A mi Bichito siempre le han encantado los libros, de cualquier tipo, tamaño, forma y color. Disfruta muchísimo leyéndoselo a sus muñecos, llevándolos a clase y enseñándoselos a su hermano. Los primeros cuentos que tuvo y la que encantaron, fueron cuentos Cu-Cú. Estos cuentos tienen ventanitas que se abren para ver lo que hay detrás y aunque están por casa, a mi Pequeñín nunca le había dado por verlos.
A mi Pequeñín lo que le gusta es romperle los cuentos a su hermana, alguno precioso como el de Besos, Besos o El Pollito Pepe, pero claro, a un bebé que está explorando y que le dejas a mano cualquier libro, sólo puedes esperar que el pollo ese que sobresale lo arranque e intente comérselo.
El otro día se sentó mi marido en el suelo, les leyó un cuento y le enseñó a mi Pequeñín los cuentos Cu-Cú. ¡Ay, madre! Ya no existe otra cosa para él. Entra en casa y a por un cuento, merienda con el cuento en la mano, se pone de puntillas para intentar coger todos los cuentos de la estantería (el otro día se le cayeron encima) y se sienta en el suelo rodeado de ellos.
Pero lo más alucinante es que yo llego con ellos a las 16:00, les doy de merendar y mi marido aparece a las 17:00. Mi Pequeñín siempre le daba un abrazo cuando llegaba, ahora le ve, empieza a dar grititos, agarra el primer cuento que tiene cerca y se acerca hacia a él, emocionado y cuando llega gira, recula y se sienta intentando que mi marido se siente justo detrás de él, para que le lea el cuento. Es súper gracioso. Cuando mi marido se lo lee e intenta irse, el pobre lo pasa fatal y lloriquea para que no se vaya. Cuando mi Bichito está sentada en el hueco que dejan las piernas de mi marido cuando se sienta en el suelo, mi Pequeñín se acerca, recula e intenta o quitarla el sitio o que mi marido abra las piernas, pero él tiene que estar ahí.
Siempre tiene un cuento en la mano y cada poco se lo ofrece a mi marido para que se lo lea y cuando está haciendo algo les dice: “Os leo tres y sigo” y cuando termina el tercero mi Pequeñín se enfada porque quiere más.
Ayer me dijo mi marido que nuestro Pequeñín era adicto a los cuentos y yo le dije y a la teta e hicimos la prueba. Uno en cada parte del salón, le llamábamos y le enseñábamos su trofeo. La ovación al cuento no fue igual que a la teta, para qué mentir, se puso nerviosito y se sentó en el regazo de mi marido. Claro que me puse frente a él, le di un poquito de tetita y debió de pensar: “Primero un chupito y ahora después me lees, papá, ahora después”.
¿A vuestros hijos les gustan tanto los cuentos?
