Inspira, echa todo el aire y sin nada de aire mete la tripa hacia dentro, como queriendo llegar con el ombligo hacia la espalda, haciendo con la musculatura como si te subieras la cremallera de un pantalón. Aguanta lo máximo posible, coge aire y descansa. Lo suyo sería aguantar unos 20 segundos sin respiración y con la tripa metida. Yo llego a 15. Este ejercicio viene fenomenal para quitar presión abajo y descongestionar toda la zona pélvica. 
  • Ejercicios de Kegel: contracciones rápidas y largas.
  • Sé constante y no lo dejes, hazlo a diario, porque se nota. 
Después de aquella revisión he tenido otra hace poco en la que estuve haciendo mis ejercicios, aunque menos de lo que debería. Pero eso ya os lo contaré en otro post.

Y vosotras, ¿cómo habéis incluido vuestros ejercicios de suelo pélvico en vuestro día a día? ¿Habéis notado mejoría?

viernes, 15 de noviembre de 2013

Suelo Pélvico: Vergüenza

Por fin me llamaron del 12 de octubre, después de que me mandarán fisioterapia manual de suelo pélvico con urgencia hace más de un mes. El doctor de la unidad de suelo pélvico del 12 de octubre fue encantador, me trató estupendamente y me hizo sentir muy a gusto, cosa que hasta el momento no me había ocurrido.

Lo único malo es que me palpó un quiste y me recomendó ir al ginecólogo con urgencia. El gine no lo encuentra pero palpa algo que no debería estar ahí, por lo que me mandó una resonancia que, por suerte, tampoco muestra nada. Me habló de ponerme un diu o darme la píldora de forma empírica o hacerme una laparoscopia para ver qué había ahí, pero como empezaba la rehabilitación esta semana, he preferido no hacer ningún tratamiento y esperar.

Así que la semana pasada cogí a mi Canija en mi mochila emeibaby y nos fuimos las dos a la Sesión Informativa de la Rehabilitación de Suelo Pélvico del 12 de Octubre. Fue bastante triste, me sentí muy avergonzada. Nada más entrar, miraba a mi alrededor y las mujeres que me acompañaban rondaban los 60-70 años. No podía evitar sentir vergüenza, por más que intentaba apartar ese sentimiento de mí, volvía cada vez que levantaba la cabeza. Intenté centrarme en mi Canija, en que durmiera un rato, pero en cuanto miraba a mi alrededor volvía a sentir mucha vergüenza. Si no me doblaban la edad todas las allí presentes, las faltaba poco.

Según pasaron los minutos vinieron más pacientes y si bien las mujeres que llegaban iban acercándose a mi edad, sin lugar a dudas yo era la más joven y aquello fue como un mazazo para mí. Y sí, lo sé, la disfunción de suelo pélvico es mucho más común de lo que la gente piensa y dice, afecta entre un 40 y un 60% de las mujeres, pero allí, sentada en la sala de espera, escuchando e informándome de todo aquello, yo sólo sentía vergüenza. Y con este sentimiento llegué a casa y me desahogué y sentí en mí el peso de todas esas mujeres que me acompañaban en la sala con disfunción de suelo pélvico. Y sé que no tengo que sentir vergüenza pero no podía evitarlo.

Y así se lo expliqué a mi fisioterapeuta el miércoles en nuestra primera sesión. Me animó a no venirme abajo, a entender mi situación y me explicó, con mucho cariño, cómo estaba mi suelo pélvico y por qué me estaba sucediendo aquello. El suelo pélvico es un conjunto de músculos y mi parte izquierda está contracturada, seguramente debido a intentar que Canija no se me saliera en el coche y de ahí el dolor que yo me quejo desde que nació Canija. Mi parte derecha está sin tono moscular, como si me hubieran hecho una episotomía o hubiera tenido un desgarro en alguno de mis partos, cosa de la que, por suerte, carezco. Así que estuvo estirándome los músculos e intentando relajar mi zona izquierda. Me hizo mucho daño, pero he de reconocer que no me ha dolido apenas hasta hoy estos dos días. Me ha mandado ejercicios, ya no sólo los típicos de Kegel de contracciones cortas y seguidas (200 al día) sino también contracciones largas de 5 segundos y 10 de relajación. Eso sí, la posición que hacía hasta ahora no es la correcta. Debo de hacer éstos últimos tumbada, con las piertas flexionadas y los pies juntos con topes en las rodillas, en mi caso utilizo el marco de la puerta. De esta manera los aductores no se encuentran tensos y el trabajo es mucho más profundo y efectivo. De estos, 15 3 veces al día.

Intento hacerlos y estoy deseando ir de nuevo a consulta. La fisioterapeuta es muy agradable, me estuvo intentando ayudar a superar esa vergüenza, calificó como cosa inanimada al bulto que aparece en mi vagina al final del día y reímos juntas. Mi matrona me aconsejó que fuera al 12 de octubre por su profesionalidad y desde luego no se equivocaba.

¿Cómo está vuestro suelo pélvico? ¿Qué sentimientos os origina?